ENTREVISTA CON CHEVI MURADAY, COREÓGRAFO, CREADOR Y DIRECTOR

“La primera forma de comunicación fue el movimiento"

Previo al estreno en el Teatro Regio, Chevi Muraday, creador y director de Juana y uno de los grandes referentes de la danza contemporánea española, resume el proceso de creación de un espactáculo que recoge las palabras de mujeres que dejaron su impronta y sobre las que se construye la mujer actual.

Foto: Gustavo Gavotti

Un muro de hierro. Hierro oxidado como antiguos apocalipsis. Hierro que cede por paños al impulso de algunos pares de manos y que se precipita sobre la espalda de otros cuerpos. Mientras, esos cuerpos desafían la gravedad, aunque se impulsen para estrellarse contra el piso. Y entonces Juana, la actriz y el personaje, mujer atávica y contemporánea, luego de desmenuzar las palabras de su texto a un costado del tapete donde ensayan los bailarines, levita sobre ellos.

El techo a dos aguas de un antiguo galpón ferroviario. Las torcazas se pasean por las planchas de vidrio que se juntan en ángulo para cerrar el techo, planchas que al mismo tiempo permiten que todo el espacio, todo ese amplio espacio, todo ese espacio que de tan alto se vuelve indolente, tenga una luz unánime. Ese galpón del Parque de la Estación es el espacio ideal para los ensayos de Juana, la pieza que conmovió a España y que se estrena en el Teatro Regio con la interpretación de Juana Viale. 

–¿Cómo llega a la idea de Juana, desde el movimiento o desde la historia de las distintas Juanas?
–Pues llego desde la necesidad de llevar voz, a través del cuerpo, a esas mujeres. Esas Juanas que significaron tanto en la historia y que para mí fueron peldaños imprescindibles para la mujer actual, la mujer contemporánea. Y aunque es verdad que a lo largo de los años leí obras o biografías de cada una de las Juanas, hubo un momento en el que quise corporizar la fuerza interna de Juana de Arco, de la Papisa Juana, de Juana la Loca, de Sor Juana Inés de la Cruz, de Juana Azurduy, de Juana Doña, a través del cuerpo. 

–Lo que se ve en el ensayo es una fuerza ancestral en el movimiento de los bailarines. ¿Qué peso tiene la herencia de la tierra en sus trabajos?
–Juana tiene algo muy de tierra... o he intentado que lo tenga, no lo sé. Todo lo ancestral, el arraigo, la tierra, todo eso está muy presente en Juana, ya no sólo en la palabra, sino también en el movimiento. Los hombres son para mí una manada de lobos que protegen o destrozan, mutilan o acompañan, a esa mujer contenedora que, en este caso, es una actriz llamada Juana Viale. Pero es verdad, tiene razón que es muy bestial. 

–El momento del diálogo con la virgen, por un lado parece pagano, aunque por otro tan sacro…
–Eso que nos ha llevado a todo lo eclesiástico, a todo ese mundo de oración, de contemplación de la iconografía católica, nos conduce a los descendimientos del barroco. He estudiado aquellos descendimientos e intentamos representar, con ese en el que Juana levita sobre el muro, tanto la luz como la forma de esos momentos del barroco. Por supuesto que todo eso está latente en la pieza, esa cosa pagana del movimiento.

–¿Todo puede ser bailado?  
–Absolutamente. Y creo además que todos pueden bailar. Otra cosa es que alguien tenga o no formación como bailarín, pero creo que todo el mundo tiene expresividad corporal. Antes que nada, estuvo el movimiento, es lo más ancestral de todo. La primera forma de comunicación fue a través del movimiento. Las palabras vinieron después, la onomatopeya también, por lo cual creo que todo el mundo puede expresar y expresarse a través del cuerpo. A lo largo de todos estos años trabajé con todo tipo de intérpretes, y al final siempre se encuentran puntos en común con cada uno de ellos. Se trata de observar y de escuchar, saber hasta dónde llegan y hasta dónde pueden dar de sí con su fisicalidad. Juana, por ejemplo, es una mujer de una fisicalidad realmente sorprendente. Es muy atlética, muy orgánica. No conocía a Juana Viale ni a todo lo que la rodea, por lo que me enfrento a una intérprete, a una mujer muy honesta, muy valiente, arrojada, incluso hasta en algún momento un pelín kamikaze. Creo que es una mujer de una generosidad absoluta, y estoy convencido de que hace un gran trabajo. Estoy muy sorprendido. Nunca había tenido una experiencia así con las intérpretes con las que he trabajado. Porque en otros casos hemos tenido encuentros de un año antes de empezar a ensayar, y cuando llegamos a los ensayos ya hay una codificación en el cuerpo. Con Juana no fue posible porque teníamos un océano de por medio. Y me encontré con una mujer de una inteligencia emocional muy especial. 

–¿Qué dispara sus coreografías, el concepto o el movimiento? Porque usted también cuenta historias, no solamente elabora coreografías.
–Creo que cada producción es un monstruo. No se pueden comparar nunca una con otra. En estos casi treinta años de Losdedae, nuestra compañía, fueron muchos los monstruos que creamos. Digo “creamos” porque, aunque lidero la compañía, somos muchos los creadores que estamos dentro de la ejecución de esas producciones. No sé si lo que más me mueve es contar historias tan sólo por el hecho de contarlas. Sí canalizar el poder de transformación que tienen la danza y el arte. No me interesa el movimiento por el movimiento mismo, sino cuando se justifica por el suceso interno, por lo que lo subyace. Eso es lo que más me inquieta, me motiva y me mueve a embarrarme en todas estas locuras en las que al final nos sumergimos. 

