Los ríos
Gustavo Fontán
Estreno exclusivo
Los ríos (2024)
Hace unos años, un hombre desconocido golpeó la puerta de mi casa. Tenía unos setenta años, llevaba un bastón y una bolsa de compras. Le pregunté qué necesitaba. Abrió los ojos y se quedó en silencio. Volví a preguntarle si necesitaba algo. Volvió a mirarme, como se mira a una aparición.
¿Por qué dura una imagen en la memoria? No lo sé. Pero ese hombre mirándome desde la puerta persistió en mí, abrió preguntas e inquietudes. Despertó un ansia. Unos meses después, tal vez un año, la imagen de ese hombre se asoció a una voz, la de un pescador del río Paraná llamado Godoy. Recordé que Godoy decía: “Negro venia, venía negro”. Y contaba su experiencia durante un tornado en el río: cómo se oscureció, cómo el día se transformó en noche, cómo el viento levantaba el agua, el temor a caerse y que lo coman las palometas. Su relato concluía: “Me perdí en el tiempo”.
Busqué esa cinta. Volví a escucharla. Lo habíamos grabado sólo en sonido durante la realización de una de mis películas, El rostro, pero al fin quedó afuera del montaje. Sin embargo, la voz de Godoy, la emoción que lo embargó cuando nos contó ese suceso, volvió a habitarme. Entonces ocurrió lo irremediable. El hombre que golpeó mi puerta y el pescador que se perdió en el tiempo se unieron de alguna forma inexplicable y se transformaron en el origen de Los ríos.
El devenir de este encuentro comenzó a desplegar su materia: cauces y corrientes, resplandores y sombras de la orilla, árboles y pájaros, los rumores del agua, los remolinos, una memoria antigua. Busqué fragmentos en mis archivos, retazos de esta memoria, grabé nuevos fragmentos del mundo, acá y allá, en mi terraza y en el río, porque viene negro, muy negro, y estamos perdidos en el tiempo. Busqué retazos de poemas amados que ofrecieran posibles decires del hombre de los ojos inmensos. La película es la suma de estos materiales. Todos esos retazos desplegaron algunas conjeturas, un devenir a partir de dos ojos alucinados.
Gustavo Fontán
“Dice J. L. Ortiz: ‘El mundo es un pensamiento realizado de la luz’. A ese verso, se añaden en el poema otros atributos del ser del mundo. Es beatífico, dichoso. El cine de Fontán es una mirada sobre ese mundo escrito en luz. Es también un sonido. El motivo elegido es el río. Un pescador llamado Godoy dice algunas cosas. Un hombre rema y su bote se desliza en el Paraná. Una niña y un niño sienten que ninguna otra cosa puede prodigar más placer que bañarse en el río. El sol no sobreactúa jamás ante la cámara y cuando se le piden destellos en el reflejo del agua procede como corresponde. Hay palabras escritas en Los ríos; los poetas saben que los planos de Fontán son apacibles. Calveyra, Ortiz, Baker, Viel Temperley acuden con versos y el cineasta los recibe con desenfoques deliberados, contrapicados de los bosques al lado de la orilla y cielos recogidos por el lente que en la hora elegida para filmarlos tienden a evocar figuras y contornos propios de una acuarela de Turner. Es fácil olvidar que todo lo que existe es un acopio de formas múltiples en el que la materia está imbuida de una azarosa vitalidad. Fontán sabe ensamblar la sobreabundancia del mundo y hallar encuadres precisos que repongan un recorte del todo como experiencia estética. Lo que sucede en menos de una hora consiste en adentrarse al misterio del cinematógrafo: la cámara reordena lo dado y restituye algo que no está en la naturaleza. Lo que se devela poéticamente es el alma de las cosas.
Roger Koza
Catálogo del DocBuenosAires
“Fontán es un contador de historias, como esos viejos pescadores que relatan lluvias interminables, noches de truenos y relámpagos que parecen anunciar el fin del mundo, historias de apariciones y desapariciones. Lo sobrenatural se manifiesta en su cine para recordarnos que nada es lo que parece y que todo está conectado por un sentido final que presentimos pero que rara vez logramos comprender (…) Al igual que Heráclito, Fontán apuesta por la belleza en un mundo en constante cambio, recordándonos que todo—lo bueno, lo malo y lo incierto—es transitorio. En este flujo continuo, lo esencial es cómo aprovechamos el presente para transformarnos, aprendiendo de nuestros errores y aferrándonos a la belleza que nos sostiene en medio de la incertidumbre y el caos, conscientes de que toda utopía es un ideal en permanente construcción”.
Luis Alberto Zas
A Sala Llena




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sinopsis
Un hombre golpea la puerta de mi casa. Le pregunto qué necesita. No contesta. Me mira durante unos instantes, con ojos enormes. Los ríos nacen en ese silencio, en esos ojos alucinados y despliegan una memoria del agua, un saber fragmentado de tornados y de orillas, de árboles que crujen, de pájaros que se bañan en la lluvia, de hombres perdidos en alguna isla, de ahogados en los remansos, del chapoteo de los remos, de la sombra donde se angosta el río. Un hombre golpea la puerta de mi casa. Me dice: No estás, no estamos en este lugar.
Ficha técnica y artística
Argentina, 2024
52 minutos
Color y Blanco y negro / Español
DCP 2K
Guion y dirección: Gustavo Fontán.
Producción: Eva Cáceres.
Cámara: Luis Cámara, Gustavo Schiaffino, Gustavo Fontán.
Sonido: Andrés Perugini.
Montaje: Mario Bocchicchio.
Postproducción de imagen y sonido: Martín Sappia - La Isla Bonita
Una producción Tercera Orilla y Punto de Fuga Cine.
info
- Funciones: Jueves 24, viernes 25 y sábado 26 de abril, 21 horas Domingo 27, martes 29, miércoles 30 de abril y sábado 3 de mayo, 18 horas
- Valor de las localidades: Entrada general: $5.500.- Estudiantes /Jubilados: $3.000.-
- Dónde: Teatro San Martín, Sala Leopoldo Lugones (Servicio de aro magnético en cualquier ubicación)
- Dirección: Av. Corrientes 1530
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