VOLVER AL PASADO

Los Macocos cumplen cuarenta años de vida con un espectáculo en el que coquetean con la idea del final mientras buscan mirar hacia atrás desde un lugar exterior –son sus “viudas” quienes los recuerdan— y eligiendo a una directora con un recorrido propio en la escena porteña. Sobre algunos de estos tópicos reflexionan en esta extensa y divertida entrevista los integrantes de la Banda de Teatro surgida al calor de la primavera democrática de los ochenta que sobrevivió a las crisis y los cambios sin olvidar su premisa esencial: reírse y hacer reír.

Fotos: Carlos Furman

 

01.

 

Entrevistar a Los Macocos (Daniel Casablanca, Martín Salazar, Gabriel Wolf y Marcelo Xicarts) es como presenciar uno de sus espectáculos: un chiste se encabalga con otro, se percibe constantemente un código y una complicidad compartidos, y nunca se sabe cuándo están hablando en serio. En otras palabras, hay una “energía macocal” que invade la conversación y que, tras cuarenta años de estar juntos, trasciende todo lo que emprenden como grupo. En este caso encaran, ni más ni menos, la celebración de su 40° aniversario con su más reciente (¿y última?) creación, ¡Chau, Macoco!, la que sintetizaron al comenzar el proyecto con la siguiente sinopsis: “Las viudas de los integrantes de la banda van a dejar sus cenizas. Ser enterrados juntos es su última voluntad. Mezclar sus cenizas, sus polvos... En ese encuentro, las viudas comparten la difícil tarea de haber sido la compañera de un Macoco. Esta trama está atravesada por los relatos biográficos y apócrifos de Los Macocos: cómo descubrieron su vocación, qué habría sido de sus vidas si no se hubieran dedicado a esto, cómo se encontraron, cuáles fueron sus deseos secretos y por qué siguieron juntos. Las idas y vueltas del pasado, e inclusive el multiverso, iluminan el relato del grupo y de sus integrantes con humor y gracia”.

 

“Hay una complicidad con el espectador que nos conoce. Pero el que no, tampoco queda afuera. En los textos que escribimos sobre la obra la denominamos “biografía apócrifa”, pero al final, todo es verdad…”

(Daniel Casablanca)

 

 

 

La génesis del final

Respecto de los orígenes del espectáculo que se presenta en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, Gabriel Wolf recuerda que ya a fines de 2023 estaban proyectando un festejo por los cuarenta años del grupo, que se cumplirían en 2025: “En 2024 se confirmó la producción del Complejo Teatral y la convocamos a Mariana Chaud para dirigir”. Daniel Casablanca agrega que “ya estaba la idea de la bio paródica”, y Wolf explica que lo primero que surgió fue el tema de la muerte, de la despedida: “Entonces ¿quién iba a contar la historia?”. Marcelo Xicarts señala: “Siempre nos lleva mucho tiempo establecer desde qué punto de vista se va a encarar el espectáculo. En Maten a Hamlet fueron los bufones, acá son las viudas de Los Macocos quienes tienen que repartirse sus cenizas”. Casablanca recapitula: “La bio homenaje a los cuarenta años de grupo nace primero con la idea de hacer números viejos, una suerte de retrospectiva, pero de esa idea inicial no quedó nada. Sólo algunos textos, guiños, algún tema musical. Es una complicidad para el espectador que sabe, que nos conoce. Pero el que no sabe, no queda afuera. En los textos que escribimos sobre la obra dice ´biografía apócrifa’, pero al final todo es verdad… (risas), el noventa por ciento de lo que contamos, al final, fue así”.

 

“Elegimos a Mariana Chaud porque pensamos que era importante tener una mirada femenina, ya que la perspectiva desde donde empieza la obra es la de las viudas. Necesitábamos el punto de vista de la mujer”.

(Gabriel Wolf)

 

Volver a casa de la mano de una directora

El vínculo de esta Banda de Teatro con el Teatro San Martín y con el Complejo Teatral de Buenos Aires es de larga data. En sus salas presentaron la ya mítica Fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi, además de Androcles y el león, Los Albornoz (Delicias de una familia argentina) y Super Crisol (Open 24 horas). Xicarts dice que “la idea siempre fue presentarlo en el San Martín. ¡Lo queremos tanto! Es una felicidad absoluta estar acá, es nuestra casa”. Wolf aclara que “es un lugar en el que estrenamos muchos espectáculos, pero donde hace rato que no trabajamos. Si mirás la historia macocal, ves que nuestra trayectoria tiene dos espacios principales: el Rojas en el inicio y el San Martín después”.

