Oriente sin espejismos: el realismo poético de un fotógrafo sudamericano
Gabriel Giovanetti, un “navegante de la luz”, explora la milenaria Ruta de la Seda en un ensayo visual que combina la observación antropológica con la sensibilidad artística para revelar la huella humana en los paisajes de la espiritualidad oriental.
Gabriel Giovanetti
Hay un Oriente exótico, mágico y suntuoso. El de Las mil y una noches, con sus desiertos inmensos, sus bazares bulliciosos y sus palacios deslumbrantes, envueltos en un aire fantástico, de misterio y ensueño.
Pero hay otro Oriente, el que Gabriel Giovanetti ha fotografiado con su mirada sudamericana. Mejor aún, argentina. Con la sensibilidad del artista y la observación del antropólogo. Un Oriente de polvo y de pobreza, de marginación y soledad, de sol implacable de día y de frío mortal en la noche.
Las imágenes de Giovanetti invitan a un viaje en el tiempo y, por lo tanto, en la historia, por los caminos que abrió el comercio en las inmensidades del Asia, desde la China hasta las ciudades míticas de los cuentos árabes: Basora, Bukhara, Samarkanda, pasando por la belleza irreal de la arquitectura hindú y también por la flagrante miseria de tugurios que bien podrían encontrarse en la periferia de nuestra Buenos Aires.

Para Hilda Lizarazu, música y también fotógrafa, Giovanetti no era sólo un experto con la imagen, sino un “escalador de montañas y de palabras, que se anima a lo vertiginoso en el filo mismo de una roca”. En el texto que acompaña la muestra, ella destaca la sensibilidad casi mística del fotógrafo, describiéndolo como “el que se detiene a mirar un atardecer en la montaña como quien escucha un secreto”.
Según Lizarazu, Giovanetti “capturó la naturaleza, las sombras y a las personas, revelando los secretos que esconden los antiguos minerales”. Esta búsqueda incansable se apoyaba en una fisonomía de artista comprometido: “Tenía ojos grandes de observador, de esos que disfrutan cada detalle con alma sibarita”, afirma y también resalta su carácter de “caballero entrañable” y “hombre curioso, de corazón abierto y mirada amplia”.

Resultado de los múltiples viajes realizados por el autor a lo largo de la Ruta de la Seda, sus imágenes retratan un mundo que parece detenido en una Edad Media, fuera de la Revolución Industrial, mostrándose feudal y hostil a la máquina, la velocidad y el estrés de la vida moderna. La naturaleza, las personas y las sombras, buscando revelar los secretos ocultos en los "antiguos minerales" y navegando entre luces, vientos y sedas.

El crítico y ensayista Ernesto Schoo, en el prólogo del libro con el mismo título que publicó Giovanetti, coincide con la visión de Lizarazu al señalar que el artista no subraya los contrastes, sino que simplemente los señala, capturando en el polvo y la marginación la “dignidad de reyes en el exilio” de sus protagonistas. Es un mundo donde Giovanetti “aprendió a vivir y a fotografiar a toda velocidad, como si cada instante fuera único”.
+ info de LUZ DE ORIENTE