“LA TEMPESTAD” SEGÚN MAURICIO WAINROT

Una obra de acertijos y mundos espirituales

El destacado coreógrafo argentino, ex director artístico de la compañía de danza del San Martín, describe en esta nota los momentos más destacados de su muy personal versión de la tragedia homónima de William Shakespeare, que vuelve a presentarse en la Sala Martín Coronado.

Fotos Carlos Furman

Adaptar una obra literaria o teatral a un vocabulario de movimiento representa siempre una gran aventura. Frente a la complejidad de enfrentarse a una empresa de tales características, Shakespeare, con su enorme genio para crear personajes y situaciones, ofrece numerosas opciones y múltiples  caminos. La riqueza de elementos que prodigan sus obras es tal que permite a cada artista trasladar sus textos a una poética personal y a nuevos vocabularios.

La tempestad, obra de acertijos y mundos espirituales diversos, en mi versión está contada como una obra épica, con personajes mágicos y misteriosos. Es la historia de un poderoso señor, el Noble Próspero, duque de Milán, poseedor de un gran conocimiento y quien profesa un profundo amor tanto por la literatura y la magia como por las ciencias y las artes. 

Próspero es traicionado por su propio hermano, Antonio, y por sus cómplices, entre ellos Alonso, rey de Nápoles. De esta manera pierde su poder y, junto con Miranda, su única hija, es condenado al destierro y al olvido.

 

 

 

En el suceder de los acontecimientos, Próspero y Miranda son salvados de la muerte por Ariel, un personaje mágico, espiritual y etéreo, creado por el mago Próspero. Ariel es un ser sin sexo, que en mi obra está representado por cuatro personajes-bailarines, quienes acudirán en su ayuda. Son aliados y seres de protección durante toda la obra. 

Finalmente, Próspero y Miranda llegan a una isla que creen desierta y el mago se apropia de ese nuevo territorio. Pero pronto descubrirá que la isla está dominada por la temible bruja Sycorax y su estirpe, Calibán, un personaje exótico y salvaje, del que los cortesanos quedan prendados, incluida su propia hija Miranda. Sin embargo, Próspero logra destruir a Sycorax y hace su esclavo a Calibán.

Tras la tempestad imaginada y pergeñada por el mago –y concebida por los diversos personajes que representan a Ariel–, llegan a la isla un grupo de náufragos que son sus enemigos: el lánguido Fernando, hijo de Alonso, rey de Nápoles, con quién Próspero quiere enamorar a Miranda; Trínculo, el bufón; Esteban, servidor y borracho; Antonio, su traidor hermano; y Alonso, acompañado por varios personajes de su cortejo, quien cree haber perdido a su hijo Fernando en el naufragio.

En mi personal versión de La tempestad todos los personajes surgen de la mirada de Próspero, el personaje principal, quien con su poder mágico los plasma escena tras escena y los atrae hacia su nuevo destino, para lo cual crea su propia y alborozada tempestad, en un espacio mental que domina a la perfección. 


En el otro espacio físico –la isla que fuera el dominio de la derrotada bruja Sicorax y de Calibán, y que ahora lo contiene junto con Miranda y Ariel–, hacia el final Próspero sorprende a todos sus enemigos que lo daban por muerto, dándose a conocer como lo que es: el Duque de Milán. 

 

 

 Sus enemigos reaccionan azorados y temerosos de su venganza. Pero para Próspero ya corren otros tiempos. Son tiempos de reencuentro: el del rey Alonso con su hijo Fernando, el de Miranda con su amado Fernando, el de Trínculo y Esteban con Calibán, y el de Antonio con su propio hermano Próspero, a quien daba por muerto.

A través de todo el desarrollo de la obra, Próspero buscó su venganza personal, para lo cual creó su propia tempestad. Sin embargo, un profundo cambio ha operado en su alma. En ese rincón imaginario pudo recuperar su pasado. Gracias al amor que ahora se profesan su hija Miranda y Fernando, en su interior descubre que es posible el ansiado perdón hacia sus enemigos y hacia sí mismo, la que terminará siendo su gran recompensa. 

Ese perdón representa asimismo su propia liberación y la de Ariel, su espíritu mágico, quien iniciará una nueva vida como un ser libre, así como los personajes que surgieron de su imaginación, con quienes quedará unido por el más dulce de los recuerdos.

Autor: Mauricio Wainrot

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