LA CALÒRICA: ¨ÉXITO ES SENTIRNOS ORGULLOSOS DE LO QUE HACEMOS”
La compañía catalana llega al Teatro San Martín con una inteligente y divertida sátira inspirada en Las aves de Aristófanes, “el proyecto más absurdo y ácido del grupo”. A través de esta entrevista con el director Israel Solà, La Calòrica deja entrever las razones por las que viene acumulando aplausos y premios: un teatro comprometido, ambicioso y festivo, lleno de humor y de apariencia informal pero cargado de intención política, que denuncia entre risas el auge del populismo neoliberal y sus sutiles mecanismos emocionales.
Anna Fábrega
“El nombre de La Calòrica viene de hacer un teatro de olla, con muchos ingredientes, a fuego lento… ¡y muy calórico, claro!”. Así cuentan que surgió el nombre de esta compañía, la más aplaudida de la escena española, que llega por primera vez a la Argentina para presentar uno de sus espectáculos más exitosos: Las aves, una versión muy libre de la célebre sátira de Aristófanes.
La visita de la compañía catalana se produce cuando se encuentran cumpliendo quince años de existencia manteniéndose fiel a los principios que sus integrantes se propusieron cuando se graduaron del Institut del Teatre de Barcelona: hacer un teatro ambicioso, comprometido y en el cual todos los lenguajes que intervienen en el hecho teatral trabajen juntos y sean tratados con la misma profundidad.
Más preocupada por llegar hasta el fondo de cada uno de sus proyectos que en encontrar una fórmula y repetirla, La Calòrica ha preferido ahondar territorios estéticos y conceptuales diferentes. Su singularidad radica en que no se repiten. Arriesgan y sorprenden, y cada nuevo espectáculo representa un desafío, tanto para el público como para la compañía. “Nos gusta mucho ponernos a prueba, no contentarnos ni hacer siempre lo mismo”, dice Israel Solà, director de los espectáculos de la compañía, pocos días antes de su arribo a Buenos Aires.
Entre sus espectáculos más importantes, La Calòrica creó y produjo Feísima enfermedad y muy triste muerte de la reina Isabel I (2010), L’Editto Bulgaro (2012), La nave de los locos (2013), Bluf (2014), Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda (2015), El Profeta (2016), Fairfly (2017), De qué hablamos mientras no hablamos de toda esta mierda (2021), y la más reciente La berrea del ciervo (2025), todos ellos merecedores de distintos premios además de una excelente acogida por parte del público y la crítica.
En Las aves (Els Ocells, 2018), que presentarán en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, La Calòrica se apropia de la sátira de Aristófanes para contar la aventura del joven empresario Pistetero y su compañera Evélpides, quienes no pueden volver a casa ni tampoco se les ocurre dónde podrían vivir la vida cómoda, relajada y libre de impuestos que anhelan. A partir del encuentro accidental con una inocente abubilla en mitad del bosque, se plantean un cambio de estrategia: ¿Y si renuncian a su condición humana y se convirtieran en aves? O todavía mejor: ¿y si convencen a las aves del mundo para crear una nueva sociedad basada en los principios fundamentales de individuo, propiedad y competencia?
Además de la reflexión política, del carácter crítico y comprometido de sus producciones, el uso del humor para abordar los asuntos más serios es, sin dudas, la principal característica de La Calòrica, además de la búsqueda de un público amplio. “No queremos hacer un teatro para que se discuta en un pequeño círculo social, sino que produzca un pensamiento colectivo que muchos puedan sentirlo. Y por eso nos gusta salir de los círculos habituales y llevar nuestros espectáculos en otros espacios”, dice Solà.

―En 2025, La Calòrica cumple 15 años de existencia. ¿El aniversario les ha estimulado a lanzar una mirada retrospectiva? ¿Qué ven cuándo miran hacia atrás, a los tiempos de sus comienzos?
