Adiós a Tina Serrano
“Poner en nuestra boca palabras que no son tuyas y hacerlas propias. Es un trabajo muy arduo y fascinante. Misterioso y mágico”.
“Poner en nuestra boca palabras que no son tuyas y hacerlas propias. Es un trabajo muy arduo y fascinante. Misterioso y mágico”. Así definía su profesión Tina Serrano, quien falleció hoy en Buenos Aires a los 82 años. Hija del legendario capocómico Enrique Serrano, fue una intérprete dotada de una amplia variedad de registros actorales, atributo que la llevó a destacarse en obras complejas como Almuerzo en casa de Ludwig W. de Thomas Bernhard o Las personas no razonables están en vías de extinción de Peter Hanke, siempre a las órdenes del recordado Roberto Villanueva (“Mi maestro. Trabajar con él para mí fue lo máximo.”). Pero también sorprendió componiendo a una tía incestuosa en la tira Resistiré (Telefé), dirigiendo los monólogos de Griselda Gambaro o explotando su vena cómica junto a Enrique Pinti y Antonio Gasalla. Merecedora de todos los premios a los que una actriz pueda aspirar (recibió, entre otros, el Molière, el María Guerrero, el Leónidas Barletta, el Konex, el Gregorio de Laferrere, el Estrella de Mar y el Martín Fierro), trabajó en los años setenta en Francia y España junto a Lorenzo Quinteros y, aunque nunca se dedicó por entero a la docencia, no son pocos los colegas que confiesan haber sido influidos por su particular estética de actuación. De su extensa carrerase destacan sus trabajos en La reina de la noche, también de Bernhard, Las sacrificadas de Horacio Quiroga, Noche de reyes de William Shakespeare y Jardín de otoño de Diana Raznovich, entre muchísimas otras. En cine, participó en Los chicos de la guerra de Bebe Kamín, La noche de los lápices de Héctor Olivera, y Un buda de Diego Rafecas.