“Somos exploradores de la inagotable ridiculez humana”
Tras quince años de ausencia de los escenarios porteños, la celebrada compañía madrileña se presenta en el San Martín con un espectáculo que condensa escenas de sus primeras obras. Días antes de su presentación en la Sala Casacuberta, ofrecen en esta entrevista algunas de las constantes del lenguaje “ronlalero”, que la convirtieron en una de las compañías más longevas y exitosas del teatro ibérico.
Fotos David Ruiz
Nacida en Madrid en 1994, Ron Lalá es una compañía de teatro y humor con música en vivo. Su propuesta, una combinación de música y textos originales con un lenguaje escénico propio, está al servicio de un humor crítico y “cítrico”. Un trabajo de creación colectiva que da lugar a un estilo inconfundible.
Dirigida por el argentino Yayo Cáceres, con dramaturgia del poeta Álvaro Tato, y un grupo de compositores, actores e intérpretes que integran Juan Cañas, Miguel Magdalena, Diego Morales, Luis Retana y Daniel Rovalher, Ron Lalá es en la actualidad una de las compañías en activo más longevas, premiadas y reconocidas de España.
Teatro, humor, música en vivo, poesía, juego con las palabras, ingenio, ironía y crítica. Tales los rasgos distintivos de Ron Lalá. En escena, cinco actores, unos cuantos instrumentos musicales, ritmo incesante y mucha imaginación para recrear todo tipo de escenas y situaciones.
En esta visita a la Argentina tras largos años de ausencia, presentarán 4X4. Un viaje a las 4 primeras obras, en el cual proponen un recorrido por las escenas esenciales de los espectáculos que definieron su inimitable estilo y la consolidaron como una de las compañías más aclamadas por la crítica y el público: Mi misterio del interior, Mundo y final, Time al tiempo y Siglo de Oro, siglo de ahora.
―Es ampliamente reconocida y celebrada la impronta de los clásicos de la literatura española en el repertorio de Ron Lalá. ¿Cómo conjugan esa poética con la contemporaneidad que se verifica en sus espectáculos?
―Para nosotros, la poesía es la música de las palabras. Trabajamos el lenguaje con el ritmo, la forma y el sentido de la poesía, tanto en los textos hablados como en las letras de las canciones. A menudo empleamos la métrica clásica del Siglo de Oro en nuestras escenas porque supone un lenguaje sintético, activo y simbólico. Procuramos tratar temas atemporales a través del humor poético: en las escenas que conforman 4x4, por ejemplo, hablamos de la identidad, de la vanidad, de la obsesión con el yo, de la codicia, del fin del mundo, del paso del tiempo, de la censura y autocensura, del amor, de los celos, de la cultura clásica… siempre a través de la comedia y del empleo poético de la palabra en escena.

―La música en vivo es también una seña de identidad del grupo en todos sus espectáculos.
―La música es un ingrediente esencial en el lenguaje ronlalero. Desde los inicios, todos los espectáculos tienen la música como hilo conductor, siempre interpretada en directo por los cinco actores-músicos, bajo la dirección musical de Miguel Magdalena. Nos encanta jugar con diferentes estilos, desde el flamenco al pop-rock, desde la rumba al chamamé, desde el musical al tango. La música española y americana son nuestra principal inspiración. Todas las canciones son originales, compuestas por Yayo Cáceres, Juan Cañas, Miguel Magdalena y Daniel Rovalher, con letras de Álvaro Tato. En 4x4 empleamos guitarras, cajón flamenco, percusión, teclado y voces para construir nuestro universo musical.
“Hablamos de la identidad, de la vanidad, de la obsesión con el yo, de la codicia, del fin del mundo, del paso del tiempo, de la censura y autocensura, del amor, de los celos, de la cultura clásica… siempre a través de la comedia y del empleo poético de la palabra en escena”.
―¿Cómo es el proceso de construcción de los espectáculos de Ron Lalá? ¿Está más o menos normalizado o cada nuevo proyecto requiere diferentes estrategias?
