El interminable ritual de los olvidados

La mítica compañía andaluza celebra su casi medio siglo de andadura teatral con Todos los ángeles alzaron el vuelo, una propuesta que transita entre la picaresca y la redención.

 

La Zaranda, Teatro Inestable de Ninguna Parte, vuelve a cruzar el Atlántico para reencontrarse con el público porteño, una relación que lleva casi cuatro décadas de fidelidad. En esta ocasión, la compañía presenta Todos los ángeles alzaron el vuelo, su producción más reciente, estrenada originalmente en marzo de 2025 en Toledo y que ahora llega al Teatro Regio del Complejo Teatral de Buenos Aires, escenario del que los andaluces se han adueñado en los últimos años, presentando allí La batalla de los ausentes (2022) y Manual para armar un sueño (2024)

 

 

Una humanidad en la periferia

Fiel a la escritura hipnótica y profunda de Eusebio Calonge –siempre con múltiples capas de sentido— y la dirección de Paco de La Zaranda, la obra introduce al espectador en el territorio más hostil de lo cotidiano. Los protagonistas —dos prostitutas, un proxeneta, un exconvicto y un personaje demente que evoca al barquero Caronte— son “ángeles caídos” que arrastran sus alas por descampados, portales y habitaciones por hora.

 

Inspirada en la tradición de la picaresca española, la pieza explora el conflicto existencial de seres que juegan una partida que ya saben perdida de antemano. Sin embargo, incluso en lo más sórdido, La Zaranda busca esa ranura de luz, y convierten el escenario en un espacio donde los olvidados encuentran su redención a través de una liturgia de lo invisible.

 

 

El teatro como acto de fe y memoria

Para La Zaranda, el teatro no es una lata de conserva que se abre en cada función, sino un organismo vivo que vuelve a nacer una y otra vez. "Cada uno de nuestros trabajos es una resurrección de nosotros mismos”, dice Paco de La Zaranda. Esta búsqueda de lo absoluto se refleja en una puesta en escena depurada, en la que el uso simbólico de los objetos y el humor negro —que nace del dolor como acto de dignidad— son las herramientas principales.

 

Todos los ángeles alzaron el vuelo, el más reciente de sus montajes, posee una carga emotiva particular, ya que está dedicado a Laura Gómez-Lacueva, actriz referente de la compañía fallecida en 2023. Su ausencia se integra poéticamente en la obra, transformándose en una presencia física que interactúa con el vacío. "Si no pudimos hacerlo con ella, lo vamos a hacer para ella”, dice Paco. “Hay un momento en el espectáculo que, para nosotros, es Laura. Es el instante de la presencia de quien no está".

 

En esta oportunidad, al núcleo histórico de la compañía —Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos— se unen las actrices Ingrid Magrinyá y Natalia Martínez. “Para mí esas prostitutas, ese proxeneta, ese loco... son ángeles. Ángeles que quizá arrastren las alas, que las tengan sucias, pero que pueden levantar el vuelo”, aclara Paco.

 

Con este estreno, La Zaranda reafirma su compromiso con un teatro que rehúye de las modas y los aplausos fáciles para escarbar en las heridas de la condición humana, ofreciendo, en última instancia, una oda a la esperanza, pero desde los márgenes de la existencia. "Lo más difícil en el teatro es el silencio. Estar callado es complicado, pero estar en silencio es todavía más difícil”, apunta Paco. “Entrar en la liturgia que propone La Zaranda tampoco es fácil... hay que saber esperar. Nosotros perseguimos que venga el arte”.

 

 

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