Coreografiar la energía del pensamiento
La consagrada coreógrafa argentina residente en Bélgica describe el proceso creativo de “Pasos en la noche (2050)”, reflexiona sobre la figura y la música de Eduardo Rovira –a quien rinde homenaje en el centenario de su nacimiento–, y describe sus personales métodos de trabajo.
En el ámbito de la meditación, Monkey mind (“mente de mono”) se refiere a un estado de inquietud o intranquilidad, por el cual los pensamientos saltan como un mono de una rama a la otra. La cabeza no está en el “aquí y ahora”, sino más bien inundada de ideas que no se pueden controlar. Monkey mind viene del chino xinyuan, y es un término budista que significa “sin resolver, inquieto, caprichoso, inconstante, confuso, indeciso, incontrolable”. Uno de los grandes objetivos de la meditación es justamente lidiar y dominar este “barullo” mental.
Pero, en contrapunto con esa máxima, Lisi Estaras ha implementado un método que llamó, precisamente, MonkeyMind, que se sirve de, e incorpora, ese estado en la creación. En 2016 presentó su primera pieza inclusiva junto a tres intérpretes con síndrome de Down, que lleva ese título, Monkey Mind. La obra marcó un punto de inflexión en su lenguaje coreográfico, basado en la traducción física del pensamiento cambiante, lo que más tarde se convirtió en el método mencionado, a partir del cual investiga temas como la cinestesia, la empatía y las neuronas espejo, en relación con el arte bruto y la danza. Esta indagación devino en la creación, en 2017, junto con Nicole Petit, de la MonkeyMind Company, con sede en Gante.
Al año siguiente, creó para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, SapiensRabia (en un programa compartido con Marcelo Savignone) en la cual exploraba la vuelta a los orígenes y a lo animal. Pero ahora, en Pasos en la noche (2050), la obra que la reúne nuevamente con la compañía del San Martín, propone en cambio un futuro distópico. Asimismo, el espectáculo que se presenta en el Teatro Coliseo es un homenaje al gran compositor argentino Eduardo Rovira, uno de los principales referentes del tango moderno y de cuyo nacimiento en 2025 se cumplen cien años. Sobre este músico, el mismísimo Ástor Piazzolla afirmó: “Alguna vez, Rovira fue más revolucionario que yo”.
Reencuentro con Rovira y el Ballet Contemporáneo
“Siempre había tenido el sueño de montar una coreografía con el Ballet Contemporáneo. Se pudo dar en 2018, pero me quedé con ganas de crear para ellos una obra más larga. Y había un interés mutuo”, explica Estaras, con un reconocible acento cordobés que no perdió a pesar de estar viviendo fuera de la Argentina hace ya más de tres décadas.
Por otro lado, Estaras venía trabajando con la música de Rovira: “Ya monté dos piezas con su música en Europa y, aprovechando el aniversario, este año surgió la idea de hacer algo con Rovira en Argentina, darlo a conocer, darle un lugar más relevante. Es importante venir con este nombre en su propio país porque muchos no lo conocen y es extraordinario”. El espectáculo está inspirado en las obras de Tango Buenos Aires - Opus 4 - Suite de Ballet que compuso originalmente para ser bailadas por la compañía de danza del San Martín. Así que se fue dando todo orgánicamente: se conjugó el proyecto de trabajar otra vez con el Ballet con el interés por Rovira, lo que dio lugar a Pasos en la noche (2050).