 ¿Cómo surge la idea de convocar a Mariana Chaud? Xicarts confiesa que querían tener una directora a cargo del espectáculo: “Siempre hemos trabajado con mujeres en roles fundamentales, pero nunca nos había dirigido una. Y cuando se lo propusimos a Mariana, aceptó enseguida”. Wolf agrega que “quisimos convocarla porque ya había trabajado con el género biodrama. Además, es dramaturga, tiene una extensa trayectoria y toda una relación con el humor”. “Es una persona hermosa”, señala Xicarts. Y continúa: “Escribe bien, tiene muy linda letra (risas). Pero, fuera de broma, hay chistes que escribió ella que son buenísimos, los que por supuesto vamos a apropiarnos (risas). Fue muy delicada, muy suave con nosotros”. Casablanca reflexiona: “Una de las cosas que mejor hace es escucharnos, tiene mucha paciencia, que se suma a la que debemos tenernos también entre nosotros. Somos cuatro y cada uno viene con una idea que tiene que decantar”. Xicarts también dice que “hay un lenguaje que tenemos como Macocos que ella conoce como espectadora, que no lo soslayamos. Tiene que entrar en nuestra locura, en nuestra lógica creativa”. Y Wolf también se refiere a una cuestión fundamental: “Era importante tener una mirada femenina, ya que la perspectiva desde donde empieza la obra es la de las viudas. Necesitábamos el punto de vista de la mujer”. 

 

Macoc(h)omenajes

Además del propio, ¡Chau, Macoco! se propone asimismo como un homenaje al teatro argentino de los últimos cuarenta años. Desde aquel surgido en los ochenta, cuando tuvo lugar un reflorecimiento del teatro independiente, hasta las poéticas del humor que surgieron después de la dictadura, el teatro público y su relación con el independiente y, sobre todo, la proliferación de compañías de artistas que se conocían en escuelas o conservatorios. De esto hablan, entre otras cosas, cada uno de Los Macocos en las escenas más “biodramáticas” de la obra.

Sin embargo, Los Macocos es el único grupo surgido de aquella movida de la primavera democrática que perduró hasta hoy. ¿Cuál es la clave? “La clave no te la voy a dar”, contesta Xicarts. “Me dijeron en el banco que nunca la dé” (risas). Ya más en serio, afirma: “Tal vez porque siempre nos han entusiasmado los proyectos”. Martín Salazar, que se suma un poco más tarde a la charla, reflexiona: “A unos días de estrenar, con los nervios, es difícil, porque hoy nos peleamos más. La estamos pasando mal (risas). Pero cuando comenzamos con los proyectos tiene que ver con el sentido menos común de los sentidos, el sentido común: confiar en que cualquier cosa que diga el otro voy a querer hacerla, que va a estar bien, aunque no esté de acuerdo, confiar en el proceso, el conjunto. El grupo es más importante que lo individual, que mi idea personal, lo grupal es siempre superador”. 

Wolf también destaca cómo “las patas de la generación de un nuevo proyecto están agarradas siempre al anterior. El público sigue respondiendo, nos gusta laburar juntos, sigue pasando algo. Y si podemos resolver el tema de la producción, nos animamos a ir de nuevo con otro”. También señala que si no se hubiesen cumplido los cuarenta años, como ya estaban haciendo Maten a Hamlet (que retoma toda una línea de abordaje de los clásicos que han encarado Los Macocos a lo largo de su trayectoria), quizás no habría surgido la idea de un nuevo proyecto. Al mismo tiempo, Maten a Hamlet, y el éxito que tuvo, fueron un espaldarazo para encarar este espectáculo. 

Xicarts agrega que el público es fundamental, “nos sostiene a lo largo de los años. Nos dicen ‘Voy, hagan lo que hagan’, quizás con nietos ya”. Casablanca comenta que “no es lo más común en el teatro, el espíritu es de otra cosa”, mientras Xicarts retoma, jocoso: “Es que no somos actores, no somos nada, somos Macocos, un ente” (risas). Salazar recuerda haber escuchado gente hablando en el colectivo: “¿Fuiste a ver Los Macocos? ¿Te gusta ir al teatro? No, pero me gustan Los Macocos.”  Casablanca acota que “hay quienes se conocieron viendo Los Macocos, tuvieron su primera cita...” Y Xicarts remata: “Hubo uno que le puso Macoco al hijo” (risas). Quizás se parezca más a lo que sucede con los seguidores de grupos musicales. Y en efecto, ellos tienen esa impronta de banda musical, siempre hay temas interpretados por ellos en sus espectáculos (de ahí la denominación “Banda” pero de Teatro) y ¡Chau, Macoco! no es la excepción.

