Entre el derecho a elegir y el dolor por la pérdida
El montaje que la compañía polaca presenta en la Sala Martín Coronado propone enfrentar al espectador a un tema tan actual como delicado: la posibilidad de elegir entre la vida y la muerte.
David Goodall, un premiado científico australiano, conmovió al mundo cuando a poco de cumplir los 104 años dijo que ya no quería vivir y deseaba someterse a una muerte asistida. No tenía una enfermedad terminal ni tampoco problemas graves de salud. “Ya basta. Estoy cansado de vivir”, confesó simplemente. “A mi edad, me levanto por la mañana, desayuno, y me siento a esperar el almuerzo. Luego almuerzo y me vuelvo a sentar hasta la noche. Y así… No soy feliz. Quiero morir. No es triste. Lo único verdaderamente triste es que me lo impidan”. En 2018, Goodall finalmente logró lo que deseaba: viajó a una clínica de Suiza y se sometió a una muerte asistida, rodeado de sus nietos y amigos.
Ese mismo año, Alfie Evans, un niño británico de 23 meses con una enfermedad neurodegenerativa incurable, falleció después de que lo desconectaran de su respirador artificial. Sus padres, una joven pareja de Liverpool, habían perdido la batalla legal contra la decisión del Tribunal Superior de Justicia británico, que autorizó al hospital donde se encontraba internado Alfie a desconectar el respirador que lo mantuvo con vida durante más de un año. Los médicos consideraron inútil cualquier tratamiento para mantenerlo vivo artificialmente, por lo que querían dejarlo morir lo más pronto posible, para ahorrarle el sufrimiento de un existir sin esperanza.
Entre muchos otros, estos casos recientes renuevan preguntas que se vuelven cada día más urgentes: ¿quién debería decidir sobre nuestras vidas? ¿La ley? ¿La ciencia? ¿La religión? ¿No somos acaso lo suficientemente responsables como para tomar decisiones irreversibles?
Inspirándose en estas experiencias reales, la compañía JK Opole Theatre de Polonia, bajo la dirección de Norbert Rakowski, montó I´m nowhere / Desvanecimiento, un espectáculo que explora diferentes formas de elegir entre la vida y la muerte. E invita a penetrar en la propia conciencia para enfrentar dilemas éticos, cuestionar creencias y tratar de comprender mejor la experiencia humana respecto del final de la vida.
“Más allá del contexto social y moral, buscamos ampliar la mirada e indagar en temas relacionados con el existir entre situaciones de vida y muerte”, dice Rakowski, uno de los directores europeos de mayor proyección internacional, responsable de este montaje. “También quisimos explorar la mente en coma, a la espera de pasar a otro estado. Se trata de un espacio de búsqueda completamente desconocido para la escena, una hermosa materia para el teatro”.
“Los temas de I´m nowhere / Desvanecimiento no son obvios ni fáciles”, continúa el también director artístico del Jan Kochanowski de Opole, un teatro cuya historia se remonta a la posguerra y que en la actualidad cuenta con uno de los edificios teatrales más modernos de Europa, el mayor escenario dramático de Polonia y el tercero más grande del país después de los teatros de ópera de Varsovia y Łódź. “Una mente sumida en coma puede ser una bella y poética metáfora del estado de nuestra conciencia social contemporánea. Las imágenes instantáneas, los flashbacks que aparecen en ella, sin regla ni conexión aparente a primera vista, constituyen la base de nuestra cultura. Una especie de ruina o basurero filosófico que las actuales generaciones, al llegar a este mundo en el siglo XXI, reciben como un regalo o una herencia”.
La obra busca alejarse de los caminos trillados para adentrarse en la propia conciencia del espectador. No se trata solo del acto de la eutanasia en sí mismo, sino de la multitud de sentimientos, creencias y experiencias que la rodean. El espectáculo se convierte así en una plataforma para reflexionar sobre las profundas decisiones que tomamos en la vida y la dignidad inherente a cada viaje individual, de principio a fin.

La discusión sobre la muerte asistida es una tendencia creciente en el mundo, aunque en la mayoría de los países continúa siendo ilegal. Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo permiten la eutanasia, mientras que en Suiza y Austria hay clínicas especializadas que ofrecen el suicidio asistido. En los últimos años, España, Nueva Zelanda y Australia han avanzado en la legalización de la eutanasia o la muerte asistida voluntaria.
En Sudamérica, la discusión sobre la muerte asistida ha avanzado enérgicamente, con Uruguay aprobando la primera ley de eutanasia en la región y Ecuador despenalizándola vía judicial. Otros países como Perú, gracias a un fallo judicial, y Argentina, donde se han presentado varios proyectos de ley sin éxito, también han sido parte del debate, mientras que la eutanasia pasiva, que permite rechazar tratamientos para prolongar la vida, ya es legal en nuestro país.
Por supuesto que se trata de un tema delicado. Los dilemas éticos en torno a la eutanasia ponen a prueba creencias y normas sociales, y obligan a afrontar las ambigüedades morales que tanto el individuo como la sociedad en su conjunto deben sortear. Enfrentar una enfermedad irreversible o una situación que afecta la dignidad de la persona y que genera sufrimiento, plantea profundos dilemas éticos.
I´m nowhere / Desvanecimiento propone un espacio imaginario para la reflexión sobre estas decisiones trascendentales a través de las diferentes escenas que se suceden: una joven artista, a poco de iniciar una carrera internacional, decide someterse a un suicidio asistido y, durante una rueda de prensa convocada especialmente, intenta justificar su decisión. Una familia se enfrenta a la experiencia de una “buena muerte” durante el desayuno, pero no encuentra las palabras. Performance, drama y teatro de movimiento se integran en este montaje basado en parte en una obra inédita de Ivan Vyrypaev, nombre clave de la renovación de la dramaturgia rusa actualmente exiliado en Polonia, cuyas obras se han representado en más de 250 teatros de todo el mundo.
“Vivimos en un mundo donde todo parece estar permitido”, finaliza Rakowski. “Sin embargo, el espacio virtual y la manipulación mediática se han acelerado vertiginosamente. A menudo, controlan nuestras decisiones y pensamientos. Con determinación, intentamos mantener nuestra independencia en muchos ámbitos de la vida personal, social y política, evitar cualquier presión. Pero rara vez lo conseguimos. Comprender la realidad, distinguir la verdad de la artificialidad, se vuelve cada vez más difícil y nuestro mundo se complica. Buscamos lo sublime, pero las amenazas que nos rodean obligan a centrarnos únicamente en nosotros mismos. Decimos que no tenemos influencia en muchos asuntos y, puesto que no la tenemos, es mejor relegarlos a un segundo plano. Y así, nos rendimos ante la inercia del mundo moderno. Es difícil admitirlo, pero nos avergüenza nuestra propia pasividad”.
+ info de I´M NOWHERE / DESVANECIMIENTO