Eduardo Rovira (1925-1980) fue contemporáneo de Ástor Piazzolla. Ambos renovadores, no fueron músicos que pensaran en el baile a la hora de componer sus tangos, evitando así que la música fuese “subsidiaria” de la danza. En efecto, Rovira describió sus composiciones como música para ser apreciada “de la cadera a la cabeza”. “Es medio misterioso haber pensado esta Suite para que fuese bailada, porque él siempre decía que su música era para apreciar de la cintura para arriba, muy mental, muy racional. Y a la danza la veía de una manera más peyorativa o decorativa”, reflexiona la coreógrafa. Y agrega: “Pero creo que en realidad se refería al tango como baile tradicional y popular. Creo que le habría gustado la danza contemporánea. De hecho, es una música muy bailable. Es como un Stravinski, me genera ese sentimiento, me lleva a esa misma profundidad. No hay, sin embargo, una dramaturgia que uno pueda seguir, como en La consagración de la primavera del compositor ruso, que tiene un orden, una narrativa. En la Suite son temas que no siguen una cronología específica. Es un desafío arduo, porque cambia todo el tiempo los climas, es exasperante y demandante para quien lo escucha. Y a la vez se relaciona mucho con mis materiales”. Cabe recordar que Rovira fue el primer músico nacional en incorporar el dodecafonismo, corriente musical que también siguió Igor Stravinski. En ambos casos, esta técnica conlleva ese carácter imprevisible que presentan sus obras y esa impronta contemporánea que, a la hora de vincularla con la danza, inspira también experimentación e innovación.
Tanto en Pasos en la noche (2050) como en creaciones previas con música de Rovira, Lisi Estaras trabajó con la agrupación belga Sónico (que en realidad reúne intérpretes de Argentina, Francia, Bélgica, Estados Unidos, España y México). Ellos recuperaron las partituras de los temas del compositor argentino (muchos de los cuales no estaban grabados), que se escuchan en el espectáculo, a los que se suma la música original, electrónica, de Gabriel Chwojnik. Estaras comenta que “Rovira fue el primero que empezó a usar electrónica en el tango. En el tema La depre decidió usar amplificación electrónica en su bandoneón, lo que me habilitó a incorporar la música de Chwojnik para la coreografía. Y todo este soundtrack en conjunto aporta el hilo conductor ‘ficcional’ de la pieza”.
Respecto de su relación con la música de Rovira, concluye: “Me es familiar, no sólo bailar al ritmo, sino llevar su universo a la escena, porque ya es la tercera vez que trabajo con sus composiciones. Pero logré, estando acá, en esta coreografía, llegar más al espíritu, más allá de la forma de la música. Es difícil, por momentos hay elementos de folclore, en otros resulta más ajena, pero el ritmo para alguien de acá es más fácil de sentir. Es lo más ambicioso y lo más cercano a su mundo que hice con su música”.
¨Me importa que el espectador pueda entrar al mundo de la danza contemporánea, que no quede en algo abstracto y estético, que pueda sentirlo, entenderlo, en todos sus aspectos. Por eso surge la idea del texto que ayude a guiar, interpelar a los que están en escena y al público, y generar un diálogo entre la música, la danza y el texto¨. |

Tres tiempos y muchas capas
En cuanto a la coreografía en sí, Estaras señala que “se trabaja en muchos niveles y con distintos lenguajes. Me importa que uno pueda entrar al mundo de la danza contemporánea, que no quede en algo abstracto y estético, que el espectador pueda sentirlo, entenderlo, en todos sus aspectos. Por eso surge la idea del texto que ayuda a guiar, interpela a los que están en escena y al público, y se genera un diálogo entre la música, la danza y el texto”.
Sobre el aspecto más narrativo de Pasos en la noche (2050) explica: “Ahora está de moda el tema de lo distópico, el problema del cambio climático que, entre otras cosas, traerá como consecuencia el fin del mundo. Es una mirada apocalíptica, y si bien hay datos que sí dan esa pauta, es una exageración. Me gusta cómo los seres humanos proyectamos cosas. De la misma manera, los personajes de esta obra se inventan una ficción. Ellos se arman una película distópica. Así es que todo empieza en un futuro, en una situación de ciencia ficción, pero después entran a otro lugar que les pertenece, un salón de tango, el pasado, para volver al hoy, desde donde proyectaron ese futuro. Es decir que el espectáculo presenta tres tiempos. Se exponen allí los miedos, y a la vez, las ilusiones de que el mundo mejore, una mirada más humanista que dé la posibilidad de crear un paisaje desconocido, esperanzador y libre. Es una obra ambiciosa por todas esas capas que tiene”. Y cierra su reflexión: “Estamos muy pendientes de lo que va a suceder, pero somos lo que somos. Siempre inventamos mundos para escapar de la realidad e ir a otra, siempre proyectamos al futuro, pero al final hoy estamos acá, tomando un café. No es tan dramático. Vamos paso a paso. Además, a mí me gusta el absurdo y el humor, procuro desformalizar”.
