LA VENDEDORA DE FÓSFOROS

  • de Alejo Moguillansky
  • Estreno

La vendedora de fósforos es el nuevo largometraje del realizador argentino Alejo Moguillansky, cuya filmografía previa incluye títulos como Castro, El escarabajo de oro (en codirección con Fia-Stina Sandlund) y El loro y el cisne, esta última estrenada en la Sala Lugones. La película tuvo su premier mundial en el 19° Bafici, donde obtuvo el premio a Mejor Película en la Competencia Oficial Argentina, seguida por una exitosa presentación en los festivales de Viena, Rio de Janeiro, Jeonju y el FICUMAN de México, entre otros eventos cinematográficos locales e internacionales.

“La vendedora de fósforos constituye un paso más en la historia de las películas elegantes, secretamente emotivas, capaces de albergar una variedad enorme de ideas con la mayor seguridad y discreción posibles del cine argentino reciente. Claro que no hay muchos ejemplares de esa especie, y algunos de ellos le pertenecen con toda justicia a Moguillansky. El director inventa para los personajes un recorrido continuo por la ciudad, postula el desplazamiento casi musical de los actores por el plano como una de las formas eficaces de hacer surgir eso que llamamos cine y reflexiona acerca de la naturaleza esquiva del arte. La vendedora de fósforos despliega capas de sentido con una ligereza pasmosa, pero también con esa felicidad que la evidente maestría del director es incapaz de convertir en rutina” (David Obarrio, del catálogo del 19° Bafici).

“La vendedora de fósforos funciona como un imán que atrae todo lo que pasa cerca: la ópera homónima, los paros de transporte, las películas de Bresson, Érase una vez en el oeste. La historia es una excusa. (…) Así van apareciendo diversos elementos que ocupan por un momento toda la atención, se retraen,  y luego vuelven. Son los materiales con los que trabaja la ópera, pero la película también agrega su parte cinéfila. De ellos los personajes hablan y a veces los juzgan con sorna, desconfiando de la tendencia avant garde de la música que aparece. Helmut, el compositor alemán, hace música concreta pero después declara que su compositor favorito es Ennio Morricone. Ese tipo de tensiones aparece todo el tiempo: pareciera que a cada referencia de la alta cultura tiene que buscársele otra más popular, una especie de contrapeso. Lo mismo sucede con cierta aristocracia (más cultural que económica) en la que viven los personajes. Moguillansky trata de darles un marco real, con algunos carteles de campañas políticas al fondo del plano, o usando el paro general para hacer avanzar el argumento. (…) Los propios materiales que conviven en la película generan tensiones internas que no terminan de resolverse. La película las expone a la vez que las deja en suspenso. Presenta sus costuras, sus contradicciones, sin miedo ni cálculos previos. Por eso es tan frágil, más deseosa de nuestro afecto que de nuestra aprobación”. (Lautaro Garcia Candela, Las Pistas).