Magia y hechizo
Los titiriteros que interpretan los roles principales de la comedia musical que se estrena en el Teatro Sarmiento responden dos preguntas que permiten al lector adentrarse en los secretos de un oficio milenario, tan misterioso como fascinante.
Carlos Furman
1. ¿Cuál es la mayor exigencia escénica que enfrenta un actor titiritero?
2. ¿Qué tiene más peso en este espectáculo, la actuación para el musical o animar al títere en función del musical?
Emmanuel Abbruzzese Motta, Remigio Verdiales1. El oficio del titiritero es, siempre, un desafío a transitar, aunque en mi caso no lo siento como una exigencia. Implica aprender a trabajar profesionalmente desde las emociones, porque la labor principal es darle vida a un objeto que en la escena se transforme en un personaje con voz y movimiento, y abra la puerta a un mundo de fantasía donde todo es posible. Sólo así se puede hacer poesía con lo triste y lo bello de este mundo, que en este caso implica interpretar el gran mensaje de esta hermosa obra. 2. Creo que ambas opciones van de la mano y no podrían darse una sin la otra. Como si fuese una triangulación de energías, que desde la música y la historia le dan vida al alma del títere y, a través de él, develan la presencia del cuerpo en acción. Cantar, bailar, titiritear, todo eso hace a la actuación. Y sobre todo a la conciencia de la conexión grupal en escena para sostener esa suerte de mística del títere, que convive con todos quienes integran la escena. |
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Gabriela Zamboni, Carmen Muzzuppapa1. El mayor placer que siento en mi trabajo se da cuando el público deja de ver a alguien que manipula un títere y sólo siente su presencia. Cuando nos convertimos en un solo ser. En este caso, que además de titiritear, actuamos, creo que el mayor desafío es darle a Carmen toda la energía que exige –porque es una comadreja muy dramática y le encanta estar en escena–, y eso me obliga a dar lo mejor de mí actuando, para que, lejos de que el factor humano compita con el títere, podamos amalgamarnos. 2. Así como el musical sirve para transmitir lo que solo puede expresarse cantando y bailando, el lenguaje de los títeres permite expresar aquello que sobrepasa lo humanamente enunciable. Por eso son tan maravillosos y despiertan tanta ilusión verlos en escena. Cada títere tiene su propia ley, su propio código. Y no por ser un títere se le puede exigir cualquier cosa porque sí. Un títere camina a su manera, mira a su manera, habla a su manera, canta a su manera. El títere siempre tiene que estar vivo para que el mensaje de la obra llegue al corazón. |
Fernando Morando, Tremebundo Sarcasmo1. La mayor exigencia escénica del titiritero es lo corporal, lo físico. A veces hay que hacer movimientos y posturas para que el títere se vea creíble y el espectador lo tome como algo que realmente sucede. Tengo que lograr que no me miren a mí, en el caso de la manipulación directa, porque si el espectador mira más al titiritero que al títere, hay algo que está fallando. 2. Tanto en este proyecto como en mi tarea como titiritero en general, lo principal es que el títere se distinga bien, se le crea o resulte totalmente verosímil. Y para eso es necesario una actuación genuina. Lo que nos sucede a todos los titiriteros es que intentamos desaparecer lo más posible, según la técnica. Por eso, cuando hacemos manipulación directa o títere de mesa, casi siempre estamos vestidos de negro o con capuchas, como para que toda la intención esté pasada al títere. No es lo mismo cuando tenemos el retablo y estamos tapados: ahí resulta más fácil, porque no se ve al titiritero y la vista del va directamente al títere. Pero también está la tarea de traspasarle las intenciones del personaje al títere. Y en este proyecto, como cantamos, bailamos y actuamos, todos nosotros estamos muy presentes en escena. No es que represente una dificultad, pero ir y venir con eso –que al títere le pase lo mismo que a nosotros, tal como nos pidió el director–, es realmente un desafío. |
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Autor: Carlos Diviesti
+ info de Remigio Verdiales, un carpincho