―Siempre que cumples años es un buen momento para hacer balance. Y supongo que, al ser un número especial, todavía más. Al mirar hacia atrás, no podemos evitar sentir que nos hemos hecho mayores. Tenemos la misma ilusión ante los proyectos, pero con una mirada más madura. Cuando cumplimos 10 años, remontamos el primer espectáculo de la compañía, Feísima enfermedad y muy triste muerte de la reina Isabel I (2010) y fue evidente que la energía de aquellos jóvenes había modulado hacia creadores más experimentados, con más peso y más poso. Aun así, es bonito reconocer la ilusión por el teatro y por las ganas de cambiar el mundo con lo que hacemos y lo arriesgado de nuestras propuestas. Esos estudiantes que hicieron su primer montaje vestidos de época y hablando en verso mientras el resto del mundo prefería el teatro minimalista y postdramático, siguen viviendo dentro de nosotros, no conformándonos con una fórmula que funcione y reinventándonos a cada montaje.
―A poco de empezar su andadura la compañía alcanzó cierto reconocimiento y hoy gozan de un prestigio que va trascendiendo las fronteras de España. ¿En qué medida esa estimación influye en las relaciones del grupo y en sus creaciones?
―Evidentemente, una compañía necesita una gestión de grupo a lo largo del tiempo para conseguir sobrevivir. Y aspectos como el ego, las metas individuales o la vida personal son elementos con los que hay que lidiar para no enquistar problemas. Realmente, la estimación y el reconocimiento nos ha ayudado a poder tener más recursos para trabajar y eso ha sido un gran espaldarazo, porque la precariedad en el trabajo es lo que más destruye un proyecto artístico. A la vez, hemos aplicado mecanismos de cuidados emocionales y hemos aprendido a lo largo del tiempo a redefinir con sinceridad las necesidades individuales para gestionar y encajar mejor el grupo. Somos como una pareja abierta, que necesita mucho trabajo, confianza y conversación para poder perdurar.
―¿Cuáles son los referentes –históricos y actuales– de La Calòrica –si es que los hay– que más ha influenciado al grupo por el tipo de humor que ustedes desarrollan?
―Las compañías catalanas de los ochenta y noventa son claros referentes: el Teatre Lliure, La cubana, Els Joglars, T de Teatre. Y entre los internacionales, sin dudas todo Dario Fo. Pero también bebemos mucho de Los Simpsons, los Monty Pyithon, Little Britain, Ricky Gervais y muchos otros cómicos contemporáneos.

―¿Cómo surgió la idea de Las aves, el espectáculo que van a presentar en Buenos Aires? ¿Cómo la caracterizan en relación con el resto de las obras que conforman el repertorio de la compañía?
―Las aves nació cuando nos dimos cuenta de que los dos pilares fundamentales de la compañía, la comedia y la sátira política, tienen un mismo origen. Nos pareció muy curioso que tanto la democracia como la comedia nacieran en el mismo momento en la Antigua Grecia. Sin duda había alguna cosa que las conectaba. Y decidimos que sería un gran proyecto para nosotros investigar sobre ello. Y sobre la vigencia de los textos de Aristófanes. Pero no queríamos hacerlo usando el texto original, plagado de chistes y referencias a su época, sino que queríamos desgranar los mecanismos que usaba, la estructura y la poética, y traducirla a un texto nuevo desde la poética y la estética actual. El resultado es Las aves de La Calòrica, el proyecto más absurdo y ácido de la compañía. Un espectáculo que te revienta la cabeza por lo inesperado de su trama, su sentido del humor y lo afilado de sus dardos.
―Ahora que han comenzado a girar con mayor frecuencia, ¿las resonancias que encuentran sus obras en el exterior son muy diferentes a las que se producen en Cataluña? ¿Adaptan sus espectáculos cuando se presentan en otros países europeos?
―Hacemos pequeñas adaptaciones de algunas referencias sobre política local que cuando vamos al extranjero. Cambiamos por referencias más internacionales. Pero curiosamente, hemos descubierto que en un 95% el humor y los temas tratados en la pieza son transversales en todo el mundo, si bien descubrimos que algunos aspectos puntuales cambian de un lugar a otro. Siempre contamos una anécdota muy curiosa. Hay un gag en la obra sobre la Iglesia que es el más aplaudido y el que más hace reír en España. Pues en nuestra primera presentación en Italia, todo estaba funcionando muy bien ―incluso a pesar de tratarse de una comedia con sobretítulos―. Pero cuando llegamos a ese gag, el silencio fue sepulcral. No hubo ni una risa. A nosotros nos sorprendió mucho, pero luego, hablando con los responsables del teatro, nos comentaban que la sociedad italiana no hace bromas sobre la Iglesia, supongo que por la influencia del Vaticano. Descubrir cosas así es muy divertido.
―¿Hay casos en que notan que el paso del tiempo requiere ajustes en alguno de los espectáculos?
―Sí, siempre. Pero son menores. Y tienen que ver más con los sucesos mundiales. En 2012 hicimos una obra sobre Berlusconi, L'Editto Bulgaro, que acababa de una manera. Pero a lo largo de los años, la actualidad fue cambiando, terminó condenado, reelegido como presidente, murió. Y eso provocó que tuviéramos que readaptar pequeñas cosas.

―¿Qué expectativas trae la gira que comenzarán por Latinoamérica?
―Pues lo vemos como un primer paso para llevar nuestro teatro por todo el mundo. El teatro de texto, y sobre todo la comedia, gira mucho menos que la danza o la ópera. Pero La Calòrica tiene la voluntad de ser un teatro que alcance mucho público. No quiere quedarse reducido a un recorrido pequeño o a un grupo selecto, sino que le gusta crear impacto en el mayor número de personas. Y poder compartir nuestro teatro con espectadores que viven a miles de kilómetros de distancia. Construir puentes entre nosotros es una idea que nos atrae mucho.
―¿Les resulta difícil a veces ensayar la sátira política cuando ciertos protagonistas de la realidad parecen superar todo intento de ridiculizarlos?
―Absolutamente. Hay cosas que, si las escribiéramos de cero, nadie las creería por inverosímiles. Pero como dice esa expresión, “la realidad supera la ficción”. A la vez, tenemos cuidado con no blanquear a los personajes de los que hablamos. El humor no debe tener límites. Pero cuando haces humor hay que tener muy claro quién es el oprimido y quién el opresor. Y al servicio de quién o de qué pones tu discurso.
―¿Cómo es el proceso de construcción de los espectáculos? ¿Está más o menos normalizado o cada nuevo proyecto requiere diferentes estrategias?
―Tenemos una base que más o menos hemos ido destilando a lo largo del tiempo, pero que siempre reestructuramos según las necesidades de la compañía o del proyecto. Normalmente, comenzamos con un proceso colectivo donde los actores y las actrices, el dramaturgista Joan Yago y yo, hablamos del tema, de lo que nos apetece hablar, de cómo nos gustaría que fuera el nuevo espectáculo. Si queremos que haya más de un personaje por actor o solo uno. Esta parte es muy colectiva y todo vale. Cuando tenemos una idea clara, comenzamos a tirar del hilo. Normalmente creando una escaleta y comenzando con algunas ideas de escenificación donde el escenógrafo y el figurinista entran en juego. Lo interesante es que muchas veces, cuando Joan se encierra a escribir, ya tiene mucha información sobre el espacio y el casting. Esta manera de trabajar en paralelo nos ayuda a que el resultado sea más compacto y que todos los elementos de la función puedan ser producto o motor.

―¿Cómo ha resultado la experiencia de trabajar con actores invitados?
―Muy buena. Regenerar el ambiente con energía nueva es otro de los mecanismos para ayudar a la evolución de la compañía. Además, somos todos creadores y creadoras de una edad similar, y eso produce una impronta muy generacional a nuestros espectáculos. Así que sumar profesionales de diferentes edades nos parece lo más enriquecedor que podemos hacer.
―¿Cuáles son sus opiniones en relación con las nuevas tecnologías aplicadas a la escena?
―A nosotros, las escenas híbridas y las tecnologías aplicadas a la escena nos resultan estimulantes. Si bien La Calòrica no cultiva esa dinámica, somos fans de muchas propuestas que sí lo hacen. Aunque como en todo, las hay más acertadas y otras que resultan estupideces supinas. Pero como en el teatro de texto más clásico.
―¿Cuáles son las apuestas de La Calòrica en relación con el futuro?
―Nos gustaría poder hacer más teatro, continuar evolucionando e investigando sobre la teatralidad y el humor. E investigar sobre otros géneros como el audiovisual, donde recientemente dimos nuestros primeros pasos como compañía, al estrenar la serie Sala Polivalent en la plataforma 3cat.
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