 

“La Macoseñal son las grandes crisis, siempre en esos momentos surge un espectáculo. Pero intuyo que no vamos a celebrar otros cuarenta años”.

(Martín Salazar)

 

 

 

¿Adiós o hasta luego?

El título del espectáculo, que también recuerda a una de sus primeras obras (Macocos Chou), remite claramente a una despedida, si bien entre los textos iniciales para presentar el proyecto, Los Macocos escribían: “¡CHAU, MACOCO! Unos días atrás iba en bici y me gritan: ‘¡Chau, Macoco!’ Así hace 40 años. ‘¡Chau, Macoco!’ Por toda la ciudad: ‘¡Chau, Macoco!’ Hay momentos en los cuales pasa mucho tiempo y nada, pareciera que el ser Macoco se hubiera disuelto, pero de repente alguien vuelve a decir: ‘¡Chau, Macoco!’ Y ese indescriptible sentimiento macocal se renueva. ‘¿Qué es ser Macoco?’ Ser Macoco es como estar con uno mismo, pero mejorado. Son cuarenta años de trabajo interrumpido, pero al mismo tiempo continuo. Queremos compartir algunos sitios de este mapa a lo largo de los años. En este espectáculo vamos a contar cómo es sostener y disfrutar el trabajo en grupo durante cuatro décadas”. Es decir que es un final y a la vez tiene que ver con una continuidad; también la letra de la canción de la obra, que hace alusión al título, lo dice: “Nos volveremos a ver”. 

Cuando se les pregunta si creen que éste es el último espectáculo, Xicarts contesta: “Es de alguna manera un cierre, porque no sabemos cómo seguiremos. Eso sí, estamos más cerca del último que del primero” (risas). Salazar agrega: “Igualmente, cuando nos hagan la Batiseñal, allí estaremos. La Macoseñal son las grandes crisis, siempre en esos momentos surge un espectáculo” (de hecho, hay uno en su historial titulado Macocrisis). Pero aclara, riendo: “Intuyo que no vamos a celebrar otros cuarenta años”. Y ahí vienen todo tipo de ideas: los Gerontocos, Macocoon… 

Casablanca recuerda que, en Adiós y buena suerte, “hacíamos el chiste de que era el último, que venía el fin del mundo. Pero hoy sí tiene que ver con un cierre, aunque pensar qué tipo de cierre nos llevó un tiempo. En un momento pensamos que podía ser un refrito de material y después nos pusimos a hacer todo nuevo”. 

Otra forma de continuidad que destaca el grupo es a través de compañías y escuelas locales y del exterior que piden los derechos (que ellos siempre autorizan) para poner en escena obras como Marrapodi o Los Albornoz. 

 

“No somos una corriente de pensamiento. Somos un equipo en acción que se sostiene hace cuarenta años. Lo político es también tener en cuenta al público”. 

(Marcelo Xicarts)

 

Un equipo en acción

¡Chau, Macoco! tiene varias tramas en una: el “viudrama”, con las viudas de los Macocos, el biodrama más explícito con el testimonio personal de cada Macoco, los viajes al pasado del grupo y hasta una historia Macoca paralela.

Respecto de este entramado, Casablanca explica: “La parte de las biografías la pensamos en un tono documental, pero el espectáculo tiene la estructura de sketches, no es una obra que empieza y termina. Hay un poco de formato de varieté, de números. Las viudas son el hilo narrativo. Son mujeres, pero son nuestros alter ego, son una máscara. Es un trabajo más apoyado en el humor y en el gag, a diferencia de Maten a Hamlet, que estaba más sostenido por la narrativa”. Asimismo, se sirvieron de toda la teatralidad que tienen los velorios y cumplieron un viejo deseo, el número de hospital, siendo en ambos casos el clásico humor negro el que rigió la construcción de esas escenas.

Los momentos de la “caída de la máscara” (la persona que está detrás de cada clown o bufón Macoco, que a su vez está detrás de cada viuda) son cortes muy paradigmáticos en el espectáculo, si bien siempre hay teatralización. Salazar señala que “decir nuestras biografías, mostrarnos como personas, es un gesto político, porque tiene que ver con mostrar nuestra identidad frente a la creciente invisibilización (e imbecilización)”. Xicarts agrega: “No somos una corriente de pensamiento. Somos un equipo en acción que se sostiene hace cuarenta años. Lo político es también tener en cuenta al público”. Wolf destaca en ese sentido que es importante que las entradas sean accesibles, como en el Complejo Teatral de Buenos Aires. Salazar retoma: “Hacemos cosas para el público se ría”. Y Casablanca concluye: “Es teatro popular, es cultura viva”. 

