ENTREVISTA CON GEORGI SEVA Y MAIA ROLDÁN

La alegría de la mezcla: el cruce de identidades que transforma el Hall del San Martín

Referentes de lenguajes tan diversos como el jazz y el folklore, Georgi Seva y Maia Roldán se unen para montar sendas coreografías para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. A través de un cruce de estilos que va desde el hip hop hasta las danzas afro, las coreógrafas proponen un programa donde la versatilidad de los bailarines y el contacto visual con el espectador son los protagonistas.

Las coreógrafas: Georgi Seva y Maia Roldán

 

Una es del mundo de la danza jazz y urbana, y es artista aérea, la otra viene del folklore, pero también se formó en hip hop y tango. Sus trabajos y estilos son muy diferentes, pero a la vez tienen puntos en común. Georgi Seva y Maia Roldán representan identidades que se encuentran y al mismo tiempo contrastan. Sus creaciones, Existo y Masaca, conforman así Identidades encontradas, el nuevo programa interpretado por el Ballet Contemporáneo, que reúne a dos coreógrafas que relatan haber bailado juntas en un puente (imagen que ahora resuena simbólicamente), para un video de la maestra norteamericana Ashlé Dawson. Existo y Masaca se caracterizan por la fusión, ya que cruzan el jazz, las danzas urbanas, el folklore y las danzas afro con la danza contemporánea. A simple vista pareciera que Existo está atravesada por el elemento del aire y Masaca con el de la tierra, pero lo cierto es que, en distintas dosis y alternándose, emergen los cuatro elementos en las dos coreografías. Los cruces en este programa están por todas partes y todo el tiempo. 

 

La concreción de un sueño

Ambas sienten que trabajar con la compañía de danza del San Martín es como haber entrado a las “grandes ligas”. ¿Cómo se dio este encuentro? Seva recuerda con humor y emoción: “Yo tuve el honor de que Andrea Chinetti (directora del Ballet) me viera en una función de Fuerza Bruta, entablamos una relación por redes, y un día me llamó cuando estaba en una gira por Corea. Me ofreció si quería hacer algo con la compañía y le dije: ‘¡¿Qué?! Decime cuándo, ¡pero anteayer ya llegué!’. Y agrega: “Yo tenía el sueño frustrado de entrar al Taller de Danza Contemporánea. Entré en la UNA (Universidad Nacional de las Artes), pero dejé porque no terminaba de encontrar mi lugar allí y, cuando quise entrar al Taller, ya era grande. Así que el vínculo con el San Martín se produjo finalmente de una manera muy inesperada. Estoy muy agradecida”.

Roldán coincide en ese “pendiente” con el Taller del San Martín y cuenta: “Un día recibí un llamado para participar de este programa y sentí miedo (risas), pero saber que lo compartía con Georgi, que estábamos las dos juntas, me dio más confianza. Sentía mucha presión, porque admiramos mucho el Ballet, es algo que siempre hay que ver, es una referencia y da la posibilidad de conocer el trabajo de grandes coreógrafos locales y extranjeros. Andrea me había visto en la compañía de Analía González. Y ahora voy entendiendo que le gusta la locura” (risas)

Al respecto Georgi también afirma, risueña: “¡Somos dos locas, dos sacadas! Yo siento una gran admiración por Maia, ya trabajamos juntas también siendo ella coreógrafa y yo bailarina. Es muy amorosa, tiene una gran calidad humana; lo más importante en cualquier proyecto, ya que sin amor, contención y grupo no se llega a nada. Roldán comenta: “No somos del mismo palo, pero estamos en la misma sintonía, tenemos la misma pasión. Ella es muy apasionada con lo que hace, mueve mucha gente, es muy inspiradora, la ves en Fuerza Bruta y es una inyección de energía, y yo estuve en El Choque Urbano, que tiene un carácter parecido”. “Vivimos un proceso muy lindo acá; aprovechamos mucho el tiempo que teníamos, estuvimos muy enfocadas. Georgi lo dio todo, fue como un soldado”, cierra Maia en este intercambio de impresiones y elogios.

