ENTREVISTA CON GUSTAVO GONZÁLEZ, AUTOR DEL MUSICAL QUE SE PRESENTA EN EL TEATRO ALVEAR

Little Way at the Bitter Suburb (un breve paseo por el suburbio amargo)

Un supuesto encuentro en un camarín entre Carlos Gardel y Frank Sinatra anima el musical que se presenta en el Teatro Alvear. Gustavo González, autor junto con Raúl López Rossi del espectáculo, revela las intimidades de esta novedosa experiencia escénico-musical que recrea el repertorio gardeliano bajo nuevas formas.

Carlos Furman

Dicen que las mentiras, de tanto repetirse, se transforman en verdades. Así que bien podría haber sucedido que Carlos Gardel y Frank Sinatra se encontraran en Nueva York cuando Gardel era una estrella fulgurante en el mundo de la canción y Sinatra apenas un purrete cargado de sueños planetarios. Como leyenda es fascinante: mientras Gardel filma sus películas para la Paramount y se presenta en los estudios radiofónicos de la NBC en diciembre de 1934, Sinatra se cuela en su camarín y le saca información sobre cómo ser un gran cantante. ¡Gardel mentor de Sinatra, mi doña Berta querida! Pero bueno, qué le vamos a hacer, la vida tiene luces y sombras así de largar por igual: esa hipotética amistad de todas maneras se vería tronchada apenas unos meses después por el infausto destino gardeliano, cuando el 24 de junio de 1935 el Ford Trimotor F-31 de la empresa Servicio Aéreo Colombiano chocara contra otra unidad que esperaba para despegar del Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín. El mito rioplatense había nacido a la inmortalidad, como le debe suceder a los auténticos mitos. Por eso, en la ciudad a la que aún le canta Gardel, a “dos bichos publicitarios que por suerte trabajaron muchísimo para el cine y para el teatro”, se les ocurrió hacer realidad la leyenda urbana y Cuando Frank conoció a Carlitos. Un encuentro imaginario superó el hado pandémico que parecía detener para siempre el encuentro entre el Zorzal Criollo y Blue Eyes, y se transformó en una película que hasta interesó a Disney y se estrenó en la plataforma Disney + en 2023. Este año, el Teatro Presidente Alvear será la casa que albergue el sueño compartido por Gustavo Manuel González y Raúl López Rossi. Y en el corazón de la calle Corrientes, un Gardel en la cúspide le intentará explicar lo que es el tango a ese pebete que se transformará en Sinatra. 

–¿Cómo surge la idea de trabajar este encuentro imaginario entre Gardel y Sinatra?
–Con mi socio, Raúl López Rossi, un día nos juntamos porque había una pequeña posibilidad de hacer una obra de teatro, muy chiquita, en una sala del Abasto. Y pensamos que sería interesante hacer algo de tango para turistas. Como los dos somos fanáticos de los musicales, nos lanzamos. Entonces nos encontramos con esta especie de mito urbano que circula en las redes, que habla del encuentro entre Gardel y Sinatra, y concluimos que era un punto de partida ideal para un musical. No dijimos: “imaginate si Sinatra se metiera en el camarín de Gardel y le empezara a preguntar sobre las letras, sobre las razones, sobre el sentimiento del tango… a lo mejor hasta se ponen a cantar”. Y nos dimos cuenta de que podíamos hacer un dúo interesante entre las dos voces más grandes de América. ¿Y si el repertorio de Gardel uno lo canta en castellano y el otro en inglés? Ese fue el principio. El desafío fue traducir las letras de los tangos al inglés, un trabajo que nos llevó cuatro o cinco meses, porque tratamos de encontrarle la vuelta a cómo se dice “arrabal”, a algunos piropos y frases. No como se dicen ahora sino cómo se decían en la época en la que se escribieron. Por ejemplo, el tango Leguisamo solo empieza con “Alzan las cintas”, un modismo de los sitios de largada en las carreras de caballos, que refiere a la cinta que frenaba a los caballos. ¿Cómo decimos eso en inglés si ya ni siquiera se usa en castellano? Fue un desafío traducirlo. Pero vimos que empezaba a funcionar y que los tangos en inglés, con un “mood” más jazzero, resultaban una música nueva. Nos entusiasmó desde lo musical y también la química entre ellos, cómo crecía esa relación, desde el punto de vista teatral.

–¿Hay un correlato entre los personajes reales de Gardel y de Sinatra o es pura ficción?
–De Gardel sí, porque obviamente la época y su figura en el clímax de su carrera está mucho más documentada. Pero al mismo tiempo, como decimos nosotros, tratamos de mostrar un Gardel en calzoncillos, ese Gardel de entrecasa que no conocido. En las películas, siempre lo vimos como un personaje, muy impostado. Así que inventamos un Gardel más cercano y que funciona muy bien gracias al trabajo de Oscar Lajad, un actor brillante, que genera una gran empatía con entre el público. Entonces, en Gardel hay más indagación en la persona real: cómo hablaba, cómo se expresaba, qué frases e insultos usaba. En cambio, cómo era Sinatra a los dieciocho o diecinueve años, es puro acto de imaginación, porque al menos para nosotros es un misterio. Sí nos abocamos a investigar el argot de la época para coachear a Alan Madanes, el actor que interpreta a Frank, que también está fantástico. Nadie sabe cómo era Sinatra en esa época, así que lo imaginamos como un pibe que recién empieza, un pibe medio de la calle, más lumpen, pícaro. Y sobre esa base construimos un personaje medio italiano, un poco americano.

–Un porteñito del Bronx…
–¡Exactamente! ¡Un porteñito del Bronx!

–¿Hay cambios para la versión escénica respecto del guion de la película?
–En realidad, el guion de la película es la primera versión teatral. Así que los cambios para la película tuvieron que ver más que nada con la edición, porque permite hacer cosas que al teatro le resultan imposibles. Ahora volvimos al libro original. Agregamos un tango y situaciones coreográficas, porque también nos parecía que la obra ganaba con más baile. Básicamente es el mismo arco argumental, pero lógicamente la puesta en escena es muy distinta. Y claro, en el teatro esperamos que vengan los espectadores. Lo que implica un componente de mayor estrés, de vértigo, de imaginar cómo la obra puede crecer en cada función. Y resulta mucho más emocionante. Nos encantó ver la película en la plataforma, pero el vivo es el vivo. Es impresionante verla sobre el escenario, a todo trapo y en plena calle Corrientes.

 

Autor: Carlos Diviesti

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