―Como se puede ver en 4x4, que reúne las mejores escenas de nuestros cuatro primeros espectáculos, Ron Lalá se define por la variedad de sus propuestas, aunadas bajo un lenguaje común. Cada proyecto tiene un acercamiento distinto, pero los responsables de cada área son siempre los mismos: Álvaro Tato se dedica a la dramaturgia, al texto de las escenas y la letra de las canciones; la música está compuesta por Yayo Cáceres, Juan Cañas, Miguel Magdalena y Daniel Rovalher; y, por supuesto, el director de escena Yayo Cáceres da forma en el local de ensayos a cada uno de los espectáculos, con un elenco estable formado por Juan Cañas, Miguel Magdalena, Diego Morales, Daniel Rovalher y Luis Retana, nuestra reciente joven incorporación a la compañía, recién egresado de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. A lo largo de tres décadas hemos presentado varios espectáculos de estilo contemporáneo, otros tantos ambientados en el Siglo de Oro, incluidas versiones cervantinas y homenajes a los cómicos áureos, e incluso una zarzuela de ciencia ficción, un Don Juan multitudinario, un monólogo sobre el mito de Celestina o un musical infantil. Siempre intentamos correr riesgos, asumir nuevas premisas, lanzarnos a nuevas aventuras. Como es lógico, cada uno de los proyectos requiere un acercamiento distinto, pero las herramientas de nuestra labor son similares.

―¿Cómo encara la compañía el trabajo con la iluminación y el vestuario?
―Desde hace veinte años trabajamos con dos de los profesionales más reconocidos en España en el ámbito del diseño de iluminación y diseño de vestuario teatral: Miguel Ángel Camacho y Tatiana de Sarabia. Ambos han recibido los galardones más importantes de sus disciplinas en España, como el Premio Max o el Premio Ceres. Su complicidad con nuestra forma de encarar el proceso creativo es absoluta; para nosotros, tanto la iluminación como el vestuario forman parte de la dramaturgia, se integran de forma esencial en la puesta en escena, y se han convertido en parte del lenguaje ronlalero, siempre en busca de la poesía escénica, el humor, el símbolo y el ritmo desenfrenado.
“Siempre intentamos correr riesgos, asumir nuevas premisas, lanzarnos a nuevas aventuras. Como es lógico, cada uno de los proyectos requiere un acercamiento distinto, pero las herramientas de nuestra labor son similares”.
―¿Detrás de ese humor blanco tan original que ensaya Ron Lalá suele asomar una crítica nada sutil para denunciar los males sociales? ¿Es algo buscado por la compañía o surge naturalmente?
―No creemos en los colores del humor. Y consideramos que una sociedad que no es capaz de reírse de todo, incluso de sí misma, está enferma. Por eso entendemos que la comedia es necesaria y urgente en estos tiempos que corren, marcados por los límites, los escándalos, las mordazas y las censuras. Algunos de nuestros espectáculos tienen un humor más directo, otros más elaborado, pero siempre intentamos dotar de fondo y contenido a la risa, y es inevitable que las grandes cuestiones del presente se cuelen en las escenas y los personajes de nuestras comedias. Para nosotros, parafraseando al inmenso y genial Molière, la comedia es un espejo de las costumbres, de los vicios, de los recovecos del ser humano. Y bajo la aparente liviandad (que no ligereza) de nuestro formato, intentamos explorar los grandes temas que nos inquietan y que se repiten en el teatro de todos los tiempos. En definitiva, somos exploradores de la inagotable ridiculez humana.
―¿Cuáles son los referentes –históricos y actuales– de Ron Lalá –si es que los hay– que más ha influenciado al grupo por el tipo de humor que ustedes desarrollan?
―Nuestros referentes son numerosísimos, porque tratamos de estudiar a fondo la comedia de todas las épocas para inspirarnos en nuestros espectáculos. De entre los clásicos, sin duda, los comediógrafos y autores grecolatinos (Aristófanes, Plauto, Terencio), los del Siglo de Oro español (Lope, Calderón, Tirso, Cervantes, Quevedo y los géneros breves del teatro barroco) y europeo (Shakespeare, Molière). De los contemporáneos, todo el humor español, europeo y americano que trata de profundizar en la risa como camino artístico desde múltiples perspectivas: Chaplin, Monty Python, Woody Allen, Miguel Mihura, Rafael Azcona, Luis García Berlanga, Els Joglars… Y una mención especial al gran humor argentino de Quino, Fontanarrosa o Les Luthiers, entre otros grandes nombres que amamos y admiramos.
