ENTREVISTA CON EL DIRECTOR CHACHO GARABAL

“Debemos rescatar la fuerza de la ternura”

El responsable de la nueva versión de la entrañable pieza de Hugo Midón comparte los motivos de la vigencia de una obra que, a treinta años de su estreno, mantiene intacto su mensaje de la necesidad de una sociedad más fraterna, más tierna y más justa.

Carlos Furman

En la sesión de fotos de Vivitos y coleando, que tiene lugar en el hall de la sala Casacuberta del Teatro San Martín, destaca un colorido despliegue de trapos y objetos que, en lugar de ser descartados y enviados a la basura, se transformaron en el vestuario del espectáculo (diseñado por Akira Badaracco Laino y Debb Roldán) y también en el diseño de arte (creado por Tadeo Jones). Decididamente, se trata de una toma de posición de Chacho Garabal, director de la nueva versión de una de las obras más recordadas del binomio Midón-Gianni. Además de apostar por la sustentabilidad y promover el “Teatro Verde”, Garabal quiere recuperar valores. Como el de las sensaciones de aquel niño que fue, cuando veía desplegarse sobre el escenario la magia de las obras de Midón. Un desafío para este tiempo, cuando esos valores parecen haber quedado relegados frente a necesidades más “urgentes”. 

–¿Por qué volver sobre el teatro de Hugo Midón?
–En mi caso, la experiencia de trabajar el año pasado con Narices significó una aventura que excedía lo teatral. Porque era una obra que no se había vuelto a reponer después de su estreno en un momento histórico muy especial como fue el del retorno a la democracia. Y como el año pasado se cumplieron cuarenta años, creímos fundamental celebrarlo con el mensaje de Midón. Un mensaje que no debemos permitir que se pierda. Hay un intento por rescatar esa mirada de una sociedad más fraterna, más tierna y más justa, que encarna el ideario de Midón y Gianni con mucha vigencia. Fijémonos por ejemplo que Vivitos y coleando nació en los noventa como un programa de televisión, y ya entonces los payasos decían: “suelto el teléfono y soy libre”. Quién iba a pensar que, treinta y cinco años después, esa frase iba a tener una reinterpretación mucho más potente...

–Y quién iba a pensar que tendríamos el teléfono en el bolsillo.
–¡Claro! ¡Lo que genera el mundo virtual en la propia libertad! En este preciso momento tenemos que tener en cuenta canciones que dicen “yo no me arreglo solito, necesito a los demás”. O “esto de pelearnos todo el día por llenar nuestra alcancía, no va más”. Todo es un juego, pero es un juego que tiene que ver con el ser auténtico y confiar en una sociedad más justa, una sociedad posible. Es el desafío que plantea Midón desde la ternura, no desde la crítica o la violencia o la bajada de línea. Él lo hace desde un humor sano, desde una potente ingenuidad. Lo más lindo de Midón es su profundidad en la simpleza. Cuando alguien quiere explicar algo y lo hace de forma rebuscada, hay que desconfiar, porque no es claro. Pero cuando alguien puede exponer algo profundo de una forma sencilla, ahí encontramos la verdadera filosofía de la calle. Creo que Midón tenía algo del estilo de María Elena Walsh, aunque el de ella fuera eminentemente musical. El teatro de Hugo merece ser representado en todos lados, por lo que estamos muy contentos y orgullosos de hacer Vivitos y coleando en un teatro oficial.



–¿Por qué hacer teatro familiar?
–En principio, es el género que más me divierte, porque experimenté mucho eso de no perder nunca el niño interior. En la actualidad, cuando las familias están divididas, con sus integrantes muchas veces encerrados en sus propias habitaciones, inmersos en el teléfono celular, creo que el teatro representa una gran excusa para reunirla. El teatro obliga a compartir, genera la charla sobre lo que se vio, aquello que nos dejó. Ese diálogo es algo que en la familia quizás no suceda. Y debemos recuperarlo porque la forma de crear más cultura es con más diálogo. Tal vez sea un mensaje que le llega más a los adultos que a los chicos. Por eso el teatro familiar es sumamente complejo: el gran desafío es que todos la pasen bien.

–Usted casi siempre trabaja con los mismos artistas. 
–Nosotros conformamos una suerte de compañía teatral a la antigua, casi una familia de teatro conformada por actores y creativos que se vuelven a reunir cuando surgen proyectos como Vivitos y coleando. Considero que el trabajo en equipo es fundamental porque las obras de teatro se construyen con el diálogo entre todos. En el caso de Vivitos y coleando, como con Narices, también nos nutrimos de muchos artistas que trabajaron con Midón, porque me parecía fundamental rescatarlos: Osqui Guzmán, Marina Svartzman, coreógrafa de muchos de sus espectáculos o Lala Mendía, asistente histórica de Hugo que aquí hace la dirección de actores. Y, por supuesto, el maestro Carlos Gianni, que además de escribir la música de esta nueva versión es el director musical. Me parece que el mejor homenaje a Hugo Midón es traer su universo a nuestro tiempo. Por eso remasterizamos las viejas canciones con una producción musical más moderna, pero conservando su estilo, para que los chicos de hoy se sientan convocados. No podemos repetir a Midón porque es irrepetible, así que tratamos de brindar algo de ese universo manteniendo el alma del original. Muchos padres que vieron Vivitos y coleando cuando eran chicos hoy van a traer a sus hijos. Y hasta pienso que incluso algunos abuelos van a venir también. Y esa emoción compartida de generación en generación representa la fuerza de la ternura que debemos rescatar en un tiempo como el que vivimos.

 

Autor: Carlos Diviesti

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