LAURA FALCOFF Y SU OBRA PARA “GENTE CHICA”

“Seres que bailan”: El arte de narrar con el cuerpo y el humor para todas las edades.

Inspirada en el legado de Hugo Midón y los grandes clásicos del cine mudo como Chaplin, Laura Falcoff presenta una pieza que prescinde de las palabras para narrar a través del cuerpo. Un recorrido por la comicidad y la técnica en el Complejo Teatral de Buenos Aires.

Por Laura Falcoff

 

Para hablar de Seres que bailan tengo que remontarme al origen de una obra anterior, que tenía como título Mundodanza y que creé gracias al pedido de las directoras de un festival.
Una ex alumna mía y su socia, que venían organizando un encuentro de artes escénicas llamado Festival para gente chica, querían incluir una obra de danza contemporánea, un género que hasta entonces no había formado parte de sus ya varias ediciones. Me lo propusieron en 2014 y al principio, por varios motivos, dudé un poco en aceptar la invitación. Finalmente, allí fui. 
Mi experiencia coreográfica en espectáculos para “gente chica” venía exclusivamente de mis colaboraciones con distintas obras de Hugo Midón, en cuya escuela también di clases durante muchos años. Sin embargo, hasta Mundodanza, nunca había pensado en hacerlo de manera autónoma.
Pero Hugo, sin dudas, fue una gran influencia para mí en la aventura de crear Mundodanza. No directamente en el sentido coreográfico sino más indirecta, pero no menos decisivamente, en a qué tipo de público iba a dirigirme. Las obras de Hugo no eran “infantiles” en el sentido convencional del término. Todas podían ser disfrutadas por un espectador de cualquier edad y descartaban absolutamente la mezcla de momentos pretendidamente inocentes con guiños a los adultos. 
Buscando aún más atrás, pensé en las películas de Chaplin o en “Cantando bajo la lluvia”, entre otros muchos ejemplos posibles: no existe ninguna edad recomendable para ver estas joyas.
Bien, Mundodanza -que se presentó, entre otros muchos espacios, en el Teatro Sarmiento del CTBA durante dos temporadas- terminó por ser una obra para todo público. Ocurrió para mi gran alivio, tengo que decirlo, porque aunque sabía qué me estaba proponiendo hacer, no estaba muy segura de poder llegar al resultado anhelado. 
Seres que bailan tiene la misma estructura y los mismos propósitos de Mundodanza. Es una obra nueva, aunque conservé, transformadas, algunas de las escenas anteriores. Busqué, con los aportes fundamentales de Gabriel Pérsico, otros universos musicales; exploré aún más la comicidad y el humor, recursos que la danza no utiliza con frecuencia pero que puede expresarlos maravillosamente sin necesidad de apelar a la palabra. Basta recordar cómo el humor está presente en algunas creaciones de Oscar Araiz, un humor manifestado puramente a través de la danza.
Como ven, tengo modelos muy elevados. 
En cuanto al hecho de volver al Complejo Teatral de Buenos Aires con una obra nueva me provoca un sentimiento de mucha felicidad: contar con todo el gran soporte técnico y artístico de una institución como el CTBA ya es una especie de sueño; contar con los diez jóvenes y extraordinarios bailarines formados en su Taller de Danza, que vengo viendo desde hace tiempo, es otro sueño. Pero, además, estar con Seres que bailan en el mismísimo Teatro San Martín, un lugar ligado a toda mi vida como espectadora, ¿cómo decirlo?, es tocar el cielo con las manos.  

 

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