―¿Cómo surgió la idea de hacer esta especie de regreso a sus primeros espectáculos? ¿Cuánto se conserva de ese humor de cuando eran jóvenes?
―Muchos de nuestros seguidores en España nos indicaban por redes y en persona que se habían perdido las primeras obras, porque los espectadores se fueron incorporando a lo largo de los años y aumentando el número de fans mediante el boca-oreja. Y teníamos curiosidad por retomar aquellas piezas para poner en claro si el humor de la primera época sobrevive al paso del tiempo. Por eso, ahora que cumplimos tres décadas sobre los escenarios, parece el momento adecuado de interpretar algunas de las escenas de aquellas obras y reflexionar acerca del humor a través del tiempo, aprovechando la experiencia de nuestra trayectoria y la posibilidad de reírnos de nosotros mismos. Hemos prescindido de la parte más superficial de aquel humor juvenil, pues ha pasado de moda a medida que cambian las formas de expresarse y los signos externos, pero la risa se mantiene intacta en gran medida cuando los temas son universales. Por eso hemos seleccionado los números que nos parecen mejores en ese sentido, más aferrados a temas importantes, a asuntos humanos. De hecho, en varios casos, como el número de 2005 del enamorado de sí mismo ante el espejo, o el de 2008 Ordenador personal, en torno a la primacía tecnológica, o Mundo y final, que trata del acabamiento del planeta, o el Taxi a la muerte, se han convertido, de alguna forma, en pequeñas profecías cómicas del mundo que estaba por llegar, que es el actual.
“Bajo la aparente liviandad (que no ligereza) de nuestro formato, intentamos explorar los grandes temas que nos inquietan y que se repiten en el teatro de todos los tiempos. En definitiva, somos exploradores de la inagotable ridiculez humana”.
―Ahora que han comenzado a girar con mayor frecuencia, ¿las resonancias que encuentran sus obras en el exterior son muy diferentes a las que se producen en España? ¿Adaptan sus espectáculos cuando se presentan en otros países?
―Adaptamos ciertas expresiones españolas y algunas referencias para garantizar la comprensión y conectar con los espectadores de los países que visitamos, pero mantenemos intacta prácticamente la totalidad del contenido del espectáculo, pues los temas que abordamos –el amor, el odio, la ambición, la vanidad, el paso del tiempo, las ilusiones– son universales y pueden ser comprendidos por espectadores de cualquier edad, idioma y nacionalidad. Y, por supuesto, nuestra gran aliada en este sentido es la música: el verdadero lenguaje universal que trasciende fronteras.
―¿Qué expectativas trae la gira que comenzarán por Latinoamérica?
―Nos sentimos, al fin y al cabo, una compañía hispano-argentina (Yayo Cáceres es de Corrientes); por eso este regreso –hace quince años que no actuamos en Buenos Aires– supone para nosotros la gran oportunidad de reencontrarnos con el público porteño, y también el trampolín para retomar nuestras giras por otros países latinoamericanos. Estamos profundamente agradecidos al Complejo Teatral y a todo su equipo y directiva, pues somos conscientes de que el San Martín es todo un referente del teatro en América. Hemos vuelto… y no queremos irnos más.

―¿Cuáles son las apuestas de RON LALÁ en relación con el futuro?
―Lanzar 4x4 en Argentina como prólogo para retomar nuestras giras americanas, que tanto éxito han tenido en otras temporadas, y poder regresar al San Martín en los próximos años con alguno de nuestros espectáculos más recientes, como La Desconquista, recién estrenado en España.
―¿Cómo se hace para seguir manteniendo una compañía en un alto nivel de producción después de tantos años?
―Mediante el trabajo duro, la confianza mutua, la ilusión colectiva y el apoyo de todos los profesionales, instituciones y entidades que nos apoyan. El teatro se hace en común, en vivo, en el presente; por eso resulta esencial en los tiempos que corren, tan tecnológicos y diferidos. El teatro permite plantear preguntas en el acto, en el presente, reír y llorar juntos, volver a ser tribu. Nos sentimos artesanos de la risa, de la música y de la palabra.
+ info de RON LALÁ (ESPAÑA)