 


02. 

 

 

 

UN CAOS MUY DIVERTIDO

 


Mariana Chaud, coautora y directora de ¨¡Chau, Macoco!¨, revela cómo fue trabajar con un grupo creativamente consolidado, cuánto pudo aportar de su propia impronta como artista y las maniobras para lograrlo. 

 

 

–¿Qué pensó cuando Los Macocos la convocaron para ser parte del proyecto? 

–Al principio, me sorprendí muchísimo, porque no había un vínculo previo más allá del de espectadora. Nos reunimos en un bar a charlar y me sentí cómoda, además de divertirme mucho. Entonces pensé que sería posible. Siempre que se empieza un proyecto así, una sabe que va a ser muy intenso, que va a pasar muchas horas con el grupo. Además, imaginar un espectáculo juntos implicaba una cercanía que a priori no existía. Por eso fue clave la intuición. Yo pensé: “con ellos me puedo entender", y así fue. ¿Por qué me convocaron? Creo que siempre me voy a hacer esa pregunta. No sé si por ser mujer o por haber visto alguna de mis obras. Pero seguro había en ellos una intención de probar algo nuevo. 

–¿Qué relación previa tenía con el grupo?

–Los Macocos son una banda de teatro que marcó a más de una generación. La primera vez que los vi fue en el Rojas. De la obra no recuerdo mucho, pero sí de la experiencia. Salí impactada por el despliegue actoral y, sobre todo, por lo que ahora definiría como “lenguaje teatral”, esa capacidad de poner el cuerpo y obtener un humor tan efectivo como ácido. La producción del grupo es difícil de abarcar –casi veinte espectáculos–, pero no quiero dejar de mencionar La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi, que para mí sigue siendo la mejor Enciclopedia del Teatro Argentino, Continente viril, por la audacia de hacer una obra escrita por Alejandro Acobino, y, siempre opinando con humor sobre el estado de las cosas, Los Albornoz. 

–No debe resultar sencillo integrarse creativamente en un grupo con tanta trayectoria previa

–La pregunta que me hice, y que se mantiene en el tiempo, fue: ¿cómo hacen para armar una obra entre todos? Me parece que me metí en este proyecto para darme una respuesta a esa pregunta. Trabajar con Los Macocos es entrar en un caos creativo muy divertido. “Llegar juntos donde nadie llega solo”.  

–¿Cómo fue la experiencia de coescribir la obra? 

–Empezamos a juntarnos en febrero de 2024 y en ese momento había varios vectores para abordar. En principio, sin dudas, los 40 años del grupo, además de lo biográfico y poder crear una ficción que guiara el relato. Así surgió la idea de las viudas, que me parece que proporciona un lugar desde el cual se puede hablar de Los Macocos sin filtro, sin piedad, y también con cariño. Ellos tenían cierta resistencia con lo biodramático, pero también curiosidad. Entonces, le pedí a cada uno que escribiera sus comienzos en la actuación. Aparecieron materiales súper atractivos que no sabíamos cómo iban a entrar en la historia. Y después trabajamos el lenguaje, que es muy distinto a lo que ellos hacen, que es desarmarse y mostrarse desde un lugar vulnerable. Imagino que debe haber sido difícil para ellos internamente, pero el resultado, desde el minuto uno, fue muy atractivo. 

–¿Cómo es dirigir a Los Macocos? 

–Tienen sus códigos y están acostumbrados a trabajar juntos hace muchos años, así que me tenía que sumar a la dinámica. Al comienzo me resultaba caótico y no sabía cómo hacer, pero después se fue armando. Aprendí un montón porque es muy diferente a la manera en la que estoy acostumbrada a trabajar, un camino más solitario. Con Los Macocos, las ideas crecen o se dan vuelta. Ellos saben mucho de teatro y son grandes actores. Y para mí fue fundamental sumar a Luciana Acuña en los aspectos coreográficos y de movimiento de la obra, porque nos conocemos mucho y hay un lenguaje en común. Entonces pudimos armar equipo para bajar una manera de trabajar más propia.

Autor: Por Victoria Eandi

+ info de ¡CHAU, MACOCO!

INFORMACIÓN IMPORTANTE PARA EL DÍA DE LA VISITA: