EL BRAMIDO DE DÜSSELDORF


EL ESPECTÁCULO

En la línea de autoficción sobre la que el dramaturgo Sergio Blanco incursiona hace algunos años, El bramido de Düsseldorf relata la agonía y muerte del padre de un autor teatral en una clínica de Düsseldorf, ciudad a la cual el dramaturgo viajó para llevar adelante un proyecto que nunca sabremos cuál es con certeza y exactitud. A medida de que la pieza avanza, se entrecruzan en un vertiginoso juego teatral tres posibles hipótesis por las cuales el dramaturgo se encuentra allí: la inauguración de una exposición sobre Peter Kürten –célebre asesino serial alemán de principios del siglo XX, conocido con el apodo de “El vampiro de Düsseldorf”–, para la cual el autor escribió el catálogo; firmar un contrato como guionista de películas pornográficas con una de las productoras cinematográficas más importantes de la industria porno europea; proceder a su conversión al judaísmo por medio de su circuncisión en la famosa sinagoga de Düsseldorf. De esta forma, paralelamente al tema de la muerte del padre –que resulta central–, el texto aborda los límites del arte, la representación de la sexualidad y la búsqueda de Dios.