CON MARCELO MININNO, AUTOR Y DIRECTOR

La caída repetida

Inspirada en el universo rioplatense del clásico En familia de Florencio Sánchez, Ateneo para una familia recorre las últimas décadas de la Argentina a través de una familia que podría ser cualquiera. En esta nota, el autor y director Marcelo Mininno reflexiona sobre la urgencia de una pieza que invita a pensar los vínculos más íntimos y nuestro ser nacional.

Carlos Furman

 

A través del realismo, la sátira o el grotesco, desde sus comienzos el teatro argentino ha explorado el tema de las relaciones familiares desde perspectivas diversas que incluyen tensiones generacionales, crisis económicas y secretos familiares. 
A principios de siglo, Florencio Sánchez conmovía a la escena con su drama En familia, estrenado en 1905 en el Teatro Apolo por los hermanos Podestá, compañía que ese mismo año montaba en el Teatro Argentino la comedia Locos de verano, de Gregorio de Laferrère, iniciando una época del oro para la escena nacional. 
Más adelante le llegaría el turno al grotesco, con títulos como Mateo de Armando Discépolo o El organito, también de Discépolo escrita junto con su hermano Enrique Santos, obras que muestran familias de inmigrantes desintegradas por la carencia afectiva y las dificultades económicas, en las que los valores del pasado chocan continuamente con las frustraciones del presente. 
A fines de los sesenta, Roberto Cossa y Carlos Gorostiza, dos pilares del teatro independiente y de la resistencia cultural durante la dictadura, incursionaron desde el Nuevo Realismo en la institución familiar (con Nuestro fin de semana y La Nona el primero, y con El acompañamiento, el segundo), mostrando la desesperación y el fracaso de las estructuras tradicionales frente a un mundo en crisis.  
Ya bien entrado el siglo XXI, el tópico de la familia “disfuncional” –léase conflictos internos, estructura desequilibrada, violencia y falta de contención– volvió con fuerza en obras que mezclan humor negro con realismo social: La omisión de la familia Coleman de Claudio Tolcachir, El loco y la camisa de Nelson Valente, De mal en peor de Ricardo Bartís, son sólo algunos ejemplos de una tendencia recurrente del sistema de representación, aunque con diferencias, variaciones y multiplicidad de tratamientos. 

 

Precisamente, esas diferencias, variaciones y multiplicidad de poéticas para abordar el tema hacen que no constituya un género fijo, por lo que cada época se lo apropia para procurarle un nuevo sentido. La potencia metafórica de la familia como espacio de memoria, identidad y conflicto, la vuelven indudablemente atractiva para la creación.
Ateneo para una familia, la nueva pieza de Marcelo Mininno –creador de la multipremiada Lote 77 y de Golpe de aire, estrenada en 2012 en el Teatro Sarmiento del Complejo Teatral de Buenos Aires— se inscribe en esa tendencia. Inspirándose en el mencionado clásico En familia de Florencio Sánchez, el autor creó una pieza contemporánea que transita las últimas décadas de la Argentina a través de una familia como cualquiera. Aunque confiesa que esa pieza fundacional del teatro rioplatense funcionó como un mero disparador: “ese universo poético me atravesaba”, dice. “Me puse a leer todo Sánchez. Creía que su escritura podía funcionar en mí como una semilla. Así, durante varios meses, fui disertando en soledad esa pieza escrita en 1905 para los Podestá y que hoy sigue siendo un referente de la desintegración familiar. Pero más allá de ese texto iniciático, también tomé lo que me daban los actores, su energía, los vínculos que aparecían en los ensayos que se potenciaban, sus particularidades. También mi propia situación personal me invadía: mi madre falleció un agosto, en la mitad de la escritura, y meses después partió mi padre. Todo ese vacío lo volqué en el material. El arte, eso que nos salva”. 

 

"El quebranto material, la pérdida de los vínculos familiares, son patrones que se repiten a pesar de los cambios de gobierno. De todo esto nace Ateneo para una familia, de las preguntas que pudimos hacernos sobre nuestra propia argentinidad”.

 

Sobre la actualidad de la pieza escrita por Florencia Sánchez, un drama psicológico que a comienzos del siglo XX atacaba el mito del “dulce hogar” postulado por la familia burguesa, Mininno asegura que “muchas familias podrían repetir las peripecias que cuenta la pieza. Pero yo no leía solamente eso. También especulaba acerca de la inevitabilidad de una tragedia que se repite desde el 1900. La caída en la desgracia económica. En la pieza original, Sánchez muestra a un padre ludópata que arrastra a toda la familia, pero la hipótesis que trabajé en mi dramaturgia fue la de una familia arrasada por las políticas económicas que no dejan de exponer, de alguna manera, la idea de una permanente timba nacional. Y ya no se trataba solo de una familia, si no de todas: la familia argentina. Pensaba en ciertos tópicos que me permitieran hacer ver, en esa familia, a una familia como todas. Durante meses escribí sobre sus esfuerzos y desgracias. Desde otro costado, me aparecía con mucha potencia la idea de repetición, de patrones, de surcos aprendidos familiarmente. Y también el pensar libremente. Creo que Ateneo para una familia tiene la fortuna de dejarnos muchas preguntas para pensarnos como sociedad”.
El director asegura que, tras escribir para alcanzar una primera versión y una estructura general, trabajó mucho con los actores para ir descartando material y tomando de ellos todo aquello que propusiera un juego inspirador. “A mí me gusta que la puesta posible se desprenda del trabajo actoral. Les pedía a los actores que compartan imágenes sensibles, íntimas, de sus propias familias… muchas veces improvisando. Todo resultaba un insumo de creación. El texto final recién pude presentarlo en la etapa de ensayos dentro del Complejo Teatral y durante dos meses nos dedicamos a trabajar seis horas diarias para que la pieza comenzara a emerger”.
Junto con el impulso inicial en la escritura que ofrecía la pieza de Florencio Sánchez y el trabajo con los actores, el momento personal del autor y director influyó de manera decisiva y hasta proporcionó un elemento que funciona de significante en el desarrollo de la obra: “Durante el duelo por la muerte de mis padres, heredé un acoplado lleno de lana cruda de oveja que papá aún no había desechado. En la actualidad, el mercado de la lana resulta una tarea imposible para los pequeños productores y esa realidad resultó una metáfora insuperable para la pieza. El quebranto material, la pérdida de los vínculos familiares, son patrones que se repiten a pesar de los cambios de gobierno. De todo esto nace Ateneo para una familia, de las preguntas que el equipo pudo hacerse sobre nuestra propia argentinidad”.

