Una ilusión, una sombra, una ficción
Conversamos con estos tres grandes actores en los días previos al estreno de “La gran ilusión”, uno de los títulos más esperados de la temporada 2024 en el Complejo Teatral de Buenos Aires. Con la impar dirección del catalán Lluís Pasqual, esta versión de “La grande magia” de Eduardo De Filippo requiere de intérpretes que vayan hasta el fondo de sus recursos teatrales. Y Subiotto, Mariuzzi y Echegoyen, cada uno desde su rol y desde el momento particular de su trayectoria, aporta de sí el cuerpo, la mente y el espíritu de sus criaturas en una propuesta que conjuga el teatro popular con lo ontológicamente atávico y profundo.
Marcelo Subiotto, Profesor Otto Marvuglia // “En el teatro, uno está metido dentro de una ilusión”
-Usted está en un punto muy alto de su carrera, pero ¿qué desafío le supone este personaje de la obra de Eduardo De Filippo?
-Es un desafío bastante grande porque a primera vista la obra parece ser una fábula, como el cuento del rey que está desnudo. Como además la obra es del género de comedia, pareciera que trata sobre alguien a quien van a engañar... Sin embargo esta obra tiene una profundidad filosófica muy compleja, que se descubre a medida que se la va ensayando. Es una obra donde se pone en juego el tema de la ilusión: aparece una subjetividad que decide determinado panorama simbólico, que reorganiza las piezas y que llama a lo real de otra manera. Eso nos pone en un problema porque esa ilusión que vende un personaje, para el otro es un juego del cotidiano, un juego de lo social, el espejo en el cual nos miramos. O sea, las cosas son como son, o son nombradas así porque ciertas condiciones hicieron que se las nombre de esa forma, por lo que se pone en juego el concepto de ideología. Y todo esto que parece tan complejo hay que actuarlo en el género de comedia, lo que presenta una gran dificultad y que es el lugar de calidad y de profundidad artística que tiene la obra de De Filippo.
-Eso que dice se percibe puntualmente en el prólogo…
-El prólogo que propone la obra es el extracto de otra obra de De Filippo, que Lluís pone al comienzo para que fijemos claramente un código de representación: jugamos con el universo del teatro, de actores que organizan una pieza que no se sabe cómo saldrá, y después de ese prólogo vemos efectivamente una obra de teatro. Con las distancias del caso podríamos compararlo con eso tan shakesperiano del teatro dentro del teatro. Hay teatro dentro del teatro en La gran ilusión, porque hay un teatro que presenta a Otto Marvuglia, este chanta, este sofista, este tipo que maneja tan bien el verbo a tal punto de que puede engañar a otro haciéndole creer una realidad que no es la que el otro vive. Esto que ves no es lo que estás viendo, es otra cosa, lo que pasa es que uno está metido dentro de una ilusión. De ahí la complejidad para actuarlo. Al verlo como espectador quizás parezca más sencillo de captar, pero creo que el espectador se lleva todas estas preguntas después de haber visto la obra.
-¿Había trabajado en algo similar al teatro de De Filippo anteriormente?
-De De Filippo no tenía mayor conocimiento sobre su dramaturgia, ni de su recorrido, ni del teatro que el mismo De Filippo funda en Nápoles con una compañía propia. De hecho él hizo este mismo personaje de Otto Marvuglia con su compañía, y también el de Calogero. Con respecto al género sí, trabajé en la comedia. Y cada vez que tengo la posibilidad de trabajar en el Complejo Teatral me encuentro con esa vocación de buscar los géneros en el repertorio clásico, a la vez que me da la posibilidad de formarme en esos mismos proyectos en los que participo.
-¿Cómo nota desde su rol de actor la mirada de Lluís Pasqual sobre el texto de De Filippo?
-Lluís lo conoció al mismo De Filippo, conoce Nápoles, que es el lugar donde se desarrolla esta dramaturgia, y como hizo esta obra muchas veces, la conoce muy profundamente. Eso colabora mucho a la hora del trabajo, porque Lluís organiza sus devoluciones en una dirección que permite abrir unas puertas que no son fáciles de abrir. De hecho es una obra que necesita mucho ensayo, mucho trabajo, para que decanten las capas de sentido que debemos transmitirle al público. Lluís es una persona que conoce tan de cerca este material, que nos facilita la posibilidad de llegar a la meta de la obra.

Pablo Mariuzzi, Calogero Di Spelta // “La ilusión es una característica esencial del alma humana”
-¿En qué momento le llega este Calogero de La gran ilusión?
-Llega en un momento hermoso de la carrera, aunque creo que es mejor decir camino. Llega en un momento muy bonito del camino. Vengo de hacer trabajos que me resultaron muy significativos, así que llega en un momento muy particular también. A veces hay personajes que llegan y uno tiene la sensación de que llegan de modo adelantado. Y siento que La gran ilusión llega en un muy buen momento, así que lo celebro y lo trato de vivir con toda la felicidad de la que soy capaz.
-¿Tenía referencias previas del teatro de Eduardo De Filippo?
-Voy a ser honesto: de De Filippo solo conocía Filomena Marturano, esa obra extraordinaria tan adelantada a su tiempo, de la que acá tuvimos nuestra propia gran versión con Tita Merello y Guillermo Battaglia. Así que hay algo de ese mundo que a uno, como argentino que viene de los barcos, le resulta cercano. Y La gran ilusión, como toda gran obra, es una pieza que en una primera lectura no devela su real dimensión. Es una obra con capas, como si fuese una cebolla, que tiene una extraordinaria profundidad respecto de lo que habla y en lo que cuenta, y que tiene un corte popular que pasa por diferentes estilos de actuación también, por lo que es un tremendo desafío meterse en ese mundo, que es un mundo perfecto donde no hay nada librado al azar.
