Herederos de una mística teatral
Con la excusa del reciente estreno del espectáculo que presentan en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, Arturo Puig y Rita Terranova comparten recuerdos de sus comienzos en la actuación casi desde la infancia, de la influencia que ejercieron sus respectivas familias ligadas al espectáculo y sus primeras experiencias en el teatro. Además, reflexionan sobre la mística del oficio, los desafíos del éxito y la naturaleza siempre sanadora del escenario. También brindan detalles de la creación de Buenas palabras, un recital de textos y cartas nacido de una amistad de años.
Carlos Furman
Hay actores cuyas vidas parecen tener un destino sellado desde la misma infancia, y sus propias existencias, escritas por la pluma de un dramaturgo imaginativo. Tanto que escucharlos hablar de ellas, abandonarse al influjo que provoca el relato de tantas anécdotas, del recuerdo de grandes intérpretes del pasado, puede resultar tan apasionante como verlos interpretar un personaje sobre el escenario.
Tal el caso de Arturo Puig, un actor que se ha ganado el para nada frecuente privilegio de gozar de prestigio profesional junto con el respeto de sus colegas y el cariño del público.
De niño, Arturo creció en un ambiente donde la utilería de teatro era parte de su vida cotidiana. Su bisabuelo trajo la primera desde Barcelona, que luego se convertiría en el negocio familiar, la histórica Casa Puig, durante un siglo la más importante proveedora de utilería y escenografía para el teatro, cine y televisión en Argentina. Y recuerda aquellas visitas, los fines de semana, a la casa de sus abuelos, y al galpón en Parque Patricios, luego de ir al cine: “venía de ver tres películas, en continuado, seguro alguna de piratas o de cowboys, y llegaba a ese lugar enorme, lleno de muebles apilados, rifles, espadas y lanzas. Era el paraíso para mí”.
Además del negocio de la utilería, el padre de Arturo fue también un importante empresario teatral que alquilaba el histórico teatro Lassalle –que funcionó durante décadas en la calle Perón al 2200– y fue allí donde Arturo tuvo su primera experiencia en el escenario, nada menos que en el estreno en Argentina de Panorama desde el puente, por entonces la nueva obra que había escrito Arthur Miller, dirigida y protagonizada por Pedro López Lagar. “Yo era muy chico, tendría unos 11 años. Y andaba por el teatro corriendo, jugando. En un momento, durante los ensayos, estaba cerca de un grupo de actores que esperaban para entrar a escena y entonces Lagar dice: “bueno, vamos, suban al escenario”. Era para la escena final, la de la pelea. En eso me mira a mí y me dice: “vamos, tú también”. Y fue así que hice un pequeño bolo durante varias funciones. No imaginaba por entonces que esa participación me marcaría para siempre”.
—Hay una recordada anécdota de Pedro López Lagar en relación con esa puesta de Panorama desde el puente...
—Sí, una noche estaban Agustín Alezzo y Augusto Fernandes viendo la obra. Ya eran reconocidos como directores y maestros, y por entonces estaban muy en boga las técnicas de actuación de Grotowski y Stanislavski. Ellos habían quedado muy impresionados por la actuación de López Lagar. Entonces fueron a saludarlo al camarín y le preguntaron cómo hacía para abordar el personaje y Pedro les respondió: “me pongo la gorra y salgo”.
—Después vino el verdadero debut…
—Fue en La mujer del domingo, de Ted Willis, junto a Rosa Rosen, una gran actriz. Un gran éxito que estuvo varios años en cartel. Yo hacía un papel pequeño pero significativo. En el elenco estaban David Tonelli y Emilio Comte. Y recuerdo que un sábado Emilio se enfermó y no pudo venir. El teatro estaba lleno, no se podía suspender la función. Me preguntaron si podía reemplazarlo y así fue que tuve que salir al toro. Después terminé reemplazando a Emilio. Y nunca más paré…
Así como crecer entre butacas, escenarios y telones fue una experiencia determinante para Arturo Puig, algo similar le sucedió a Rita Terranova, cuya vida estuvo marcada, desde sus primeros años, por una heredada mística teatral: hija de actores –Betis Doré, una figura de la Comedia Nacional del Uruguay y el recordado Osvaldo Terranova, uno de los más grandes intérpretes de la escena nacional– Rita debutó en el teatro a los 14 años y desde entonces integró los elencos de casi un centenar de obras, por las que obtuvo todos los premios dedicados a la actividad escénica: Florencio Sánchez, Trinidad Guevara, María Guerrero, Arlequín, Estrella de Mar, Margarita Xirgu, Teatros del Mundo, ACE, Gregorio de Laferrère, Costantini y Carlos.
En el San Martín integró, entre muchos otros, los elencos de El enfermo imaginario, El burgués gentilhombre, El avaro y Las mujeres sabias de Molière. Pero sin dudas sus papeles más recordados son la Robustiana de Barranca abajo de Florencio Sánchez junto con Eva Franco y Alfonso de Grazia (en 1994) y, muy especialmente, su Sofía en Trescientos millones de Roberto Arlt, en la que compartió el escenario junto con su maestra, la recordada Alejandra Boero.
“En realidad, la primera vez que trabajé fue en Canal 13 a los 5 años—confiesa Rita—, porque había nacido mi hermano y yo lloraba todo el tiempo, por los celos. Entonces, mi papá me llevó para que lo acompañara en un programa que tenía en Canal 13, en el 61, El tío Alejandro, donde presentaba dibujos animados. Después, mi familia intentó que dejara la actuación, pero yo insistía tanto que papá me puso como condición que debía estudiar formalmente. Entonces, comencé en el estudio de Alejandra Boero y debuté en una obra infantil en La Carpa del pueblo, que había armado Hugo del Carril en la zona donde ahora está el teatro Picadero”.
