ORIA PUPPO Y UNA EXPERIENCIA PERFORMÁTICA PARA REFLEXIONAR SOBRE LA DIVERSIDAD

“ManifestuM”: Una maquinaria de textos para repensar el cuerpo y la diferencia

En esta entrevista, Oria Puppo describe el proceso creativo detrás de ManifestuM, una “conferencia performática” que entrelaza testimonios, teoría y tecnología para reflexionar sobre la diversidad y la identidad. Protagonizada por Marilú Marini y Franco Torchia, el espectáculo se sitúa en un futuro imaginario para resignificar, a través de una potente maquinaria de textos, las tensiones y libertades del presente.

Fotos: Carlos Furman

“Una conferencia performática para dar voz a testimonios y experiencias en primera persona que invitan a pensar el cuerpo y la diferencia”. Así define su propósito ManifestuM, experiencia escénica ideada por Oria Puppo “en complicidad” con Marilú Marini que utiliza el formato testimonial para abordar la diversidad y el género mediante relatos auténticos de diversos autores. 

Protagonizada por Marini y Franco Torchia, la obra integra pantallas LED como “personajes” visuales y busca promover la aceptación de las diferencias sin imponer un mensaje cerrado. 

 

Lecturas parisinas y complicidad cotidiana

El germen de ManifestuM se remonta a unos meses antes de la pandemia. Durante ese tiempo, la creadora del proyecto comenzó a leer diversas columnas en diarios de Francia —donde pasa buena parte del año— sobre nuevas líneas de pensamiento en relación con las diferencias, los cuerpos y el género. Ese interés inicial se profundizó cuando llegó el confinamiento: “Quedé encerrada con una biblioteca de treinta y pico de libros, muchos de autores actuales, sobre todo franceses, con esta tendencia a repensar las diferencias, los cuerpos y el género”, explica Oria. “Y por mi cercanía cotidiana, casi familiar, con Marilú Marini, comenzamos a intercambiar artículos y materiales sobre el tema. A muchos, el encierro nos dio el tiempo para pensar en asuntos a los que, por lo general, no les dedicamos mucho en nuestra cotidianeidad”.

Ese interés inicial en el tema de las diferencias se profundizó mediante el intercambio de lecturas con la actriz y derivó en la idea de crear una obra que inicialmente imaginaron con un formato radiofónico o de podcast. Aunque el carácter eminentemente visual de Oria Puppo como artista hizo que el proyecto derivara hacia una propuesta performática en la que, sin embargo, la protagonista principal es la palabra.

Aunque para entonces la artista ya había reunido una gran cantidad de materiales, el proyecto todavía no había adoptado una forma determinada. Decidió entonces convocar al periodista y escritor Franco Torchia como asesor y curador por ser un “experto absoluto en el tema de la diversidad sexual, tanto en Argentina como a nivel internacional”. Pero quedaban varios interrogantes: ¿qué formato iba a tener? ¿qué línea tomar como punto de partida? ¿cuáles de los materiales reunidos elegir y de qué forma exponerlos?

 

 

Más allá del teatro: una conferencia performática

La realizadora se decidió entonces por el formato testimonial bajo la premisa, política y artística, de que el testimonio es irrebatible: “Sobre un testimonio nadie puede decirte nada. Es algo que te pasó, o algo que te pasa, que viviste o que vivís; con lo cual se puede estar en desacuerdo, pero tiene la fuerza de lo que realmente sucedió”.

ManifestuM se basa en la idea de una “conferencia performática”, un término elegido deliberadamente para advertir al público que no asistiría a un espectáculo teatral convencional. En cuanto al nombre, ManifestuM responde a la naturaleza de la obra como una “maquinaria de textos” o un “concierto de textualidades” donde conviven registros de manifiestos, testimonios y teorías sobre la diferencia.

Un elemento central del espacio escénico es el uso de dispositivos tecnológicos que Puppo integra como actores: pequeñas pantallas LED que emulan las de “InfoTrans”, la estética informativa que aparece en los subtes o quioscos 24 horas. Para la directora, estas pantallas “son personajes con una línea dramatúrgica tan fuerte como la de los intérpretes”. Además, decidió que los textos más ríspidos o duros no fueran dichos por los actores, sino proyectados visualmente para ser leídos, permitiendo que el espectador decida dónde depositar su mirada.

