YASMINA REZA Y ALFREDO ARIAS SOBRE “JAMES BROWN USABA RULEROS"

“Quise liberar a los personajes de la cárcel ideológica”

A propósito del regreso al Teatro Sarmiento de la divertida y terrible comedia de Yasmina Reza con dirección de Alfredo Arias, publicamos una charla que ambos mantuvieron el año pasado en la sala Casacuberta, en ocasión de su participación en el FIBA (Festival Internacional de Buenos Aires). Aunque refractaria y hasta alérgica a ser entrevistada, en este encuentro la aclamada dramaturga francesa dejó suculentas reflexiones sobre una obra que trasciende la esperable reflexión sobre la cuestión de género para abordar preguntas tales como quiénes somos y quiénes quisiéramos ser.

Santiago Oroz

Pascaline y Lionel Hutner están desesperados: su hijo Jacob es Céline Dion. Hace tiempo que dejó atrás su fanatismo por la diva y ahora no sólo se viste como ella, sino que empezó a hablar con acento francocanadiense. Para peor, es probable que en cualquier momento se ponga a cantar sus canciones e insiste a sus padres, a quiénes se dirige por sus nombres de pila, que la llamen Céline. 

Con la esperanza de que la terapia pueda curarlo, sus angustiados padres lo internan en una clínica psiquiátrica. Sin embargo, la muy poco ortodoxa –y tal vez un tanto chiflada– terapeuta que lo atiende no sólo consiente la imagen que Jacob tiene de sí mismo, sino que alienta a sus padres a que acepten la identidad que eligió. 

Entre la desesperación y la culpabilidad, Pascaline y Lionel luchan por ser tolerantes porque, ¿acaso ellos, los normales, no interpretan también sus papeles? ¿Jacob-Céline está loco? ¿O eso que llaman locura no es acaso una forma de belleza que el mundo no comprende? 

En el parque de la clínica, un espacio fuera de la realidad, tiene lugar esta sofisticada comedia de Yasmina Reza que declina tentarse por esa obsesión muy de nuestra época con la autopercepción y la corrección política, para atreverse a preguntas más perdurables y profundas: ¿qué es verdaderamente lo que nos define?, ¿hay mayor alegría que jugar a ser otro? 

“Yasmina me propuso escenificar su texto y resultó una invitación irresistible”, dice Alfredo Arias, responsable de la versión porteña de esta obra que mezcla melancolía y humor con el estilo único de su autora, y que ya conoció exitosas puestas en París, Munich y Nueva York, entre otras ciudades teatrales del mundo. “La pieza avanza con toques sutiles y casi impresionistas en la desesperación de unos padres por recuperar a su hijo”, aclara el director. “A veces los caminos avanzan en una sola dirección y sin vuelta atrás”.

Arias, uno de los creadores argentinos con mayor repercusión en Francia, recuerda que vio Conversaciones después de un entierro, el exitoso debut teatral de la autora en 1987 en el Théâtre Paris-Villette y, en algún momento, “Yasmina escribió un texto para Amar a su madre, un espectáculo que hicimos con Marilú Marini en París. Después seguimos cada uno nuestros respectivos caminos compartiendo la escena parisina y tuvo que ser Buenos Aires la que hiciera que volviéramos a reunirnos”. 

“Desde su versión de la Eva Perón de Copi, que verdaderamente me impresionó, como creo que a casi todo el mundo, vi prácticamente todo lo que hizo Alfredo en París”, devuelve gentilezas Yasmina Reza sobre el escenario de la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, donde se realiza la charla con la autora, quien llegó a Buenos Aires especialmente invitada por las autoridades del FIBA para el estreno de su obra. 

Famosa por su resistencia a las entrevistas (“para mí, siempre es un suplicio y una catástrofe”), durante casi toda la velada la dramaturga hará esfuerzos por mostrarse generosa en sus respuestas, aunque no pueda evitar la incomodidad. “Es difícil para mí hablar de mi propio trabajo sin contaminarlo. No puedo interpretar lo que escribo, como siempre me piden que haga en las entrevistas. Siempre digo que abro puertas, planteo preguntas, presento diferentes puntos de vista. Y nunca escribo para imponer el mío”.

Conversaciones después de un entierro fue la primera de una serie de piezas de Yasmina Reza que, tras la apariencia inofensiva de la comedia burguesa, buscan profundizar en asuntos más trascendentes que hacen a nuestro siempre contradictorio comportamiento. Ya sea comprando cuadros abstractos por el estatus social que estos confieren –como en Art, que la convirtió en la dramaturga contemporánea más representada en el mundo– o tratando de resolver un conflicto escolar que derivará en un nada esperable estallido de violencia –como en Un dios salvaje, llevada al cine por Roman Polanski con Kate Winslet y Jodie Foster como protagonistas femeninas– para Reza lo que llamamos civilización es tan sólo un pretexto que desaparece ante el más mínimo conflicto. 