—El primer papel importante en el San Martín fue en El enfermo imaginario…
—Me enteré de que estaban haciendo las audiciones para armar el elenco. Entonces me presenté sola, yo parecía de menos edad de la que tenía porque por entonces era muy chiquita. Y me dijeron que tenía que venir con mis padres. Cuando me preguntaron por mi nombre, les dije “Rita”, porque no quería que supieran de quién era hija, mi papá ya tenía un cartel, había hecho en el San Martín He visto a Dios, de Francisco Defilippis Novoa, una actuación consagratoria. Y yo quería ganarme mi propio lugar.

Un vínculo compartido
Los actores cuentan que heredaron la amistad de sus padres, quienes fueron socios en varios negocios teatrales. Ambos también destacan la importancia de un teatro que trasciende el negocio y el entretenimiento, convirtiéndose en un espacio de sanación, compromiso ético y refugio profesional. “El teatro como hecho vivo que transcurre en un momento único e irrepetible, resulta verdaderamente sanador tanto para el actor como para el público”, expresa Arturo Puig. “En mi caso, fue el motor que me permitió recuperar la carrera tras el éxito masivo en televisión, ya que después de ¡Grande, pa! no recibía llamadas para otros proyectos. Y fue una obra de Arthur Miller, Cristales Rotos, la que me "levantó" profesionalmente”.
Miller es sin dudas uno de los autores preferidos por Arturo Puig, quien además de aquella recordada aventura infantil con Panorama desde el puente, incursionó en otras obras del autor como El precio, Cristales rotos y, claro, en la recordada versión de Panorama desde el puente estrenada en 2004 en la Sala Martín Coronado del San Martín, en la que encarnó a Eddie Carbone, el estibador italoestadounidense cuyo deseo reprimido por su sobrina lo lleva a la traición y a una caída inevitable, junto a un elenco de lujo integrado por Elena Tasisto, Carolina Fal, Claudio Quinteros y Aldo Braga, con dirección de Luciano Suardi
Rita también rescata la mística y el compromiso heredados de sus padres, más allá del negocio del espectáculo, y buen ejemplo de estos valores fue El Vicario, un arriesgado proyecto que unió a los padres de ambos en el que invirtieron buena parte de sus ahorros.
El Vicario es una polémica pieza de teatro alemana de 1963 escrita por Rolf Hochhuth, una ficción histórica que acusa al Papa Pío XII de no adoptar medidas ni oponerse públicamente al Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial, y que provocó una enorme controversia internacional tras su estreno.
“Era una producción compartida, entre el padre de Arturo y mi papá, ellos compraron los derechos, estaban muy entusiasmados”, relata Rita. “Iba a ser un éxito asegurado, estaba todo vendido. Y a la semana del estreno fue prohibida por el gobierno de Illia. Se ve que la presión de la Iglesia fue demasiado. Era 1966. Por eso lo que más rescato ahora, con el tiempo, es lo que te decía: la mística que había entre la gente de teatro. Ellos querían producir esa obra para hacer una denuncia, además, no era para llenarse de plata”.
La prohibición fue devastadora económicamente. Se habían pagado derechos carísimos y realizado una gran inversión que, según Arturo, "se pagó por años"

El valor de las palabras
El espectáculo que Arturo Puig presenta ahora en la Cunill Cabanellas con dramaturgia y dirección de Rita Terranova, Buenas palabras, es una antología de lecturas que marcaron al actor, e incluye letras de canciones, fragmentos teatrales, poemas, relatos breves, cartas de grandes personalidades y parlamentos de películas
“La idea surgió un poco mirando el Instagram del National Theater, donde aparecen actores leyendo textos importantes, algunos cómicos, además de cartas, fragmentos de parlamentos de cine. Benedict Cumberbatch y Jonny Lee Miller, por ejemplo. Estos videos promocionan el National Theatre Live, mostrando escenas intensas y lecturas dramáticas de sus obras más exitosas. Me dije: ¡qué buena idea!, y se lo comenté a Rita, porque en un momento Selva y yo habíamos hecho un programa de radio durante la pandemia, en el que también leíamos cartas y cuentos y la colaboración con Rita facilitó todo.”
El nombre del espectáculo fue propuesto por Rita: "el título Buenas palabras me gustó porque recordé algo que decía Chéjov, que las palabras en sí no son lo más importante, sino por qué se dicen y cómo se dicen”.
El repertorio incluye textos de grandes autores como Calderón de la Barca, Eugene O'Neill, Arthur Miller, Oliverio Girondo, Jardiel Poncela, León Felipe y Francisco Luis Bernárdez, entre otros, además de cartas de amor famosas como las de Richard Burton a Elizabeth Taylor (que ella conservó hasta su muerte), la de Ingrid Bergman a Roberto Rossellini y la de Beethoven a su "amada inmortal". Y un final que promete ser sumamente emotivo, pero que no se revelará en estas páginas.
"Estoy segura de que será un espectáculo que el público va a disfrutar muchísimo”, asegura Rita. “Arturo es de los pocos actores que conozco que reúne prestigio y popularidad... y eso es muy difícil de lograr".
Autor: Pablo Lettieri
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