“LAS MUJERES DE LORCA” EN EL CINE TEATRO EL PLATA

El aire es inmortal

La nota que sigue ofrece un registro de la incursión en los ensayos de la pieza de Marisé Monteiro que se estrena en la sala de Mataderos, en la que los textos del poeta granadino se engarzan como perlas al hilo de la música.

Por el momento, aquí, en una de las salas de ensayo del segundo cuerpo del Teatro San Martín, Rosario guarda aquella heredad hecha de trapos en Granada; después, cuando la heredad suba a escena en el Cine Teatro El Plata será otra cosa, otros serán los trapos, otra será la ilusión. Eso no importa todavía; ahora lo urgente es pasar completo el texto de Marisé Monteiro que recupera la voz de Federico, ese Federico que la Rosario de Ana María Cores aún ama en secreto y a los cuatro vientos, mientras se viste con cada una de las mujeres de palabras del poeta granadino. Es entonces cuando uno se pregunta, pertinentemente, cuánto pesará aquella bata de cola tan verde como un campo fértil, que ondea en el piso y produce un siseo sibilante mientras Carmen Mesa, la cantaora y bailaora, la manipula con gracia, y que pareciera ayudarla a pasar por el cuerpo las palabras originales de Lorca presentes en esta pieza. 

 –Pienso que los poemas en sí ya tienen un movimiento, tienen danza, tienen mucha dramaturgia –dice Carmen–, entonces el cuerpo tiene que creerse el texto, intentar la armonía para que elabore movimientos más redonditos, más secos, más antiguos. Como soy de Andalucía conozco esa cosa de Bernarda Alba de tener que contener lo que se siente. ¡La balsa se presta para tener matices!

 Aunque todavía sea el período del boceto, se aprecia algo en el todo que conmueve. La dramaturgia de Marisé Monteiro establece un arco que va desde la infancia a la muerte de Federico pero que no se regodea en esos puntos sino en el poético legado de su vida. La elección de esas mujeres, las de los poemas y las de las piezas teatrales, más que reivindicar caracteres folklóricos de la hispanidad le otorga al poso de la obra lorquiana su exacta dimensión lírica. Quizás por eso, porque el rescate lírico implica rescatar una sonoridad atávica, Nacho Medina, el director y compositor de Las mujeres de Lorca, prefirió elaborar un musical “porque la música está presente en todo Lorca, porque Lorca es música”.

–Siempre es complejo musicalizar, y en lo particular Lorca me resultó aún más complejo, porque aunque el cante jondo no es un género propio en mí, no podía hacerlo a un lado –sostiene el director–. Tuve que conocerlo, compartir y nutrirme con otros artistas para meterme en ese mundo fascinante. Entonces traté de hacer un mix entre lo que sé hacer y traerlo a Lorca con su sonoridad. Porque la sonoridad de Lorca no solo está en la música: está en el texto, en el ritmo, en los climas. 

 Quizás porque los ensayos sean una constante prueba y error es que al teatro se le pueda apreciar el revés de las cosas. Mientras sucede uno de los hondos instantes que ponen en escena los parlamentos de Yerma, a Ana María Cores se le escapa un término y debe retomar la situación con mucha contrariedad. Con toda su vasta experiencia a cuestas (que va desde lo disruptivo de Hair al establecimiento de clásicos modernos como La vuelta manzana), Ana María sostiene que “el teatro es el teatro, es estar en contacto con el público, y cuando no se está en contacto con el público se puede escapar la emoción del personaje”. 

 –Ponerle voz a Lorca a través de Marisé es una tarea maravillosa –continúa la actriz–. Lorca es un autor único, tierno, emocionante, pasional. Pero considero que cada estilo de teatro tiene que ponerse su propio vestuario y el intérprete siempre tiene que tratar de emocionar, de valorar lo que tiene el texto que está diciendo, y entrar en esa emoción. Ése es el logro del actor en el teatro clásico, en la comedia musical, en la comedia, en el género que sea. Por supuesto que cada estilo teatral tiene sus reglas y hay que conocerlas, pero lo fundamental es meterse en la emoción de cada personaje. Y en este caso, que es un musical, yo, que soy una actriz que canta, debo interpretar las canciones con el estilo, con la voz, con la forma de caminar y la forma de moverse de cada personaje. A veces es algo que se encuentra de adentro para afuera, y a veces es al revés.

 Sobre esas sábanas habrá palabras escritas, y a la vez servirán de teloncillo para las marionetas. Aquí estará el árbol, y al pie del árbol estará el piano. Sobre el ciclorama se dibujarán la noche y la luna y hasta el rojo de la sangre y el eco verde de Andalucía. Todo es una posibilidad que viste la fantasía. Y hoy, quizás, lo más afiatado sea la música que surge del piano, del violín, de las guitarras y del pulso de la percusión. “En los textos de Federico la música late todo el tiempo –dice Nacho Medina–. Y en esos textos y melodías también la percusión y el zapateo toman gran importancia, porque laten en ese ritmo constantemente, porque se modifican y mutan en el recorrido de su vida”. Así es como las músicas no son meras ejecutantes, sino que se imbrican en la puesta también como personajes.