 Existo de Georgi Seva 

 

De la matrix a la plenitud

Ya profundizando más en el abordaje mismo de las piezas, Seva explica que para ella fue un desafío inmenso crear una obra para el Ballet, porque viene del mundo más “comercial” (su experiencia va desde Lollapalooza, pasando por Showmatch, hasta giras con Tini Stoessel y Karol G): “Aunque yo sea coreógrafa, tenía que introducirme en este mundo más ‘académico’. Además, me gusta mucho la performance, la parte actoral en la danza. Armé Existo desde lo más profundo de mi alma en función de un proceso interno que atravesé. Primero me sentía chiquita y dormida en una matrix y luego empecé a creer en mí como profesional y persona, hubo un crecimiento. Quería plasmar eso en esta obra, confiar en que mi lenguaje, por más que sea muy distinto al cual el Ballet está acostumbrado, iba a ser bien captado. En charla con Andrea Chinetti y Diego Poblete (codirector del Ballet) les decía: ‘No quiero sólo que bailen, sino también llevarlos a ‘performear’, a un lugar más animal”. Asimismo, aclara: “La base académica está, porque las dos venimos de lugares que se asocian al ballet, pero en mi caso la idea era fundir y mezclar con los lenguajes de danza urbana (elementos de hip hop, voguing y otros estilos que me representan)”. Para trabajar mejor la fusión, convocó a Tian Aviardi, un artista que profundizó en la disciplina del voguing, para que les diera una clase a los bailarines, de manera que pudieran captar bien este estilo, que no es para nada académico y proviene de la escena ballroom de la comunidad LGBTQ+ afroamericana y latina en Harlem.  

En Existo, no sólo la danza, sino también el vestuario cuenta una historia. “Para este aspecto, me inspiré en lo que quería contar. Arranqué con la estructura de la sastrería, en tonos grises, con piezas intervenidas con un poco de romanticismo en las puntillas y encajes, sin género y con máscaras, donde el cuerpo aún no se reconoce más que como uno más…como ocultándose. Y a medida que transcurre la obra, van soltando esas versiones antiguas y apagadas de ellos mismos, y al mismo tiempo se van sacando las capas de ropa, como una cebolla. Hasta que quedan en prendas interiores, como señal que da espacio a la expansión y plenitud de simplemente ser”, repasa Seva.

 

Masaca de Maia Roldán

 

Habitar el gaucho 

Roldán relata que al principio estaba muy perdida. “Tenía que ser una creación especialmente para ellos, desafiante, y a la vez tenía que contar algo genuino, que me representase, pero no me venía nada. Por otro lado, en ese momento venía pensando en el ritmo del 6x8. Un día estoy en una clase de clásico en Dubai y de repente, en un frappé, suena un malambo; me trasladó a la Argentina, y a reflexionar sobre el 6x8, que te pone en otro lado. Tiene que ver con ese aspecto afro que tiene toda Latinoamérica, que te lleva a algo circular en comunidad. Así que hice una videollamada con mi primera profe de música de Laguna Paiva (yo soy de Santa Fe), para que me explicase cómo se divide en el pentagrama el 6x8. Corté emocionada y ahí se empezó a desatar todo, me di cuenta de que antes estaba forzando algo que tenía que llegar naturalmente, y llegó. Ni Georgi ni yo íbamos a hacer nada sólo porque había que hacerlo, somos fieles a nuestra intuición”. Al igual que hizo Seva con la clase de voguing, Roldán invitó a Seydou Vermont, maestro de afro, para que orientara mejor a los integrantes del Ballet, y a Javier e Isaac Gardella, bailarines, directores y coreógrafos de Los Potros Malambo, para entender cómo se para el gaucho, lo que emana, cómo siente el paso. “Quería que habitasen estos universos como en un juego. Ellos saben cómo hacerlo, porque son versátiles, todo el tiempo tienen que jugar a algo distinto”, afirma Roldán, que indaga mucho en la interpretación en la danza. “El otro día la vi a Lucía Bargados haciendo una media vuelta de cueca, ¡y era una china! Me quedé sorprendida con el nivel de interpretación, de escucha de su cuerpo”, recuerda emocionada. Respecto del particular título de la obra, Masaca, explica su polisemia: está ligada a la palabra “música” pero también, además de sonar percursivo, puede entenderse como “Más acá” (más cerca) o “Ma, sacá” (tirá para afuera). 

