Lucha y teatro... estrategia y locura
El desplome de un ídolo popular, un luchador de catch, desde la cima del aplauso hasta el escupitajo callejero, es la metáfora elegida por Gonzalo Demaría para contar la tragedia de un país que creció admirándolo y que ahora, embarcado en una guerra imposible, lo usará de chivo expiatorio.
Carlos Furman
Las historias que cuentan el auge y la caída de un personaje fascinan porque son parábola de toda vida humana, no solo de las heroicas. Todos alcanzamos alguna especie de cénit, por mínimo que sea, para desaparecer en el ocaso. Cuanto más alto el pico alcanzado, más espectacular el derrumbe. Por esta misma razón, cuanto menos encumbrados estemos los espectadores del drama de un héroe, mayor será el consuelo por nuestras caídas comparativamente al ras.
Si el catch es una mezcla de lucha y teatro, la guerra es una siniestra combinación de estrategia y locura. La estrategia requiere el cálculo de un táctico. La locura se desparrama desordenada desde el entorno del estratega hasta el pueblo que lo sufre.
La Guerra de Malvinas, que enfrentó a la Argentina con Gran Bretaña, tuvo poco de estrategia y mucho de locura. Mi recuerdo infantil es el de ese programa de televisión monstruoso, una transmisión inédita de 24 horas seguidas, donde se presentaron casi todos mis ídolos de la pantalla para recaudar el llamado fondo patriótico.
Una viejita, la gran comediante italoargentina Pierina Dealessi, casi nonagenaria, se quitó en cámara sus pendientes de oro para donarlos a la causa. Murió meses después de la derrota, cuando corrían los rumores sobre el desvío de los fondos donados. Su tragedia, mínima al lado de la sufrida por nuestros jóvenes inmolados en el frente de batalla, me sigue conmoviendo. Como el Sansón de nuestra fábula, Pierina venía del espectáculo, era una figura popular y estaba en su declive. La guerra los despojó a ambos de lo último que les quedaba: a Pierina de sus pendientes, a Sansón de su dignidad.
Autor: Gonzalo Demaría
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