 –En este caso la música está al servicio del texto, y eso hace que meterse en el lugar de actriz sea más fácil– afirma Giuliana Sosa, pianista, arregladora y directora musical de Las mujeres de Lorca–. La música, tanto en las canciones tradicionales como en la partitura que escribió Nacho, está empatada con los poemas, con las historias, y eso ayuda a meterse en los personajes y a generar el clima que precisa la escena.

 –Para mí es todo lo contrario –opina Lucía Cuesta, la violinista–. El hecho de estar inmersas en lo multidisciplinario que tiene la obra, ayuda a la interpretación y nos lleva a aportarle al argumento. Cuando todo está al servicio del argumento, de la palabra, y con todos los consejos y la dirección de Nacho, que fue nuestra gran ayuda, se hace más sencillo. O lo fue al menos para mí, que no había tenido una experiencia similar.

 –Actuar la música no es un desafío –dice Paula Carrizo, la guitarrista–. El desafío para nosotras es darle cuerpo a lo ambiguo, cuando la música tiene más fuerza, más drama. Por ejemplo, en el final tenemos una canción que nos lleva más bien hacia algo alegre, pero lo que contamos es que se acaba de morir Federico. En esa ambigüedad es que, para nosotras, que somos músicas, la música fluye con el drama o la alegría que se necesiten, pero hay que manejar bien la ambigüedad en la actuación, en las emociones.

 –Y también desde la música tratamos de conectar dónde nace la historia –asegura Medina–. Con Marisé, con quien trabajo hace más de quince años y con quien hice muchos musicales históricos, siempre decimos que para amar la historia hay que conocerla. Entonces el objetivo es transmitir la historia de personajes importantes como Lorca, que siguen vivos, para que el público la conozca y se enamore. Seguramente muchos no conocen a Lorca, no conoce sus obras, ni su historia. De ahí viene este deseo, no sé si pedagógico, de compartir el amor por estas historias, por nuestra historia. Por eso con Las mujeres de Lorca fui a las raíces españolas que también son las mías. Son mis abuelos que laten en el cuerpo, en el corazón, en alguna nana que no recuerdo y que de repente te asalta la memoria. Porque cuando hacemos determinada canción muchos integrantes del equipo balbucean, porque ahí, en esa música, es donde aparece la historia de cada uno.

Ahora, tiempo después, en la platea de El Plata, todavía hay trastos que ubicar. Nacho Medina establece el pulso con las manos antes de comenzar una de las últimas pasadas previas al ensayo general. Faltan unos días para el estreno, pero las luces ya están ajustadas, espesas y en su justa temperatura; ya Curanito se dejará morir por la maldición de la mariposa de una sola ala, y también ya demarcarán el espacio de Mariana Pineda, de la Zapatera, de Yerma, de Poncia, de Doña Rosita, la soltera. Las proyecciones son así de sutiles como se buscaba; las raíces de ese árbol, que antes era una idea, sobresalen del escenario y sirven de asiento para una canción, y sus ramas sostienen tanto a la luna que se pinta en el ciclorama como a la alteza de la bailaora que se vuelve ingrávida. Y la música suena como toda una orquesta de tres instrumentos (“¡qué bueno que lo diga, porque entonces es así como se percibe! Es imposible que suene llano…”, se alegra Giuliana Sosa), y ya han podido probar “si se puede tocar, cantar y mientras tanto un cascabel”, como dice Lucía Cuesta, y se ha cumplido con eso de “estar abiertos a nuestras propuestas, confiando en nuestro criterio musical”, tal como opina Paula Carrizo. 

 –Está bonito también poner el flamenco al servicio de esta obra en general –confía Carmen–. Entonces, con el flamenco ahí picoteando, adornando, dando matices y colores, cuando haces la canción tuya, una le encuentra la similitud al lenguaje conocido.

 –¿No se asusta de estar ahí arriba del árbol? –se nos ocurre preguntar.

–¡Que se lo digan las músicas! Pero bueno, no me ha costado mucho adaptarme a él, aunque hay que ponerle cariño y lo mejor de una misma. Tengo que estar muy concentradita, porque en cualquier momento ¡me caigo dentro 'el piano! Pero esa cosa de altanería, de estar ahí en alto, solemne, esa tensión con las raíces que van p'arriba como las hojas... ¡Me gustaría tanto verme…!

 –¿Y un estreno siempre es una primera vez, Ana María?

–Peor –sentencia Cores–. Cuando me subí por primera vez al escenario era una caradura. Estudié en el Conservatorio, claro, pero me refiero a ser una caradura en el sentido de la inconciencia. A medida que pasan los años y se tiene experiencia, cada vez más se sabe lo que no sabés, y eso es lo terrible. Una ya tiene conciencia de cuáles son sus deficiencias, y por eso es más difícil. Cuando recién se empieza, una se tira a la pileta y no le importa. Yo trabajé con públicos muy diferentes. Trabajé en la cárcel, en el Hospital Moyano, en colegios, en grandes salas de teatro. Y siempre es la misma sensación. No importa el público que sea, lo importante es cómo una se entrega a ese público. Una sabe que siempre busca que exista la verdad, que sea creíble lo que una hace con tanto amor, y que puede contar con las personas maravillosas de esta sala, y con este elenco genial y este director y esta autora, es un regalo que tengo hacer este espectáculo en este momento de mi vida. Pero ahora hay que tirarse a la pileta con la conciencia de todas las cosas que una no sabe. Y aún con experiencia se hace complicado.

 

Autor: Carlos Diviesti

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