Una paleta en movimiento
En esta nota, la creadora de ¨Cromático¨ –coreografía que el Ballet Contemporáneo presenta en la Sala Martín Coronado– relata su proceso de formación en la danza y cómo incidió en la creación de esta obra, además de describir los lenguajes y técnicas que se combinaron para su montaje.
Es la tercera vez que Elizabeth de Chapeaurouge trabaja en una pieza para el Ballet Contemporáneo: ya lo había hecho en 2011 con Gershwin y en 2016 con Vibraciones. Coreógrafa de los espectáculos más taquilleros de la calle Corrientes, de Chapeaurouge proviene de una familia de artistas y desde chica se formó en ese ámbito. Cursó la secundaria en la escuela de diseño Fernando Fader, con el objetivo de ser arquitecta. Pero a la vez es hija de una bailarina, Mabel de Chapeaurouge, fundadora del Instituto Coreográfico Argentino, a quien tuvo que empezar a ayudar desde muy joven, razón por la cual se fue apartando del camino del diseño y de las artes visuales. Y si bien bailaba desde los dos años, fue a partir de ese momento que empezó a abocarse de lleno a la danza (en la actualidad es directora del ICA). Sin embargo, expresa que el pincel permaneció en su mano durante muchos años más, y sus trabajos más tempranos ya tenían que ver con el color. En cuanto a Cromático, la obra que está estrenando con el Ballet Contemporáneo, es un verdadero estallido de color, una paleta en acción, tanto en lo visual como en relación con los movimientos: distintos tipos de energías y estados se traducen en colores, y viceversa.
Elizabeth de Chapeaurouge estudió inicialmente danza clásica, española y tango. “Y como mi mamá era amante de todas las películas de Hollywood, me mandó a Estados Unidos a estudiar theater jazz, que es lo que hacía Jack Cole. Eran los años ochenta, noventa, y tuve la suerte de conocer a profesionales que habían asistido a Bob Fosse y a Jerome Robbins, coreógrafo que adoro”, recuerda. Y el espíritu y la tonalidad de Cromático están en la línea de esos grandes creadores; tiene esa misma chispa, esa calidad vibrante y ese brillo, y está compuesta sobre la base de sugerentes contrapuntos. A continuación, algunas reflexiones que profundizan en el proceso creativo de esta coreografía:
―¿Cómo surge Cromático?
―El color siempre está presente en mi proceso de creación de una obra. Es parte integral del todo, ya que provoca ciertos estados de ánimo en la vida diaria. Cada tono tiene un lenguaje particular que me permite explorar y expresar diferentes emociones. En este caso en especial, decidí no limitarme a una paleta determinada, sino utilizar el círculo cromático completo. Recuerdo haberlo estudiado y pintado infinitas veces en mi escuela secundaria, orientada al arte, donde aprendí sobre la teoría del color. Esta herramienta fundamental me permitió crear climas narrativos, efectos visuales y combinaciones armónicas para las acciones. Por supuesto, no olvidé incluir el blanco, el negro y el gris, que son colores acromáticos o neutros, con un uso escénico específico en la narrativa de esta obra. Dichos colores aportan profundidad y contraste a la paleta, lo que enriquece la experiencia visual del espectador.

―¿Qué aspectos en común y qué diferencias encuentra entre esta experiencia y su proceso creativo, y los de Gershwin y Vibraciones?
―Una de las principales similitudes es la fusión entre la técnica del jazz y el theater dance con el lenguaje corporal que caracteriza a la compañía. Esta combinación de estilos y técnicas me permitió explorar nuevas formas de expresión y crear un lenguaje visual y musical único. El theater jazz tiene que ver con que no se vea sólo un paso técnico sino que haya una acción, más allá de la abstracción. Sin embargo, hay una diferencia notable en mi experiencia más reciente. Durante casi tres años, tuve la oportunidad de dictar clases sobre este estilo y técnica en particular a los integrantes de la compañía, lo que me dio la posibilidad de canalizar el proceso creativo de manera más profunda y efectiva. Pude trabajar estrechamente con los bailarines, lo que a su vez permitió una mayor cohesión y comprensión de ese proceso. Otro aspecto que vale la pena destacar es que las tres obras fueron musicalmente distintas. Cada una tuvo su propia identidad y carácter, lo que requirió un enfoque y una aproximación diferente en cada caso.
―¿Cómo nota al Ballet Contemporáneo hoy, varios años después de aquellas creaciones?
―Para mí, el Ballet Contemporáneo es en la actualidad una compañía de élite. Han podido incorporar nuevas técnicas y trabajar con diferentes coreógrafos, por lo que se ha enriquecido significativamente. Sus bailarines son creativos, versátiles y se entregan con pasión, por lo que están al mismo nivel que los intérpretes de las grandes compañías del mundo.
―¿Cómo trabajaron con Graciela Galán el tema del color? ¿Y la música con Nicolás Di Lorenzo?
―Es el primer trabajo que realizo con Graciela y debo decir que entendió perfectamente mis ideas. Las pautas que le di fueron claras: basar todo en el círculo cromático, con un enfoque en el blanco y el negro. Y ella logró que cada intérprete tuviera una personalidad única, algo fundamental para mí ya que no quería un ballet uniformado. Otro código importante fue la elegancia del pantalón en todas sus formas, tanto en mujeres como en hombres. Graciela logró darle un toque distintivo a cada gama con las telas y sus texturas, y además creó una ambientación interesante, que enmarcó perfectamente la atmósfera del color.
En cuanto a la música, se fue trabajando con la consigna de respetar una línea de tiempo, que poco a poco se va llenando de palabras, colores, emociones y climas. Es un juego entre necesidades musicales y cinéticas, un maridaje que tiene que atender múltiples cuestiones. Eso lo hace muy complejo y rico a la vez, lleno de posibilidades. El universo sonoro que nos propusimos con Nicolás Di Lorenzo está en una paleta de color jazzera, pero con la libertad de incorporar elementos de otros mundos y con una narrativa sobre la base de una música más programática. Se trata de un tipo de música que remite al desarrollo de una escena, que nos recuerda, sugiere o evoca un estado de ánimo o imágenes. Nos gusta dar espacio para que todo se vaya creando a la vez. Así la música y la danza tienen espacio para pedir lo que necesitan y ningún área oprime a la otra. Todo se va construyendo con la libertad que el arte nos propone. O al menos eso intentamos.
―¿Cómo fue el trabajo de experimentación con los bailarines, fundamentalmente con la interpretación, la emoción y el histrionismo?
―Lo interesante de trabajar con el Ballet es que tienen una entrega total a cualquier propuesta. El objetivo estuvo puesto en buscar la teatralidad del movimiento a través de la técnica, incorporarla a la acción y a la emoción. El haberlos entrenado en parte en estilos de jazz sumó a la corporalidad y permitió una interpretación conectada, tanto para el bailarín como para el espectador.
Por Victoria Eandi
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