-¿Tomó como modelo algún personaje de alguna vieja película de la “commedia all’italiana” que haya visto?
-A partir de que vi el vestuario, me vino a la cabeza la imagen de Marcello Mastroianni… Qué configuración tan rara que tenemos los actores. A veces uno descubre que en el maquillaje hay algo del tono o de ese estilo que le quiere imprimir el director, o en el vestuario, o en la zapatería, o en la luz. Así que creo que esta es una obra muy italiana y a la vez muy argentina. Es una obra muy universal. Es muy profunda, porque habla de la ilusión, una característica esencial del alma humana.
-Le pregunto entonces justamente sobre la ilusión. Es muy impresionante la forma en la cual Calogero deja de ser un pusilánime para transformarse en un hombre ilusionado, por lo que le pregunto si construye el personaje a partir de su forma, o lo construye a partir de la ilusión de su imagen.
-Creo que en este caso tiene que ver con la ilusión que yo, Pablo, tengo sobre este Calogero. No hay una forma preconcebida. Tanto Otto, el mago, el personaje de Marcelo Subiotto, como el mío, transitan toda la obra y tienen un registro distinto de lo que ocurre respecto del resto de los personajes que aparecen en la historia. Y esta cosa de la ilusión, esta cosa de apropiarse de la propia vida, de creer en algo que a uno lo constituye y lo ayuda a poder seguir viviendo, es algo que atraviesa a todas las clases sociales, a todas las nacionalidades, a todos los contextos. Y me parece muy hermoso también su tratamiento de lo teatral. Es en cierto modo una ilusión renacentista de dibujos en perspectiva que se multiplican y generan nuevos espacios, que uno no sabe si son ciertos o no, pero que existen y ahí están. Y a mí me parece muy interesante ese mundo para ponerme a trabajar.
-¿Qué mundo construyó Lluís Pasqual a su entender con esta obra?
-Lluís es un tipo que tiene un enorme conocimiento de la obra y de los resortes teatrales, y también tiene una gran intuición sobre lo que ocurre con el público a partir de lo que él arma en el escenario. Y a menudo ocurre, cuando uno trabaja con directores que ya pusieron la misma obra en otras circunstancias, donde el margen se acota porque hay un tránsito anterior. Pero en este caso tuve la percepción, con el resto de los compañeros, de que Lluís se permitió dudar sobre algunos momentos o algunas situaciones del material, y trabajó a partir de lo que le dábamos nosotros. Eso justamente es el teatro.

Patricia Echegoyen, Zaira // “Los personajes llegan en un momento determinado de tu vida”
-¿Qué distinción tiene Zaira, su personaje, que a usted la desafíe?
-Esta Zaira, la mujer de Otto, que tengo el placer y el honor de interpretar, tiene algo que es típico del teatro clásico. Creo que nosotros, los actores, buceamos en nuestros ancestros. Quién no tiene algo de italiano, o en mi caso de español. Somos tan parecidos a ese espíritu. Me pasó cuando estuve en Italia, que sentí una identidad que me era familiar. Aunque en mis comienzos hice personajes en obras de Lorca o de Chejov, esto me llega en un momento muy particular. Como decía mi maestro Agustín Alezzo, que siempre viene, y siento que estaría muy orgulloso de que haga esta obra, “los personajes llegan en un momento determinado de tu vida por algo, como las personas”.
-¿Y en qué etapa de su trabajo aparece La gran ilusión?
-Llega en un momento muy particular porque tenía ganas de hacer algo diferente. Si bien hice comedia y un tipo de teatro donde me sentía, como se dice, en una zona de confort, yo quería hacer algo distinto. Y justo aparece esta propuesta del teatro San Martín, con nada más y nada menos que con Lluís Pasqual, un director al que admiro, y bueno, no tuve ninguna duda de aceptar.
-¿Tomó algún modelo para construir a Zaira?
-Yo soy de Mar del Plata, y gracias a Dios de chica fui mucho al cineclub, entonces me vienen a la memoria las grandes películas de Fellini. Consumí y admiré muchísimo ese cine. Algo de los grandes actores y directores siempre aparece, ese largo aliento. Y Lluís Pasqual nos lo transmite, y nos da rienda suelta como para que finalmente surja con fuerza.
-Usted le aporta a Zaira una belleza y exuberancia como la de aquellas actrices italianas de los '50, '60, como Silvana Mangano o Gina Lollobrigida. ¿Usted es conciente de eso, o simplemente tomó la idea de lo italiano que todos tenemos como imagen?
-Yo creo que el de los ensayos es un proceso creativo tan enriquecedor que uno se deja llevar -como en mi caso, en este momento- por donde el texto, y la obra, y el director, y su idea de la obra, me lleven. Y al respecto de lo que usted dice, cuando Lluís Pasqual me vio con la ropa de Zaira me dijo que me parecía a Gina Lollobrigida. ¡Ojalá! Yo no soy muy conciente, pero siempre aparece lo que uno tanto ha visto. Así que bueno, a lo mejor me voy por esos lados, y bienvenido sea.
Autor: Carlos Diviesti
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