 

Mujer-micelio, hombre-río y la energía de lo urbano

En ambos casos las coreógrafas revelan que las secuencias de unísonos las trajeron muy preparadas, pero para ciertos solos y dúos investigaron más en conjunto con los bailarines. Así que en esos casos propusieron consignas y guiaron, pero coinciden en que podían confiar plenamente en los integrantes del Ballet, ya que terminaban quedando mejor incluso de lo que habían soñado. Roldán cuenta que llevó a los bailarines a habitar lugares pensados también en función de sus singularidades: “Me interesó mucho trabajar la conexión con el agua de Adriel Ballatore, que es de Paranacito, Entre Ríos, y trae todo el aire litoraleño y guaraní, esa esencia del río. O la relación de Daniela López con el flamenco que baila El pajarillo de María Elena Walsh y Leda Valladares, desde la propuesta de combinación de Chango Farias Gómez, que le da un color flamenco a la música también. Es una bailarina con una entrega y un trabajo con el grupo tremendos, yo le digo la ‘mujer micelio’ porque conecta a los demás por abajo con la mirada y la energía, los prende fuego”. Maia expresa como balance del trabajo con los bailarines: “Creo que las dos dimos todo lo que podemos de nosotras, de nuestro lenguaje, y nos brindamos a ellos, que son increíbles”. 

Las dos coreógrafas insisten en el disfrute, el sabor, la diversión y el goce que promovieron como elementos fundamentales en este programa, donde el Ballet despliega una vitalidad arrolladora que contagia al público del Hall Alfredo Alcón. “Es alto desafío el Hall”, afirma Georgi. Y señala: “En lo urbano, hay una energía que implica que tenés que mirar a los ojos, pero en la propuesta de ambas hay conexión con el público, hay contacto visual; así se vuelve todo más real, más humano”.

 

Epílogo. De bases y fusiones

¿Cómo ven el panorama de la danza hoy? ¿Qué piensan de la fusión de estilos y disciplinas? “La danza se aggiorna todo el tiempo, nosotras somos almas inquietas, nunca dejamos de aprender, todo el tiempo hay inspiración. Ahora la obra de Maia me inspira a aprender a bailar folklore, a volver más a las raíces”, reflexiona Seva. Y agrega: “Yo me formé en jazz, es mi primer amor, pero no hay nada que me divierta más que mezclar, es mi motor para moverme y compartir”. Por su parte, Roldán señala que, tanto en el San Martín como en las escuelas en general, “hay mayor conciencia y más iniciativa de empezar a bailar todo. El jazzero hace hip hop, el folklórico hace contemporáneo, y también está la conciencia de volver a las bases, que la juventud se acerque a hacer barra, saber hacer ante todo una pirueta, un relevé, independientemente del estilo que se elija bailar. Más allá de la apertura, hay que afinar”. 

Seva vuelve al Ballet para ponerlo como gran ejemplo en este sentido: “En la etapa de ensayos, cuando los bailarines empezaron a montar con nosotras, habían arrancado el día en la barra y a la noche estaban con funciones del programa de Stekelman y Bigonzetti. Este ritmo y diversidad les permite conocer más su cuerpo y sus posibilidades. Y cuanto más conocés tu cuerpo, más fácil es bailar cualquier estilo”. 

 

Victoria Eandi

 

+ info de IDENTIDADES ENCONTRADAS

INFORMACIÓN IMPORTANTE PARA EL DÍA DE LA VISITA: