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Luchino Visconti: viajes en Italia

En el 50° aniversario de la muerte del gran realizador italiano

Siete largometrajes del genial cineasta italiano, incluyendo grandes clásicos como Obsesión, La tierra tiembla, Bellissima y Rocco y sus hermanos, en copias enviadas especialmente desde Roma.

Del jueves 6 al sábado 29 de agosto se llevará a cabo en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530) un ciclo denominado Luchino Visconti: viajes en Italia. La muestra está integrada por siete largometrajes fundamentales del genial cineasta italiano, desde su ópera prima Obsesión a la poco vista Grupo de familia, e incluyendo grandes clásicos como La tierra tiembla, Bellissima y Rocco y sus hermanos, en copias enviadas especialmente desde Roma. El ciclo está organizado por el Complejo Teatral de Buenos Aires, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad, junto con el Istituto Italiano di Cultura de Buenos Aires y Fundación Cinemateca Argentina, en el marco de la reseña Fare Cinema.

 

Fare Cinema es una reseña temática cuyo principal objetivo es promover la industria, el talento y los oficios del cine italiano en el mundo, la cual es promovida por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cooperación Internacional de Italia.

 

“Aristócrata, comunista, decadente, realista: son algunos de los epítetos que recibió, en su singular tránsito por este mundo, Luchino Visconti (1906-1976), uno de los artistas europeos más completos y refinados del siglo XX. Apelando a otras caracterizaciones, más funcionales, hay que recordar que se trató de un importante director teatral y régisseur de ópera (incluso de ballet), pero, sobre todo, uno de los principales cineastas de aquella irrepetible pléyade de maestros que forjaron el gran cine italiano. Orientado en un principio hacia la música (estudiaba violonchelo), la pasión de Visconti por el cine despuntó en París, en los años 30, cuando se acercó a Jean Renoir y se convirtió en su asistente en un par de films. Fue el espaldarazo para una carrera que se cumplió a lo largo de 14 largometrajes fundamentales, más algunos cortos, tres de ellos en películas en episodios. Pero le habría bastado filmar Bellísima (1951), Senso (o Livia, un amor desesperado, 1954), El gatopardo (1963), La caída de los dioses (1969) y Muerte en Venecia (1971) para revistar en la historia del cine como uno de los más grandes. ‘Verdi y el melodrama italiano fueron mis primeros amores’, escribió una vez, y, por cierto, fueron amores duraderos. Visconti se había iniciado como director con Obsesión (1943), en la cual, a pesar de tratarse de una adaptación de El cartero llama dos veces, del estadounidense James M. Cain, se las ingenió para insertar una secuencia de canto lírico verdiano. En ese debut llevó la cámara a las rutas y a las plazas y registró cuerpos sudorosos, deseantes, todo lo contrario del acartonado cine que se hacía bajo el fascismo. Y entonces la crítica habló por primera vez de un realismo nuevo, o neorrealismo.

Visconti volvió a Verdi en la secuencia inicial de Senso con el tercer acto de Il trovatore, en el teatro La Fenice de Venecia, y en El gatopardo, recreación de la novela de Lampedusa, en la Sicilia de 1860, alterada por el desembarco de Garibaldi. (...) En cuanto al melodrama, el punto acaso más candente de su filmografía fue Vaghe stelle dell Orsa (grotescamente rebautizada en la Argentina Atavismo impúdico, de 1965), con Claudia Cardinale y Jean Sorel viviendo un amor incestuoso al son del ‘Preludio, coral y fuga’ de César Franck, el mismo que la madre del cineasta, Carla Erba, tocaba al piano. El incesto reapareció en La caída de los dioses en una escena de Ingrid Thulin con Helmut Berger –su hijo en la ficción–, en medio de las intrigas industriales que acompañaron el ascenso del nazismo. Y en esa incursión por el mundo germánico dejó rienda suelta a otros amores operísticos y sinfónicos: Wagner, retomado intensamente en Ludwig (1973) , y –sería sacrílego omitirlo– el Mahler de Muerte en Venecia, sobre la novela de Thomas Mann, elegía monumental en torno a la muerte, la homosexualidad y la belleza”. (Néstor Tirri, La Nación, noviembre 2006).

 

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TODAS LAS FUNCIONES COMIENZAN PUNTUALMENTE EN EL HORARIO ANUNCIADO

 

Jueves 6         

A las 18 horas 

Bellissima

(Italia, 1951)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Anna Magnani, Walter Chiari, Alessandro Blasetti.

En los estudios de Cinecittà se está haciendo un casting para seleccionar a la niña que actuará en una nueva película. Entre las madres que han llevado a sus hijas está Maddalena Cecconi, una mujer de barrio que sueña con ver a su hija en el Olimpo de las grandes estrellas. Contra la voluntad de su marido, Maddalena no repara en medios para conseguir su objetivo: inscribe a María en un curso de baile y actuación, le paga fotógrafo y peluquera, le encarga vestidos a medida. En su obsesión, confía incautamente en Alberto Annovazzi, un especulador sin escrúpulos que dice tener los contactos necesarios para que María realice la prueba.

“La conciencia de que el cine neorrealista había dejado de ser el portador de los sentimientos populares se puso al descubierto, desde el propio cine, en un interesante ejercicio metafórico: Bellissima, de Luchino Visconti. La película plantea cómo la utopía neorrealista se difuminó dentro de la industria cinematográfica. Visconti pensaba que, con la excusa de la industrialización, el cine italiano acabaría instaurando los dispositivos burocráticos del fascismo. (...) La metáfora de Bellissima, escrita en una primera versión por Cesare Zavattini y revisada luego por Suso Cecchi D’Amico, parte de la dialéctica entre el principio de placer –el mundo deseado– y el principio de realidad –el entorno cotidiano. La protagonista es una mujer romana que está obsesionada con poder convertir a su hija pequeña en una actriz, por lo que decide presentarla en unas pruebas de selección de niñas prodigio en Cinecittà. El mundo del cine es visto como un mundo industrializado y burocratizado en torno a los estudios de Cinecittà, donde el director profesional por excelencia es Alessandro Blasetti. En Cinecittà no es posible crear la realidad, sino sólo construir su reflejo. (...) En Bellissima, Visconti decretó el fin de la poética neorrealista y desveló una de sus grandes contradicciones: la creencia de que el cine podía llegar a ser diferente del reino de la ilusión". (Ángel Quintana, El cine italiano 1942-1961). 

(108’; DCP).

 

Viernes 7       

A las 17 horas 

Rocco y sus hermanos

(Rocco e i suoi fratelli; Italia/Francia, 1960)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Alain Delon, Annie Girardot, Renato Salvatori, Claudia Cardinale.

Rosaria y sus cuatro hijos (Simone, Rocco, Ciro y Luca) abandonan su tierra natal, Lucania (la actual Basilicata), para emigrar a Milán en busca de trabajo y oportunidades que les permitan mejorar sus condiciones de vida. Allí encuentran a Vincenzo, el hermano mayor, que trabaja de albañil pero que está relacionado con el mundo del boxeo.

“El preferido de mis films siempre ha sido Rocco y sus hermanos, y sigue siéndolo. Una historia ‘entera’: Milán, el choque entre el Norte y el Sur, toda una temática que desde La tierra tiembla en adelante me ha importado muchísimo”.(Luchino Visconti, 1975).

Rocco y sus hermanos aparece en un momento en el que la nouvelle vague francesa está conmoviendo al cine y provocando nuevas olas en todo el mundo. Y, sin embargo, la película se mantiene fiel a los postulados narrativos clásicos de Visconti, inspirados en el melodrama y la tradición operística propia de la cultura de su país, a la vez que trasciende la herencia del primer neorrealismo –del que él mismo había sido un pilar esencial con La tierra tiembla– para alcanzar un aliento novelístico a gran escala. (…) La juventud de los personajes (y de sus intérpretes) es una fuerza de la naturaleza que empuja toda la película. Para la época del rodaje, Visconti tenía 55 años, pero la mayoría de su elenco –con excepción de Katina Paxinou– rondaba apenas los veintitantos, lo que le da a Rocco y sus hermanos una energía muy especial, como si las propias pasiones de los actores y actrices, que dan todo de sí, fueran uno de los motores de los que se valió el realizador, algo que no le sucedía desde sus inicios con Obsesión y La tierra tiembla. (…) Así como la dramaturgia de Rocco y sus hermanos admite diversas fuentes de inspiración, también las tiene su composición visual, un trabajo extraordinario del director de fotografía Giuseppe Rotunno, uno de los grandes iluminadores del cine italiano de todas las épocas, quien por aquellos años trabajó regularmente con Visconti –desde Senso hasta El extranjero, pasando por la monumental El gatopardo– para luego pasar a colaborar con su antítesis, Federico Fellini. Hecha de grandes contrastes, de claroscuros profundos, la fotografía en blanco y negro de Rocco y sus hermanos trasciende el mero registro del primer neorrealismo para buscar equivalencias dramáticas, como si Rotunno se hubiera propuesto plantear el enfrentamiento entre Rocco y Simone en términos de luces y sombras, ya sea en el ring de box, con un estilo muy film noir, o en el terrible, interminable choque a golpes de puño entre ambos por las afueras de Milán: allí un fulgor fantasmal proyecta sus siluetas en los edificios solitarios y dormidos, como si fuera una prolongación de las pesadillas urbanas de Giorgio de Chirico”. (Luciano Monteagudo, Página/12, abril 2025).

(177’; DCP).

 

Sábado 8       

A las 14 horas 

Muerte en Venecia

(Morte a Venezia; Italia/Francia, 1971)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Dirk Bogarde, Silvana Mangano, Björn Andrésen.

A principios del siglo XX, un compositor alemán de delicada salud y cuya última obra acaba de fracasar, llega a Venecia para pasar el verano. En la ciudad de los canales se sentirá profundamente atraído por un hermoso y angelical adolescente, sentimiento que le irá consumiendo mientras la decadencia también alcanza a la ciudad en forma de epidemia.

“La adaptación que en 1971 concretó Luchino Visconti sobre una novela de tan sólo 122 páginas de Thomas Mann es una de las más extraordinarias obras de un director definitivamente excepcional. Así, hace exactamente medio siglo, Visconti conseguía con Muerte en Venecia una de las mejores traslaciones de un libro a la pantalla grande y resumía en su poco más de dos horas de metraje los aspectos esenciales de la obra de Mann: una honda meditación sobre la belleza en su acepción platónica, la decadencia de la carne, el vacío de la existencia en la lucha entre el deseo y lo prohibido, y también una mirada al fin de esa aristocracia europea a la que el propio realizador pertenecía. Muerte en Venecia, además de representar la corrupción moral en un entorno dominado por el mal como una constante poética del director, también será el segundo eslabón de la denominada ‘Trilogía alemana’ junto con La caída de los dioses y Ludwig, así como otra de las obras sobre las que se señalará su ‘decadentismo’, definición que pareciera acompañar cualquier aproximación a su cine. ‘He sido frecuentemente acusado de decadente. Tengo de la decadencia una opinión muy favorable, como la tenía también, por ejemplo, Thomas Mann. Estoy embebido de dicha decadencia. Mann es un decadente de la cultura germana, y yo de la cultura italiana. Lo que siempre me ha interesado es el examen de una sociedad enferma’, declaraba el realizador sobre su película, que enmarcaba la historia de un compositor que, luego del fracaso de su último estreno, se dirige a Venecia para reposar su malograda salud encontrándose con el deslumbramiento de la belleza encarnada en un joven llamado Tadzio, mientras en la ciudad una epidemia se disemina en silencio, oculta, para no espantar a los turistas". (Pablo De Vita, La Nación, julio 2021).

(130’; DM).

 

A las 17 horas 

El gatopardo

(Il gattopardo; Italia/Francia, 1963)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Burt Lancaster, Alain Delon, Claudia Cardinale.

La acción se desarrolla en Palermo y los protagonistas son Don Fabrizio, Príncipe de Salina, y su familia, cuyas vidas se ven alteradas tras la invasión de Sicilia por las tropas de Garibaldi (1860). Para alejarse de los disturbios, la familia se refugia en la casa de campo que posee en Donnafugata en compañía del joven Tancredi, sobrino predilecto de Don Fabrizio y simpatizante del movimiento liberal de unificación.

“Es increíble comprobar cómo en este medio siglo que ha pasado, desde que obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes, la versión de Luchino Visconti de la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa no ha perdido nada de su dimensión política ni de su belleza formal. Protagonizada por Burt Lancaster (en el que probablemente sea su mejor actuación) como el Príncipe di Salina, un señor feudal siciliano hacia 1860, cuando se produce la revolución popular garibaldina, la enorme película de Visconti sigue siendo un análisis tan lúcido como impiadoso de la manera en que la aristocracia terrateniente permitió el ascenso al poder de las emergentes clases medias para asegurarse sus privilegios. ‘Algo tiene que cambiar para que nada cambie’, reflexiona el feroz Salina, una frase que, primero a través de la novela de Lampedusa y luego en el film de Visconti, acuñó para siempre el término ‘gatopardismo’. La boda de su noble sobrino Tancredi (Alain Delon) con la plebeya Angelica (Claudia Cardinale en su plenitud) será la maquiavélica consumación de esta estrategia política. ‘Somos un pueblo hecho de compromisos’, susurra Salina en uno de los grandes momentos íntimos, confesionales, de una película épica y política como ya nadie hace ni podría hacer, que fue posible gracias al talento de Visconti, pero también al tesón del padrone de la productora Titanus, Goffredo Lombardo, ‘l’ultimo gattopardo’, que llegó a poner en riesgo la salud económica de la empresa familiar con tal de concretar el que sigue siendo el capolavoro de la compañía”. (Luciano Monteagudo, Página/12, agosto 2014).