 

"No tengo ninguna duda de que a mis materiales los completa la mirada del público. Y eso lo dejo en evidencia. Me interesan las pulsiones, los cuerpos atravesados por lo vulnerable. Como dije, las preguntas más que las respuestas. Me interesa el ejercicio teatral, exponer lo escénico sin miramientos”.

 

A pesar de que a Mininno le cuesta encontrar alguna continuidad, ya sea formal o en el desarrollo de ideas o narrativas, entre la pieza estrenada en el Teatro de la Ribera y sus obras anteriores, en su corpus escénico aparecen ciertas constantes que parecen repetirse. “No soy un dramaturgo muy prolífico”, declara. “Además de Lote 77 y Golpe de aire, mis piezas estrenadas, sólo he montado otras obras en mi papel de pedagogo, acompañando la creación grupal de varios proyectos de graduación de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático. Pero aún me cuesta pensar en similitudes y diferencias, aunque finalmente siempre parecen interesarme las mismas cosas. A grandes rasgos, puedo decir que Lote 77 proponía la deconstrucción del varón histórico para preguntarnos sobre la masculinidad en la actualidad. Y Golpe de aire reflexionaba sobre el valor de las palabras y el arte en la vida cotidiana. Creo que Ateneo para una familia también abre la posibilidad de cuestionarnos qué tipo de familia, de sociedad somos capaces de procurarnos. Y de qué forma podemos vincularnos con los demás. Sí puedo reconocer que no me interesa sólo lo narrativo, sino fundamentalmente aquello que queda latiendo después de la función. No tengo ninguna duda de que a mis materiales los completa la mirada del público. Y eso lo dejo en evidencia. Me interesan las pulsiones, los cuerpos atravesados por lo vulnerable. Como dije, las preguntas más que las respuestas. Me interesa el ejercicio teatral, exponer lo escénico sin miramientos”. 


A propósito de lo escénico, para conformar el elenco de Ateneo para una familia el director seleccionó a seis actores egresados con los mejores promedios de la EMAD, quienes recibieron la Beca “Familia Podestá”, cuyo beneficio consiste en ser contratados para trabajar en el Teatro San Martín. Diego Berone, Leila Ducrey, Catalina Fusari Picollo, Benjamín Marco, Paula Rozenwurcel y Jonás Volman se sumaron así al elenco encabezado por los “profesionales” Agustín Rittano, Malena Figó, Karina Antonelli y Horacio Marazzi. “Ya cuando las autoridades del Complejo Teatral me convocaron para dirigir, me puse rápidamente a imaginar una pieza que pudiera contener a un elenco de diez actores, con la particularidad de incluir a seis egresados de la EMAD que hubieran obtenido la Beca “Familia Podestá”. Siempre es alentador contar con el entusiasmo de nuevos talentos, pero no quería incorporarlos en papeles menores. Quise que a esos actores no les pasara que, al cumplirles finalmente la Beca, solo pudieran hacer un paso de comedia, sin demostrar todas sus capacidades. Recuerdo con mucha ilusión cuando yo mismo egresé de la Escuela en 1998 y también recibía esa Beca. El entusiasmo y la predisposición al encuentro con un trabajo profesional, pago, en uno de los teatros más importantes del país, es un salto esperado por todos los actores. Desde 2001 soy profesor de actuación en la EMAD, casi 25 años al servicio de la formación artística, por lo que me sentí obligado a aceptar la propuesta. Me tocó el corazoncito darme cuenta de que podía darle trabajo a quienes veía, como a tantos otros estudiantes, esforzándose por enriquecer su vocación. Darle calidad y acto a un oficio que requiere mucha fe”.
Inscripta en esa progresión de obras que abordan los vínculos entre lo íntimo y lo colectivo como disparadores del conflicto, Ateneo… explora la memoria familiar en el contexto de las últimas décadas de la Argentina. “Si Florencio Sánchez fue el padre de un realismo rioplatense comparable a un Ibsen en su tiempo, yo necesitaba desplegar algo más de identidad grotesca”, dice Mininno. “Claro que todo fue consecuencia de los ensayos. Al principio, sólo podía darme cuenta a través de breves impresiones. Porque vivimos una realidad tan grotesca que no sabría cómo pensar una ficción tan bruta que pudiera hacerle competencia a la realidad. Entonces… ¿qué podemos representar hoy? A partir de la mirada de quienes narran y de las canciones, incluso de la exposición al público, pienso que resultó un teatro de tinte más político, al que siento hoy muy necesario. Casi un teatro urgente”.

 

Autor: Pablo Lettieri

+ info de ATENEO PARA UNA FAMILIA

INFORMACIÓN IMPORTANTE PARA EL DÍA DE LA VISITA: