Un actor se prepara
Autor, productor, pero fundamentalmente actor, Martín Seefeld tiene asociada su imagen a la serie "Los simuladores", uno de los mayores éxitos en la historia de la televisión argentina. Pero quizás el de Karsten Bernick en "Los pilares de la sociedad", sea el papel que marque un antes y un después en su carrera, para el que no se guarda ningún recurso y deja la piel en el escenario.
Carlos Furman
Hoy.
Llama la atención el brillo de los zapatos que se calza Martín Seefeld antes de empezar el ensayo sobre el escenario del Teatro Presidente Alvear. En su camarín, todavía le falta ponerse el chaleco y el saco del personaje, mejor dicho, la ropa que usa para ensayar. Aún restan dos semanas para el estreno y esos zapatos, o son nuevos u hoy le aprietan un poco más. Pero parece que están recién lustrados y, sin embargo, no puede asegurarse que los haya lustrado él. Nadie puede imaginar que Karsten Bernick lustre sus zapatos y, a instantes nomás de salir a escena, Martín Seefeld ya se parece a ese personaje de Henrik Ibsen, aunque lo desmienta la mirada.
Hace un mes y medio.
Sala de ensayo en el octavo piso del segundo cuerpo del Teatro San Martín. Asistimos a la pasada de los actos uno y dos de Los pilares de la sociedad, uno de los primeros ensayos que puede ver gente ajena a la puesta. Es uno de los momentos que más disfruta este cronista, porque en estos ensayos puede observarse cómo se desarrolla un trabajo que cobrará su forma cuando se produzca el estreno. En un momento, desde el fondo de la sala, se acerca Karsten Bernick junto con otros trabajadores del astillero. Sí, ese que se acerca es Karsten Bernick, el epítome de una moral indestructible que, con el transcurso de las situaciones, mostrará lo torcido que está, aunque sin perder nunca la apostura. La sensación es francamente notable. Karsten Bernick captura por completo la atención, y hasta puede decirse que mantiene en vilo.
En este preciso momento.
–Ésta es su primera experiencia con un autor clásico como Henrik Ibsen.
–Sí. Es mi primer clásico. Más allá de haber trabajado con ellos en las clases de teatro, con los maestros que uno tuvo, esta es la primera experiencia que tengo y la verdad es tan fuerte, tan avasallante… Ibsen es un autor tan importante y Los pilares de la sociedad una obra tan descomunal...
–Aunque su imagen está indeleblemente asociada al audiovisual.
–Bueno, sí, pero hago teatro desde hace muchos años. Participé de espectáculos muy exitosos como El método Grönholm, con el Puma (Gabriel Goity), Jorge (Suárez) y la Negra (Alejandra) Flechner. Y en los últimos tres años venimos montando Holter, una obra que coescribí y protagonicé. Este año estrenamos Una clase especial con Damián De Santo y tengo otro proyecto para el año que viene...Trabajo mucho en teatro.

Veintitrés años atrás.
Martín Seefeld, claro, es Gabriel Medina, el duro sensible de Los simuladores. Allí interpreta un personaje moldeado en muchos de los de Humphrey Bogart, Robert Mitchum o Jean Gabin, quizás porque tiene esa estampa de galán recio del cine clásico. Y el Gabriel Medina de Seefeld, además de estampa, tiene mucho trabajo encima, mucho aliento introspectivo, mucha fibra de taller que trasciende la pantalla y lo convierte en una rara avis, un tierno con pinta de detective privado y la rima fácil del vecino de la otra cuadra. Por eso hoy todavía está en la memoria de cualquiera, por ese compromiso de Seefeld por no transformar a su criatura en una macchietta.
Aquí y ahora.
–Me gustó mucho lo que vi de su trabajo. ¿Es así la intensidad del personaje, o usted quiere ir al hueso de las posibilidades que tiene Bernick?
–Creo que estoy tratando de encarnar lo que es Bernick como personaje, y la verdad es que es un personaje que tiene esa energía. Bernick tiene una cabeza que por momentos resulta maquiavélica, y por momentos... el término sería brutal... Ibsen, con Bernick, esboza una gran denuncia hacia la falta de escrúpulos, hacia la falta de verdad. Pero eso lo atraviesa con una historia de amor, y las historias de amor hacen que uno siempre asimile las cosas de manera distinta. Pero creo que el personaje –y la obra en sí misma– hablan de algo que sigue pasando hoy, aunque haya sido escrita hace ciento cincuenta años. Lo impresionante de este autor es que describe la realidad de aquel entonces y pareciera que es la misma que hoy vivimos, en muchísimos aspectos. El mundo de la política, el mundo del poder, el amor en relación al poder y a los intereses, el lugar de la familia y el que tiene la mujer... Es una obra muy difícil de hacer porque hasta podría resultar maniquea, por eso me parece que aquí se la hizo solamente una sola vez. Como me tocó hacer la adaptación, con Jorge, Juan Carlos Fontana y Carolina Solari, también le dimos nuestro punto de vista. Lo que trato es de encarnar el personaje con la mayor verdad posible, desde lo que nosotros confiamos que es Bernick.
–En Holter utilizaron el humor para hablar de temas serios y comprometidos. En este caso, ¿cuál es su compromiso como trabajador del teatro?
–Creo que el compromiso es mostrar la verdad de este material sin miramientos, con todos sus matices, porque la gente por momentos, a lo mejor, hasta se puede reír. Es el desafío más grande de mi carrera, sin dudas, y me agarra en un momento de mi vida, de mi edad, del mundo... Creo que hemos vivido muchas alternativas y conocemos todo esto que presenta la obra, y me parece que está muy bien que esta obra venga a decir basta. “No tengamos más de lo mismo, muchachos, no tengamos más de lo mismo”. Ese para mí es el espíritu.
–No le escapa al trabajo autoral tampoco...
–Siempre trabajo mucho en otros roles. Cuando producíamos con Pablo (Echarri) en el audiovisual por ejemplo participaba en la estructura de los libros. Tengo otra obra escrita con Sebastián Meschengieser y Eduardo Rípari que se llama Islandia, una obra extraordinaria para mi gusto que también quiero hacer, pero como todas las cosas los materiales ven la luz del día cuando la tienen que ver, no cuando uno quiere.. Sí, me gusta mucho inmiscuirme en el material, me interesa elegir de qué voy a hablar. Esta obra es un proyecto que nosotros le acercamos con Carolina Solari al Complejo Teatral de Buenos Aires, y después Jorge le dio a la obra lo que yo sabía que le iba a dar. Ponerse en manos de un artista es un privilegio para cualquiera, y yo además lo siento como una bendición. Sí, me gusta mucho meterme con el material. Y meterme con este material, con el debido respeto a semejante autor… Creo que logramos algo que ojalá la gente pueda disfrutar...
–Sinceramente, Martín. Usted traspasa el escenario. Evidentemente lo gana la emoción de siempre, la propia.
-Me emociona lo que dice, Carlos. Ya le dije que para mí es un desafío muy grande. Ayer llegamos acá al Alvear a seguir con ensayos y sabe que... me agarró como un ataque de llanto, me agarró como una angustia... Pero no una angustia... Me agarró una emoción... Yo le doy tanto valor al escenario, y un poco lo que le transmito a mis alumnos es el respeto y el valor por la profesión. Después puede salir mejor o salir peor, pero esto de salir a escena...

–Lo vi en una sala de ensayo, que no es lo mismo que verlo en sala. Y usted mantiene en vilo al espectador. No hay manera de sacarle la mirada de encima.
–Le voy a dar un abrazo. Porque para uno es muy importante lo que usted dice. Uno siempre tiene que generarle una buena sorpresa al espectador. Y ahora que empezamos a transitar la recta final, los nervios y la emoción son muy difíciles de ocultar.
Y no. No hay simulación alguna. A Martín Seefeld le brillan los zapatos y los ojos. Tiene que ir a trabajar y está sobradamente preparado para hacer bien su trabajo. Mientras recorre los pasillos que van de los camarines al escenario, y se aclara la voz y endereza los hombros y Karsten Bernick toma su lugar, uno vuelve a su lugar de espectador con la certeza de que después de verlo en Los pilares de la sociedad, la tarea de Martín Seefeld nos permitirá encontrarle un hilo nuevo a la trama de la vida.
Autor: Carlos Diviesti
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