FESTIVAL “EL TORNILLO”: UNA CREACIÓN COLECTIVA DE LOS TRABAJADORES DEL COMPLEJO TEATRAL

Tras una locura luminosa

En homenaje al genial Benito Quinquela Martín y su “Orden del Tornillo”, cuyo imperativo era “darle coherencia a la locura" y ser cultores del Bien, la Verdad y la Belleza, el Teatro de la Ribera será escenario de un festival realizado íntegramente por los trabajadores del Complejo Teatral de Buenos Aires. Su finalidad es estimular la producción artística de quienes habitualmente están siempre detrás (o debajo) del escenario, promover la autogestión y ofrecer a la comunidad una serie de espectáculos de calidad con los recursos técnicos, el espacio y el capital humano del CTBA.

Por Daniela Cabral

El Teatro de la Ribera fue donado por el artista plástico Benito Quinquela Martín y se inauguró en 1971. Desde entonces, fue escenario de distintas propuestas artísticas. Ubicado en el corazón de La Boca –barrio de arrabal y alegría, tal como lo caracterizó Quinquela en sus obras—, a orillas de la ribera del Río de la Plata, sus colores característicos no pasan desapercibidos. 

Son las dos de la tarde y el Teatro muestra su propia vida. Un gran despliegue escenográfico ocupa buena parte del hall. Se perciben los murmullos de un ensayo que se filtra entre el vaivén de las puertas de madera que separan el hall de la propia sala. En el primer piso se observa una mesa montada sobre caballetes. Allí se encuentran Fabricio Rotella, Seba Blejman, Flavio Lazzaro y Norma Galfrascoli, entre otros compañeros y productores del Teatro San Martín. Están ultimando detalles porque falta poco para la esperada presentación del Festival “El Tornillo”, un proyecto originado por los trabajadores del Teatro de la Ribera y que durante un mes pondrá en escena diversas manifestaciones artísticas generadas por ellos mismos. El nombre hace referencia a la Orden del Tornillo, creada por Quinquela Martín quien, en un acto conmemorativo, se encargaba de premiar a esas personas únicas, creativas e iluminadas. A aquellos a quienes les “faltaba un tornillo”.

El aire está viciado por nervios e inquietud. Pero a la vez se percibe la enérgica necesidad, por parte de los trabajadores, de demostrar lo que saben hacer: crear desde el arte. El objetivo del Festival es aprovechar recursos y ocupar el espacio para lo que el Teatro fue fundado, es decir, generar actividades culturales, pero tomando como pilares fundamentales lo comunitario y lo colectivo como símbolos del teatro y de la identidad del barrio.

Los organizadores del Festival encontraron así la forma de revalorizar el trabajo de sus propios compañeros, siguiendo el legado de Quinquela, quien a lo largo de su obra supo reivindicar a la clase trabajadora. Para el Complejo Teatral resulta una experiencia inédita la de incluir en su programación actividades propuestas por sus propios trabajadores. Sin dudas, es una forma de demostrar que la Institución posee recursos humanos que, además de su alta capacitación y profesionalismo, puede al mismo tiempo dar cuenta de su carácter de artistas más que formados. En verdad, muchos de ellos encontraron en este Festival la posibilidad de visibilizar proyectos personales en un espacio de prestigio y sintiéndose “como en casa”, en el mismo barrio y en este teatro donde cumplen con su jornada laboral diaria. Las expectativas son infinitas. Los nervios y la ansiedad vuelven a hacerse presentes.

En los albores del proceso creativo
El proyecto comenzó a desarrollarse a fines de 2023 entre los trabajadores que se habitualmente se desempeñan en el Teatro de la Ribera y, por entonces, a no pocos la idea les parecía “descabellada”. Tuvieron que derribar barreras y prejuicios. La respuesta de sus pares fue variada: algunos no dudaban en participar y sumar voluntades mientras que otros se mostraban menos audaces.

Lo cierto es que el conjunto del personal, junto con Ana María Monti, la directora ejecutiva de la sala, terminaron por ponerse el proyecto al hombro. Lo presentaron en cada una de las secciones, acercaron la propuesta a los otros teatros del Complejo. La intención es que pueda sostenerse anualmente, con la esperanza de sumar compañeros que quieran participar en futuras ediciones, tras esta primera e inaugural: “Este es un puntapié inicial, un regalo al barrio, al teatro donde trabajamos todo el año. Significa cuidarlo, darle importancia, sacarlo afuera, mostrarlo a la calle. Tiene todos estos objetivos a la vez”, explica Seba Blejman, sonidista. 

En un principio se formó una especie de comité curatorial para evaluar las distintas propuestas, integrado por representantes de diferentes sectores, como Víctor Fernández, director del Museo Quinquela Martín, que actualmente funciona de forma articulada con el Teatro de La Ribera, la mencionada Ana María Monti, dos trabajadores técnicos y varios productores del San Martín. De esta manera, se buscó que la selección de las propuestas fuera lo más equitativa posible. 

Pero el interés y la calidad de las producciones presentadas, que abarcan disciplinas tales como teatro, danza, música, instalaciones y desfiles, entre otras, hizo que todas fueran finalmente incluidas en la programación. Además, quienes idearon el Festival pensaron que tuviera un hilo conductor relacionado con la idiosincrasia del barrio de La Boca: sus inmigrantes, el puerto, los trabajadores. Aunque no resultó nada excluyente ni restrictivo, sino más que nada “un disparador, un estímulo para pensar las propuestas”, como explica Fabricio, sonidista.