 

 

 

Concierto de textualidades en la diversidad

Originalmente, Franco Torchia fue convocado exclusivamente como asesor curatorial, pero Puppo decidió subirlo al escenario. “Incluí a Franco como intérprete principalmente porque, durante el proceso de creación, sentí que Marilú no podía estar sola en escena frente a las pantallas que funcionan como dispositivos tecnológicos y personajes visuales. Fue una verdadera sorpresa que aceptara, pero resultó genial, ya que sin él la estructura del espectáculo hubiera sido mucho más compleja de resolver visualmente. Por otra parte, los intérpretes no representan personajes, sino que se presentan como tales: Franco es Franco Torchia y Marilú es Marilú Marini”.

Oria Puppo y Franco Torchia realizaron entonces una curaduría de materiales locales e internacionales, encargando algunos textos específicos y seleccionando otros que ya tenían una potente carga testimonial. Una particularidad de esta selección es la diversidad y heterogeneidad de los registros, que varían desde lo académico y lo teórico hasta otros con un humor propio del stand-up o la crudeza del testimonio en primera persona.

Tras un prólogo de Daniel Link que sitúa la acción en el año 2300 “y algo”, aparece el primer manifiesto de Alejandro Tantanian, definido por Oria como el “manifiesto de ManifestuM”, ya que reflexiona sobre la diferencia, el teatro actual y la necesidad de que la escena “arda” en lugar de ser meramente cómoda.

Luego se suceden testimonios de Cande Schamun, Esther Díaz y María Belén Correa; el mencionado stand-up a cargo de Javier Sáez; un nuevo manifiesto de Marlene Wayar; “un rezo” de Liliana Viola; y testimonios de Andrea Cukier, gaita nihil y María Lugones, para finalizar con un testimonio personal de la propia Marilú Marini.

 

"Hay una línea dramatúrgica en lo que leen Marilú y Franco, y otra en el video, que es tan fuerte como las de ellos”, aclara Oria. “Para mí las pantallas son un personaje más, porque la palabra es lo que está siempre por delante. Desde un aspecto visual, elegí poner ciertos textos, los más ríspidos, un poco más duros, en los videos. Están ahí, no se dicen, pero se leen. Uno puede leerlos o no, porque depende de dónde fijás la mirada. Porque hay momentos en los que hay muchas cosas para oír y mirar, aquí y allá. Entonces, la intención no es marear, sino posibilitar que el espectador decida cómo dialoga con lo que escucha, lee o ve”.

 

Actualizando el sistema operativo emocional

ManifestuM está situada en el futuro, específicamente en el "año dos mil trescientos y algo", como una necesidad dramatúrgica para establecer un hilo conductor que permita al presente orbitar sobre una hipótesis ficcional.

Eugenia Pérez Tomas, encargada de la dramaturgia, aclara que ese marco futurista funciona como un distanciamiento atemporal necesario para la lectura de los testimonios. Permite que el presente dialogue con los “fantasmas que habitan el teatro” y que traen voces tanto del futuro como de otros pasados, creando una superposición de capas y tensiones. En el futuro planteado por la obra, la percepción de la identidad y “lo raro” han cambiado radicalmente.

La obra se presenta bajo la ficción de una sesión de la MOF (Manifiesto de la Órbita Futuro) y los intérpretes actúan como miembros de esta organización o “logia” a la que el teatro les ha prestado el espacio por un tiempo limitado para compartir testimonios.

Así, el texto utiliza metáforas tecnológicas para describir estados humanos, como el “microprocesador de melancolía rioplatense” o la actualización de un “sistema operativo emocional”, lo que ayuda a resignificar los relatos urgentes de los testimonios actuales desde una óptica distinta.

Sin embargo, Oria Puppo aclara que, aunque se juega con esta teoría del futuro y la logia, la conferencia es una performance para el hoy, que utiliza el futuro como un recurso lúdico que invita al público a reflexionar sobre la diversidad y la libertad en el presente. “ManifestuM es un proyecto fuertemente político que busca generar apertura y aceptación hacia la diversidad sin ofrecer un mensaje masticado o un análisis cerrado. La intención es presentar testimonios auténticos sin juzgar, permitiendo que cada espectador absorba la experiencia de manera personal”.

 

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