–¿Y cómo es trasladar a Buenos Aires toda una concepción de trabajo?
–Pues es la primera experiencia. Aunque hice creaciones específicas para compañías en el extranjero, es la primera vez en mi carrera que se exporta una de mis piezas españolas. Juana, con Aitana Sánchez-Gijón en el Teatro Español, fue una obra muy importante, con la que estuvimos muchas semanas en cartelera y con la que pasaron muchas cosas, como estar casi dos años de gira y hasta fuimos pillados por la pandemia. Es la primera vez que me enfrento a esto. Soy muy metódico en el trabajo, o intento serlo. Les doy información poco a poco a los intérpretes. Lo cubro de capas para que las absorba poco a poco, y entienda sobre todo por qué hacemos esto, cuál es su compromiso real al hacer esta obra. ¿Venir aquí y tan sólo ejecutar? ¿O ellos tienen también un compromiso personal respecto a su alrededor, como intentar, a través de esta obra, modificar su entorno? Eso es lo que más me interesa, el poder de modificación a través del arte. Es el objetivo prácticamente de todas mis obras: la capacidad de reflexionar. Entonces trato de que absorban poco a poco, porque es mucha información la que contienen los textos. Hay muchas horas detrás, por lo que todo ese estudio se los doy gota a gota para que asuman la responsabilidad que tienen al decirlos o bailarlos. Cuando veo que un bailarín está quedándose en el virtuosismo, le digo: “no vayas por ahí, que no es la línea del trabajo”. Prefiero menos virtuosismo pero más conexión con el yo interior. Y a partir de ahí, empezar a profundizar.

–En 1997 fundó Losdedae y desde entonces produce sus espectáculos a través de ella. ¿Cómo se sostiene una compañía de danza durante tanto tiempo? ¿Nota que algo se modificó en el panorama de la danza española a partir de su impronta?
–No lo sé. No puedo decir eso. Si alguien tiene que hablar es el público. Sí es verdad que la nuestra es una compañía muy prolífica, que tenemos grandes giras por España y que hacemos temporadas en Madrid de cuatro o cinco semanas. Nuestro trabajo tiene algo distinto, que es la palabra. De alguna forma, la palabra estuvo involucrada en los espectáculos, lo que me abrió muchas puertas. No sólo a mí, sino a la danza. Llegamos a espacios donde la danza no tenía lugar, y esos espacios luego se abrieron para otras compañías. De eso sí puedo decir que me siento orgulloso. Y es un placer el poder servir de plataforma para compañías jóvenes. Todavía queda mucho, muchísimo, por trabajar. Hay enormes creadores, excelentes bailarines. Y hay un trabajo muy importante por parte de instituciones gubernamentales y no gubernamentales de acoger y apoyar a todos estos artistas. Se perdieron cosas que no debieron perderse, y es muy difícil recuperar todo eso que se hizo hace años. Siempre decimos que la danza es la hermana pobre de las artes escénicas. Al ser la más efímera de todas, de una fragilidad absoluta, debería estar mucho más apoyada. No se trata de que quiten apoyo a otras artes para dársele a la danza. Pero la danza, según se ejecuta, desaparece. 

–En YouTube hay un fragmento de Black Apple, una versión de cierto momento de La peste de Albert Camus. ¿Esto se le dispara solamente por la lectura o...?
–Si hay alguien que es líder de los humanistas, ése es Camus. Lo leí mucho. Leo mucho en general, me gusta. Y creo estos espectáculos a través de los libros y las palabras. El señor y la señora Castel son dos personajes de La peste de los que habla Camus, aunque no los desarrolla. Y me pareció una historia muy bonita para contar: cómo esos dos personajes son separados cuando la ciudad de Orange es sitiada, y ella se queda afuera y él adentro. Qué les pasa a esos dos personajes. Me parece una historia de amor preciosa, que desarrollé a través del humanismo y de las palabras de Camus. Mis piezas pueden ser existenciales, pueden ser conceptuales, pero siempre me agarro de esos lugares donde por algún lado pertenece el ser humano. Por ejemplo, me tocó realizar un espectáculo con Miss Beige, una performer que me gusta, me hace mucha risa su ironía. Ella trabaja con la inmediatez y mis trabajos llevan fácil tres años hasta que los consigo levantar y llevar al escenario. Las músicas son originales, los textos también, me junto mucho con los dramaturgos. Bueno, es un proceso muy lento. Y con Miss Beige tuve que entenderme con una artista que trabaja con el impulso más primario. Fue muy divertido. Tuvimos un encuentro sin ninguna pretensión de hacer un espectáculo, y tan sólo realizamos un video para redes, para ver qué pasaba. Pero ese video tuvo mucha repercusión y nos empezaron a llamar de los teatros para comprar un espectáculo que en realidad no existía. En esta inmediatez que vivimos socialmente todos, me vi inmerso en un espectáculo que se montó en apenas tres semanas. Y lo más bonito fue encontrar personas que no tienen nada en común y descubrir qué era lo que las unía, algo que tenemos que aprender en nuestro día a día. 

 

Autor: Carlos Diviesti

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