La experiencia como ganancia simbólica y cultural
El Festival, que se llevará a cabo entre el 8 y el 29 de marzo, todos los sábados y domingos por la tarde, incluirá visitas guiadas y música en vivo a cargo de Roxy Merlo, trabajador de la sección de sonido, que se hará presente en cada velada. Ya que la primera fecha, el sábado 8, coincide con el Día Internacional de la Mujer, habrá un desfile protagonizado por trabajadoras de distintas secciones, administrativas y técnicas, con vestuarios emblemáticos de obras presentadas en el Teatro de la Ribera como Don Gil de las Calzas Verdes o Divino Amore, entre otras, actividad curada por Norma Galfrascoli y Patricio Delgado, trabajadores de Sastrería. Una representación que busca reivindicar a las grandes artistas que pasaron por el escenario.

Próximos a estrenar, los trabajadores destacan como experiencias positivas de aprendizaje la de programar una obra de teatro y conocer el verdadero “detrás de escena”, ya que lo habitual es que su trabajo comience a partir de los ensayos. Pudieron opinar, elegir y diagramar. Como bien lo explica Seba Blejman: “Es como dar vuelta la forma habitual de producir un espectáculo teatral. Hacerlo desde abajo, desde los propios trabajadores, llevar la propuesta hacia arriba y que la aprueben. Creo que es pensar las cosas de forma diferente y demostrar el compromiso que tenemos. Como trabajadores, vamos a laburar más que nunca. Prometimos más trabajo, sumar tareas. Y la Dirección comprendió la idea. Y nos enorgullece que el Festival El Tornillo sea una actividad que integra la programación del Complejo Teatral de Buenos Aires”.

Por otro lado, destacan que pudieron tejer como institución redes hacia adentro y hacia afuera. Hacia adentro, porque lograron reforzar vínculos los compañeros de áreas técnicas con áreas administrativas. Una experiencia que, en lo cotidiano, resulta poco probable, ya que sus ocupaciones son muy diferentes y funcionan en paralelo. Hacia afuera, porque expandieron su red de vínculos a distintas instituciones barriales, práctica que vienen realizando desde “La Noche de los Museos” con el Museo Quinquela Martín, conectado con el Teatro de la Ribera por compartir el mismo espacio e instalaciones comunes. Desde aquella oportunidad, realizan de forma conjunta visitas guiadas a las que el público también podrá acceder durante las seis jornadas que comprenden el Festival. De la misma forma, se tejieron lazos con la Fundación Proa, con el Teatro Verdi, con el Grupo Catalinas Sur y las autoridades de la República de La Boca (el presidente y sus ministros) que también fueron invitadas, ya que la idea es que estén presentes las fuerzas vivas del barrio.

La mayor expectativa de este proyecto está en generar una mayor cercanía con el barrio, con el vecino de La Boca y sus alrededores. Si bien se cuenta con las mismas herramientas de difusión de las demás obras del Complejo –Prensa, Comunicación y Arte—,los participantes también decidieron “volantear”, pegar afiches en los locales del barrio, buscar un encuentro “cara a cara” y cercano con el potencial público del Festival. “Fue más de un año de trabajo. Por lo que creo que el estreno va a ser una verdadera fiesta. Apuntamos a que sea lo más festivo y alegre posible, tratando de plasmar el espíritu de Quinquela Martín”, recalca Seba.

Un fantasma recorre la Ribera
Con solo poner un pie en el Teatro, se siente que esta sala representa al barrio y que, a su vez, sus trabajadores se sienten representados por ella. De alguna forma ellos asumieron la idea de organización y de “hacerse presente a través de lo comunitario”, más allá de ser agentes de una institución como el Complejo Teatral de Buenos Aires. Hay algo de lo familiar, de una identidad construida a través de La Boca gracias a Quinquela y, actualmente, por el aporte de las organizaciones sociales y culturales que la comprenden. Es lo que hace que uno se sienta parte, aunque no viva allí. El espíritu de Benito siempre estuvo presente en La Ribera y en cada uno de sus trabajadores. Como afirma Norma: “A medida que fue materializándose el proyecto fueron creyendo en nosotros. Empezaron a confiar en que somos capaces de demostrar nuestra capacidad de trabajo, no sólo desde nuestras secciones habituales sino también desde otras aristas, como las artísticas”.

En una clara muestra de puesta en valor del espacio, los trabajadores del Teatro de la Ribera demostraron que, con escasos recursos económicos pero con una verdadera voluntad por hacer, montaron un Festival con la esperanza de que se replique. También barajan la posibilidad de que otros teatros del Complejo se apropien del proyecto, desde la historia e impronta de cada barrio. “Somos trabajadores del Complejo Teatral, amamos la Ribera, deseamos que el Teatro siga siendo un espacio donde nunca deje de circular el arte, la cultura, la música. Fue eso lo que nos movilizó… es cuestión de voluntad”, asegura Flavio, de Sonido. Además, la búsqueda es descentralizar las actividades culturales, que fluyan desde la periferia, que no siempre sea el centro la sede de la cultura. “Esta sala supo estar llena en horarios nocturnos y a las personas se las convoca. El público se moviliza si las obras resultan de interés. No hay que permitir que decaiga la actividad de este Teatro de la Ribera”, concluye Flavio.

No hay dudas de que el gran equipo de trabajadores y artistas que participaron del proyecto recibirá de forma simbólica su propio Tornillo con cada aplauso del público. Es urgente y necesario recordarles “que no se lo ajusten demasiado”, ya que es indispensable conservar esa “locura luminosa” que, contra todo pronóstico, los llevó a montar por primera vez un festival que sin dudas será recordado en el acontecer del Complejo Teatral de Buenos Aires.

 

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