“Me gusta cómo los seres humanos proyectamos cosas. De la misma manera, los personajes de esta obra se inventan una ficción. Ellos se arman una película distópica. Así es que todo empieza en un futuro, en una situación de ciencia ficción, pero después entran a otro lugar que les pertenece, un salón de tango, el pasado, para volver al hoy, desde donde proyectaron ese futuro¨. |
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Bailar (también) con la cara
Consecuente con su trayectoria como bailarina y coreógrafa de la compañía de danza belga fundada por Alain Platel, les ballets C de la B, caracterizada por jerarquizar la singularidad de cada artista, Lisi Estaras afirma que “la obra son los bailarines, están todas esas capas, pero es importante verlos a ellos en algo muy poderoso y emocional. Son increíbles y es un lujo mirarlos. Ellos pusieron mucho de ellos en el espectáculo, yo trabajo especialmente con las inquietudes de los intérpretes, no sólo los cuerpos; pretendo que la pieza se convierta en un lugar común de discusión y de creación que defendamos todos juntos”.
A muchos de los integrantes del Ballet ya los conocía de 2018, otros son nuevos, pero esta vez estaba “más preparada, más consistente y decidida con lo que quería, con un guión armado y con el bagaje de haber montado en estos últimos años espectáculos grandes como éste, en el que igualmente busco mantener el carácter intimista que suelen tener mis obras. Así que fluyó muy bien”. Asimismo, destaca que los bailarines “tienen un nivel técnico muy alto que no se encuentra en cualquier parte. Son muchos, pero hay una linda fusión. No es tan común encontrar tantos integrantes en un grupo de danza contemporánea. Es muy heterogéneo, tienen distintas edades, pero son buenos compañeros, se ayudan. Es un grupo que funciona muy bien, se protegen, se respetan y se equilibran. Además, hay bailarines con ganas de probar cosas nuevas, se lanzan. Mi asistente que vino de Bélgica estaba sorprendido de lo rápido que lograron una escena de pelea que tiene el espectáculo. En otra cultura y en otro tipo de grupo, tendríamos que haber explicado mucho más, pero ellos la sacaron de una”.
Un desafío para los bailarines, más allá de la complejidad de la música y de la coreografía, es el histrionismo que propone Pasos en la noche (2050). Hay escenas en las que bailan verdaderamente con la cara: “Me gusta exacerbar las emociones y que trasciendan a la cara porque es parte del cuerpo también. La música de Rovira tiene algo de clownesco, medio a lo Chaplin. Su música es muy expresionista y a la vez las expresiones de los intérpretes siempre vienen desde el cuerpo; es un estado físico, no es teatral. El objetivo es no limitar la gesticulación, sino exagerar esas emociones, seguir la emoción de la música y el ritmo con la expresión facial, en particular en una escena que presenta a los personajes arquetípicos del tango. Cuando estaba en el Ballet de la Provincia de Córdoba me decían que dejara de usar tanto la cara, que estuviera más neutral. Entonces, quizás en la danza soy muy expresiva porque me quedó ese trauma (risas)”.

El vértigo de no saber dónde mirar
Para muchos coreógrafos es una oportunidad casi única la de coreografiar para un cuerpo tan grande de bailarines y Estaras no es la excepción: “Tener 24 bailarines sobre el escenario es épico. Es verdaderamente una masa de parejas. Quiero abordar la idea de la fuerza de un grupo. Me gusta el desafío de que cada uno se exprese desde su parcela”. Y en efecto, aunque haya unísonos, se aprecian muchos focos, muchas historias durante el espectáculo; es una obra “pluricéntrica”.
Al respecto, argumenta: “Como público me gusta elegir, no me gusta que me guíen. Vivimos en un mundo tan superpuesto, estamos acá, pero miramos el teléfono, la gente que pasa… La atención está diversificada, y me gusta proponer ese mundo. Hay otro público que quiere saber dónde enfocar, pero a mí me atrae ese vértigo, ese miedo de no saber dónde mirar. Hay quienes digan que no llegaron a ver el texto. Pero si leen el texto van a combinar con lo que ven. Y si no, no se van a perder, ya que no es determinante”.