Esas mismas obsesiones reaparecen en su novela Felices los felices (Anagrama, 2014), en la que descubre las alegrías y miserias cotidianas de un conjunto de seres atrapados entre la dificultad de vivir, el hastío de amar y el pánico a morir. Entre ellos, Pascaline y Lionel Hutner, cuya apacible vida matrimonial se ve interrumpida cuando descubren que el fanatismo de su hijo por Céline Dion se ha vuelto patológico.

Como otras de sus obras, James Brown usaba ruleros aborda el tema de las relaciones familiares y sus tensiones con mucho sentido del humor. Sin embargo, en este caso, la autora lleva el conflicto a un plano mucho más poético, priorizando el sentido de juego y felicidad que produce el tema de la búsqueda de la propia identidad. Y dramatiza los profundos problemas de comprensión que dominan cada vez más las relaciones entre generaciones.

“Es verdad que, en el corpus de mi obra para el teatro, ésta resulta una pieza distinta a las demás. La estructura en sí misma es diferente, tal vez más desordenada. Alfredo me dijo que es una obra impresionista y yo estoy de acuerdo”, admite la dramaturga. 

“Tal vez la tonalidad sea diferente”, completa Arias. “Fundamentalmente con los personajes de los padres de Jacob, Yasmina describe con bastante precisión y lucidez el pensamiento de la pequeña burguesía. Eso es muy francés, porque sé cuánto les cuesta expresar sus sentimientos. Después están todas esas aperturas que Yasmina hizo sobre la identificación de estos personajes con otros seres”. 

En relación con la estructura dramática, James Brown… ofrece bien definidos los tres vértices de un triángulo: el primero integrado por los padres, personajes movidos por reglas más clásicas del drama: les duele que su hijo se identifique con Céline Dion y ése es su conflicto. Por otra parte, está el personaje de Jacob-Céline, quien sigue otras reglas, más relacionadas con lo lúdico, una posición mucho más delirante. Son dos lógicas dramáticas bien diferentes. Y finalmente está la psiquiatra, un personaje ambiguo, bastante diabólico y, al mismo tiempo, divertido, sobre quién no terminamos de conocer con certeza su objetivo: ¿quiere curar a Jacob? No lo parece. ¿Busca calmar a sus padres? Puede ser. ¿Sólo se divierte con la situación de sus pacientes? Lo más seguro. 

“La psiquiatra está a entre los dos mundos, pero nadie sabe por quién o por cuál se inclina”, dice Yasmina, divertida. 

“Yo desconfío totalmente de ella y hasta qué punto trata con seriedad el problema de su paciente”, completa Arias. “Lo que pasa es que, a estas alturas, a la psiquiatría mejor tomarla con poca seriedad”. (risas) 

YASMINA REZA: Concuerdo totalmente. (risas) 
ALFREDO ARIAS: Muy a menudo, los psicoanalistas no saben para dónde agarrar. Y suelen cambiar totalmente de opinión o perspectiva sobre un paciente según con quién estén hablando y en qué lugar. 
YASMINA REZA: Los psicoanalistas siempre me incomodan. Me da la sensación de que me escrutan, que me analizan. Y la mayoría tienen como un esquema prefabricado para el análisis que suelen aplicar indistintamente a personas que no conocen. 
ALFREDO ARIAS: Tengo la impresión de que el lenguaje psicoanalítico ya no se corresponde con ninguna realidad y quedó muy anclado en el siglo XIX. De hecho, es probablemente la casusa por la cual se encuentra en retirada en relación con otras formas de abordaje de la salud mental. 

“No hay dudas de que todos los creadores somos bastante porosos a lo que sucede, al espíritu de nuestro tiempo, muchas veces sin pensarlo”, afirma Reza. “Sin tener necesariamente algo que decir. Y eso se nota en lo que escribimos. Chéjov, con quien no me comparo en absoluto, para mí es un genio, no quería ser el portavoz de su época. Y es el testigo más genial del tiempo previo a la Revolución Rusa. Hoy, cuando el mundo se puso muy atento a las cuestiones de género, que no son otra cosa que la eterna búsqueda por descubrir quiénes somos, entendí que había un tema verdadero que podía ampliar, indagar en esa cuestión, y que iba a dar lugar a una obra de teatro”. 

Y concluye: “Pero lo que busqué es sacar el tema de la cuestión de genero del debate político, que lo condiciona, para hacernos preguntas: cómo vivir, cómo ser feliz, qué podemos hacer los padres por nuestros hijos, cómo los hijos podemos relacionarnos mejor con los padres. Lejos de provocar algún rechazo, en todos los lugares donde se presentó la obra se acercaron espectadores para agradecerme por humanizar de alguna manera estos temas que, sin dudas, provocan mucho dolor. Y si algo me hace sentir bien es la sensación de haber liberado a estos personajes de la cárcel ideológica que imponen estos tiempos”. 

 

Autor: Pablo Lettieri

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