TRUMAN CAPOTE Y “A SANGRE FRÍA”, UNA NOVELA REVOLUCIONARIA

El fin de la inocencia

En 1966, Truman Capote se convirtió en el escritor más famoso de los Estados Unidos. Tal vez sería más ajustado destacar que se volvió la persona más famosa del país. El motivo fue la publicación de su esperada novela de no ficción A sangre fría, un verdadero acontecimiento literario además de una calculada operación editorial destinada a asegurar su éxito desde bastante antes de que la obra llegara a las librerías. El resultado superó ampliamente las expectativas ya que el éxito de crítica y de ventas del libro fue inmediato y monumental, manteniéndose 35 semanas en la lista de los más vendidos de The New York Times. 

Su trama es harto conocida: A sangre fría relata, exhaustiva y meticulosamente, el brutal asesinato de la familia Clutter en su granja de Holcomb, un poblado de menos de 300 habitantes del estado de Kansas. Una carnicería lenta y sin sentido de cuatro inocentes que les reportó a los asesinos cuarenta dólares y una radio portátil. Capote leyó la noticia en un breve reportaje sobre el crimen en The New York Times, le llamó la atención que un crimen tan atroz no obtuviera mayor atención y decidió echar un vistazo. El resultado fue una novela revolucionaria, uno de los relatos más cautivantes y estremecedores del siglo XX, que inauguró un nuevo género en la narrativa norteamericana. Para su autor, significó un renacimiento, tal vez, una segunda oportunidad.

Porque tras un comienzo deslumbrante en 1948 con Otras voces, otros ámbitos, su primera novela, con la que a los 24 años conquistó el mundo literario de Nueva York al punto de haber sido entronizado como “el nuevo Faulkner”, la verdad es que la fama de Capote parecía haberse ido disipando: su siguiente obra de ficción de valía, Desayuno en Tiffany, apareció recién diez años después. 

Con A sangre fría, Capote demostró a todos que estaban equivocados. En la mejor tradición de la narrativa norteamericana, logró una novela pionera sobre la violencia y la locura convertida inmediatamente en un clásico. Una obra revolucionaria que inauguró un nuevo género –la non fiction: contar hechos reales con las técnicas de la novela, combinando periodismo e investigación con un estilo dramático y narrativo– pero sin traicionarse a sí mismo. La inocencia perdida, la culpa y la soledad siguen siendo sus temas, a los que vuelve una y otra vez al ritmo de una prosa que combina perfeccionismo con un estilo natural y melancólico, tejiendo así su muy personal investigación periodística. La operación estilística que realiza Capote con maestría es la de iluminar una zona de la realidad que es siempre más compleja y que, expuesta exhaustivamente, resulta más rica que cualquier ficción. En este caso, la de un pueblo cuya serena tranquilidad será conmovida para siempre. Porque sus habitantes finalmente conocieron el Mal y perdieron la inocencia.   

Mucho se ha hablado de la relación de Capote con los asesinos, especialmente con Perry Smith, el verdadero ejecutor de los crímenes. A propósito, se especuló acerca de que el ajustadísimo título de la novela se deba menos a la frialdad e indiferencia de los asesinos para cometer un crimen brutal contra cuatro inocentes que al efectivo, calculado, brillante ejercicio periodístico de Capote para obtener de todos –de los asesinos sin dudas, pero también del jefe de la policía hasta de todos los hombres y mujeres de Holcolmb a los que entrevistó— la materia esencial de su objeto literario. Con su aire afectado e infantil, su voz aflautada y su cuidada elegancia, como un vampiro literario Capote se alimentó sin culpa de todo y de todos los que sirvieran a su historia, incluyendo claro al propio Smith, seduciéndolo, haciendo que confiese su crimen hasta con mínimos detalles y consiguiendo que se pospusiera su ejecución hasta la conveniente fecha de salida de su novela. 

Al releer hoy A sangre fría pareciera que el verdadero interés de Capote, así como el efecto perdurable de su obra, va mucho más allá de la fascinación morbosa que despierta el crimen. Quizá su verdadero valor haya sido escribir sobre el vacío y la violencia en una sociedad que empezaba a resquebrajarse sin pausa e inevitablemente. 

Con A sangre fría, Truman Capote alcanzó el éxito más resonante que haya conocido hasta entonces el mercado editorial norteamericano y se convirtió en el personaje que siempre quiso ser. También, ese éxito lo empujó a las drogas, a la soledad y, finalmente, a la muerte. 

 

Pablo Lettieri

 

 

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