EL ENFERMO IMAGINARIO

  • Molière / Didym 


EL ESPECTÁCULO

 “Lo que estropea todo es nuestra inquietud, y casi todos los hombres mueren por sus remedios, no por sus enfermedades”. Esta frase de Béralde, el hermano del “enfermo imaginario”, que Michel Didym leyó en una cama de hospital, le provocó una impresión muy fuerte y desató en él una profunda pasión por la máxima comedia-ballet de Molière. En esa obra, la enfermedad es a la vez ficticia y generadora de ficción. Es el centro en torno al cual todo gravita. Argan es una suerte de loco que dedica su fortuna a querer curarse y se vuelve ciego a todo lo que lo rodea. Al temer la muerte, pierde el sentido de la vida. 
En tiempos de Molière, así como en la actualidad, la hipocondría es una disposición mental, un teatro interior, una representación. El pensamiento político de Molière transluce en la articulación de cada una de las escenas. Su visión humanista, su confianza en nuestra inteligencia, desarrollan un agudo sentido crítico en nuestras conciencias y nos brindan las claves para desentrañar toda impostura. 
Frente a Argan se alza Toinette, la sirvienta, una feminista pionera que le hace frente posicionándose como la semejante de los hombres. Al darle a la mujer ese lugar en la sociedad, Molière abría el largo derrotero de los combates por venir. Sus palabras contra el matrimonio forzado son límpidas.
La puesta en escena de Michel Didym rinde homenaje a la actualidad del texto de Molière, denunciando los integrismos de toda índole, y honra un arte que hace del teatro el lugar donde se desenmascaran las trampas del lenguaje, un teatro del cuerpo que propulsa una alegre escatología sobre el escenario. 
En una época en que las ideas están llenas de miasmas, El enfermo imaginario invita a permanecer rectos y despiertos en toda circunstancia. Y a reír mucho, pues no son pocas las veces que tenemos ganas de llorar.