EN BUSCA DEL TIEMPO SUSPENDIDO
Matilde Marín es una artista contemporánea que desarrolla obra en múltiples disciplinas que incluyen grabado, fotografía y video. Su trabajo surge de un proceso riguroso de investigación, de un argumento crítico sobre los acontecimientos que dejan huella, así como del papel del artista como testigo activo que registra y especula sobre la contemporaneidad. En las líneas que siguen, la propia artista reflexiona sobre la serie que expondrá en la FotoGalería Sara Facio mientras que la especialista Laura Casanovas invita al espectador a dejarse invadir por imágenes que ofrendan “un tiempo con tiempo”.
Por Matilde Marín
Al pensar cómo sintetizar las series que integran esta exposición, volví sobre el significado de la FotoGalería Sara Facio y su carácter emblemático a lo largo del tiempo. Este espacio ha sido un lugar de referencia para la fotografía argentina, un ámbito donde he visto dialogar miradas diversas y obras fundamentales. Aceptar la invitación a exponer aquí implicó, para mí, asumir ese legado y establecer un recorte preciso dentro de una producción extensa.

La muestra reúne una selección de suites fotográficas realizadas entre los años 2007 a 2025, pertenecientes a algunas de series centrales de mi trabajo como Pharus, Paisajes indeterminados, Artist’s Book o Tiempo suspendido. Aunque surgidas en contextos y momentos distintos, todas comparten una misma preocupación: pensar al ser humano en relación con el mundo que habita, con sus territorios, sus desplazamientos, sus huellas y sus fragilidades.

Entiendo la práctica fotográfica como una forma de estar en el mundo. Me interesa el rol del artista testigo: aquel que observa, recorre, registra y exhibe situaciones que atraviesan nuestro tiempo, no para clausurarlas con un sentido único, sino para dejar constancia, para construir memoria y abrir preguntas. La fotografía, en este sentido, es para mí una herramienta de atención y de responsabilidad.

Mi proyecto dentro de la fotografía es el mundo mismo. A través de viajes, caminatas y experiencias situadas, estas obras han transitado distintos paisajes físicos y simbólicos. En todas ellas persiste la voluntad de dar cuenta de un presente cambiante, vulnerable y complejo, y de inscribir en la imagen una huella sensible de ese tránsito.

LA PERSISTENCIA DEL TIEMPO
Por Laura Casanovas
La persistencia es la capacidad de continuar a pesar de todo. Supone determinación y constancia. ¿Cómo relacionarla con la magnitud física del tiempo? Las fotografías de Matilde Marín encuentran un vínculo entre ambos términos en distintos niveles, a través de una mirada que vivifica aquello sobre lo cual se posa confiriéndole una sobrevida poética. Nos sumergen en los innumerables viajes que emprendió en su extensa trayectoria por territorios ajenos y propios. En ellas todo se vuelve lejano y cercano; pasado, presente y futuro. Allí están los faros, la naturaleza, los fragmentos de interiores y exteriores de ciudades, los juegos performáticos entre cuerpo y objeto. Tan reales como imaginados. Porque su mirada aséptica y sensible propone un posible punto de equilibrio entre arte y ciencia. Tal vez rememorando cuando estaban unidos y compartían pensamientos, creatividad, deseos. La preeminencia del monocromo con su variedad de grises, luces, sombras, contornos, perspectivas acentúa la profundidad espacial y conceptual de las imágenes. Esta solidez visual solicita demora en una actualidad veloz en ocasiones sin rumbo o hacia precipicios. Por el contrario, las fotografías de Marín rescatan –nos rescatan– y guían, al empecinarse con sosiego en retratar escenas de presencias inertes y orgánicas. Y así ofrendarnos, en una solución de bella síntesis, lo más preciado: un tiempo con tiempo.

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