VINCENZO CAPEZZUTO, UNA VOZ MUY PARTICULAR

Foto: Gustavo Gavotti

Vincenzo Capezzuto cuenta que de chico “siempre cantaba y bailaba. Y cuando me formé en el Teatro de Ópera San Carlo de Nápoles como bailarín de danza clásica y contemporánea, también estudié música y solfeo. Tenía una voz aguda muy natural, iba escuchando cantantes en ese teatro y también cantaba. Los músicos del San Carlo me decían que tenía una voz especial, yo cantaba las canciones de Mina en su tonalidad, pero no pensaba que mi voz tuviera algo tan particular. Como a Mauro Bigonzetti le gusta la obra total, cuando yo estaba en Aterballetto, por supuesto me hacía cantar en sus espectáculos. Una vez me escuchó la directora del ensamble barroco L’Arpeggiata y me convocó para presentarme en el Carnegie Hall de Nueva York, con grandes intérpretes del Barroco. Así es que transferí mi formación como bailarín al canto, nutrí con la presencia escénica, que es fundamental en la danza, al cantante que soy”. Durante diez años estuvo presentando una versión de Stabat Mater de Vivaldi, revisitada con instrumentos modernos y música electrónica, con coreografía de Bigonzetti, un espectáculo completo donde actuaba, bailaba y cantaba, conjugando todas sus capacidades como artista.  

La trayectoria de Capezzuto como cantante (contratenor) ya tiene más de dieciséis años con un repertorio que abarca, entre otros géneros, además de composiciones del Barroco, pizzica del sur de Italia, música de los Balcanes, española, catalana, latina e incluso argentina, todos interpretados con su dulce, inclasificable voz. Su relación con nuestro país es estrecha ya que Vincenzo fue primer bailarín durante tres años en el Ballet Argentino de Julio Bocca. “Julio me vio bailar y me invitó a ser parte de su compañía. Yo tenía un contrato estable con el Teatro di San Carlo, pero pedí permiso porque Julio Bocca era el sueño de mi generación, una gran referencia. Con él bailé, por ejemplo, coreografías de Stekelman, con la que hoy compartimos programa. Yo hablaba la lengua con el acento de España pero al toque que llegué (sic), ya hablaba porteño. Había algo dentro mío que me unía a este lugar. Estoy enamorado de la obra de Carlos Guastavino y Alberto Ginastera. Creo que hay un hilo que conecta a la cultura argentina con la italiana”. 

 

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