Porque en Pasos en la noche (2050) también hay algo de su método Monkeymind, en sus palabras, “lo opuesto a lo que pide la meditación, concentrarse en una sola cosa, principalmente en la respiración. Por el contrario, en este método, hay que dejarse distraer por lo que nos sucede, zambullirse en eso e incorporarlo a la coreografía. No lo ahuyentamos, ya nuestra naturaleza es así, el ser humano se deja llevar por las distracciones. Nos subimos a un tren fantasma, van apareciendo cosas y las absorbemos. A mí me gusta que la realidad o el mundo exterior entre en la danza. A la danza se incorporan otras cosas de la persona que baila, y vamos incorporando lo banal a lo sagrado”.
“Como público me gusta elegir, no que me guíen. Vivimos en un mundo tan superpuesto… estamos acá, pero miramos el teléfono, la gente que pasa… La atención está diversificada, y me gusta proponer ese mundo. Hay otro público que quiere saber dónde mirar, pero a mí me atrae ese vértigo, ese miedo de no saber dónde mirar” . |
Sobre cómo surgió concretamente este método, recuerda que había empezado a trabajar en 2007 con la idea de la velocidad: “Cuando hacemos movimientos rápidos, perdemos la conciencia de lo que vamos haciendo, no podemos pensar más. Entonces aparece el desafío de cómo coreografiar las ideas, los pensamientos, las emociones, no siempre ni sólo el contenido, sino también la energía del pensamiento, el free thinking, una suerte de asociación libre”. Esto se vinculó con el trabajo que comenzó a desarrollar hace unos diez años con personas con discapacidad, cuando su foco pasó a ser el de la danza inclusiva: “Trabajo con personas con autismo y síndrome de Down y ellos, al no filtrar o filtrar poco, pueden estar muy cerca de este Monkey mind, dicen todo lo que piensan, así que con ellos definimos más la técnica de cómo llevar esos pensamientos y esas emociones al cuerpo y a la vez trabajar con la velocidad y la empatía a través de la reacción física del público. El objetivo es que la danza se convierta en definitiva, más allá de lo visual, en una verdadera experiencia física para el espectador¨.
Entre la acción y la palabra
Lisi Estaras es una coreógrafa e intérprete de destacada trayectoria nacida en Córdoba, Argentina. Su trabajo se centra en la conexión entre la fisicalidad y el pensamiento, entre la acción y la palabra. Comenzó a bailar en Córdoba y, tras estudiar trabajo social junto con formación profesional en danza, a los 19 años se trasladó a Jerusalén para estudiar en la Rubin Academy of Music and Dance. Poco después, se unió a la Batsheva Dance Company en Tel Aviv y, tras cinco años en la compañía, se mudó a Europa, donde integró les ballets C de la B, compañía de Gante, Bélgica, un país que se ubicó como gran polo de renovación en danza y teatro en ese continente. En 2016 creó su primera pieza inclusiva, Monkey Mind, junto a intérpretes con síndrome de Down. Desde 2017 dirige junto a Nicole Petit la MonkeyMind Company, con sede en Gante, donde ha producido obras como The Jewish Connection Project, SONICO – The Heart is the Muscle We Like to Work Out, A Bigger Thing, en colaboración con Opera Ballet Vlaanderen, y #THISISBEAUTY, un solo montado con motivo de su 50° aniversario. Su interés por combinar palabra y movimiento la ha llevado a colaborar en múltiples producciones teatrales. Trabaja además con compañías y en espacios internacionales. Su última creación con MonkeyMind Company, What We Can Do Together, estrenada en el Festival December Dance 2024 en Brujas, reúne artistas de Sudáfrica y Bélgica, y se presentará durante la temporada 2025/2026 en diversas ciudades europeas. Si bien desarrolló una brillante carrera en Europa, confiesa que su corazón está en Argentina y que tiene claro que algún día va a volver para instalarse en Buenos Aires.

Victoria Eandi
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