EL ARTE DE LA REPOSICIÓN COREOGRÁFICA.

Diálogo entre pasado y presente

Andrea Chinetti y Diego Poblete (directora y codirector del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín) reflexionan sobre la relevancia y el trabajo que implica reponer hoy obras del repertorio de la compañía, pertenecientes a coreógrafos fundamentales para su historia como Ana María Stekelman, Ana Itelman y Mauricio Wainrot.

Foto: Gustavo Gavotti

 

El archivo brinda la posibilidad de revisitar el historial del repertorio del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín una y otra vez. Desde su creación, la diversidad y el cruce de lenguajes han sido el eje de construcción de su identidad a lo largo de los años.

Para este programa se seleccionaron tres obras que son parte esencial del patrimonio coreográfico argentino. Cada una de estas piezas aporta una perspectiva única sobre nuestra identidad cultural, desde la reinterpretación de un clásico universal de Ana María Stekelman sobre Bolero de Ravel, hasta las exploraciones más profundas de nuestra esencia rioplatense, en creaciones como Ahí viene el Rey de Ana Itelman y Estaciones porteñas de Mauricio Wainrot, ambas con música del compositor argentino Ástor Piazzolla.

Una tradición que evoluciona en el presente
Es oportuno celebrar a coreógrafos que han dejado una huella imborrable, no sólo en la danza contemporánea, sino también en el imaginario colectivo de generaciones, manteniendo viva una tradición que evoluciona en diálogo con el presente.

La experiencia de volver a presentar estas tres obras ha sido un desafío emocionante y enriquecedor. En esta oportunidad, no sólo hemos trabajado como curadores, seleccionando piezas que son fundamentales para nuestro repertorio, sino también como repositores junto a las asistentes del Ballet, Elizabeth Rodríguez y Melisa Buchelli. Tuvimos como premisa la idea de transmitir y preservar la esencia original de cada una de estas coreografías, asegurando que mantengan su relevancia y potencia expresiva.

El trabajo como repositor implica una labor minuciosa: se trata de desentrañar las capas de significados y emociones que subyacen en cada movimiento. Cada obra tiene su propio lenguaje coreográfico, una estructura precisa y una intención artística que debe ser fielmente recuperada, pero también actualizada para los bailarines de esta generación. Esto exigió un proceso colaborativo muy profundo, tanto con los bailarines que ya han interpretado estas piezas como con aquellos que las abordaron por primera vez.

Resignificación y adaptación
Uno de los aspectos más fascinantes fue ver cómo los nuevos intérpretes resignificaron el material coreográfico. Bailarines que no habían tenido la oportunidad de trabajar antes estas obras trajeron una energía renovada, una nueva lectura a cada paso, mientras que los bailarines experimentados, que ya las habían bailado, aportaron una madurez y comprensión más profunda del estilo coreográfico. La mezcla de estas dos perspectivas ha enriquecido enormemente el resultado final.

En este proceso de reposición, también hubo un esfuerzo por adaptar ciertas partes, para que dialoguen con el presente, sin perder la fidelidad al concepto original. Cada obra adquirió nuevos sentidos, no sólo a nivel coreográfico, sino también en cuanto a la interpretación, las emociones y los contextos de los que se nutre. En el caso de Bolero, la repetición obsesiva y envolvente del movimiento se intensificó para reflejar un sentido de urgencia contemporánea. Ahí viene el Rey cobró una nueva vida, con una reflexión más aguda sobre su valor y poder coreográfico en tiempos de cambio, reformulándose el abordaje de la figura masculina en el tango. En ese sentido se incorporó, además de la original (que fue interpretada en su momento por Oscar Araiz), una versión de la pieza bailada por una mujer. Por último, en Estaciones porteñas la relación con el tango se reinterpretó a través de la modernidad, conectando el pasado con la actualidad.

La experiencia de reposición fue, en definitiva, un proceso de interacción continua entre la obra original, el contexto contemporáneo y los nuevos intérpretes, lo que permitió que estas piezas se mantuvieran vivas y llenas de significado. Este trabajo no sólo reafirma la importancia del lenguaje coreográfico como un vehículo de expresión artística, sino también como un medio de conexión entre épocas, estéticas y generaciones de bailarines.

Este programa abrirá la temporada 2025 del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, Ciudad de Bogotá (Colombia).

 

 

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