“El Tiempo es el protagonista de El gatopardo: la escala cósmica del tiempo, de los siglos y las épocas, sobre las cuales el príncipe cavila; el tiempo siciliano, en el cual los días y noches se estiran hasta el infinito; y el tiempo aristocrático, en el que nada es apurado y todo ocurre tal cual debería ocurrir, como si siempre hubiera ocurrido. Los paisajes, los extraordinarios escenarios con sus objetos y diseños cuidadosamente seleccionados, los vestuarios, las ceremonias y los rituales, todo puesto al servicio de hacer más profundo nuestro sentido del tiempo y de los cambios a gran escala. El film concluye con una secuencia de un baile de una hora de duración durante la cual el espectador puede sentir, a través de los ojos del príncipe, todo un estilo de vida, que Visconti conocía muy bien. (…) Podría seguir hablando sobre El gatopardo durante horas y horas. Es una película que, en lo personal, se ha convertido en algo más y más importante con el correr de los años”. (Martin Scorsese).

(185’; DCP).

 

Domingo 9     

A las 14:30 horas 

La tierra tiembla

(La terra trema; Italia, 1948)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Maria Micale, Sebastiano Valastro, Antonio Arcidiacono.

Adaptación libre de la novela de Giovanni Verga I Malavoglia, de 1881. La tierra tiembla, una de las grandes películas del neorrealismo italiano, transcurre en Aci Trezza, un pequeño pueblo de pescadores en la costa de Sicilia. El héroe de la historia es ‘Ntoni Valastro, el cual se rebela contra la injusticia y busca una salida comprando una barca que le brinde independencia. Sólo que, para poder salir adelante, necesita del apoyo de toda la comunidad, la cual no se atreve a romper cadenas y salir de su rutina.

“Si Obsesión había supuesto el alba del neorrealismo, La tierra tiembla debía ser su cénit. Con esta última película, Visconti otorgó título de nobleza a un cine pobre y ‘popular’. Sin embargo, no tenía intención de convertirse en su prisionero. Visconti había inventado el neorrealismo y lo había practicado hasta su punto límite como reacción frente a las falsedades del teatro burgués, porque los actores tomados de la vida real –en este caso los pescadores de Aci Trezza– tenían mayor presencia animal y parecían representar sus papeles con mayor exactitud que los actores profesionales, con ‘sus complejos y sus pudores’. Con ellos se llegaba más rápidamente a la autenticidad, al sufrimiento, al grito”. (Laurence Schifano, Luchino Visconti: El fuego de la pasión).

(160’; DCP).

 

A las 20.30 horas 

Obsesión

(Ossessione; Italia, 1943)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Clara Calamai, Massimo Girotti, Juan de Landa.

Giovanna Bragana es una hermosa joven casada con el viejo propietario de un restaurante. Su vida cambiará con la aparición de Gino, un apuesto vagabundo que se convierte en su amante y al que inducirá a matar a su marido... Ópera prima de Luchino Visconti, Obsesión es una adaptación (no acreditada) de la novela negra de James M. Cain El cartero siempre llama dos veces.

“El espectador atento que repare en el lugar que le cabe a lo musical y –en particular– a la lírica en el cine de Visconti, advertirá que este rasgo esencial de su estética se impone desde los comienzos de su producción. En su debut con Obsesión, y aun con la premisa realista (casi naturalista) de un ámbito árido, rural y exento de toda sofisticación, el cineasta encuentra un pretexto para derivar el ambiente de la acción a un entorno ficcional significativamente habitado por la música. Más aún, por lo operístico". (Néstor Tirri, Habíamos amado tanto a Cinecittà).

“Curiosamente, la primera película de Visconti no partió de la literatura verista, sino de una novela norteamericana de James M. Cain que le había proporcionado Jean Renoir. Visconti utilizó el relato de Cain como trama, pero cambió el marco diegético, transformando la América de la depresión en la Italia de los años cuarenta. (...) Visconti propuso una serie de variaciones fundamentales en el sentido intrínseco del texto. Mientras que la novela de Cain es un detallado estudio sobre las ironías del destino, la película de Visconti se convirtió en el estudio de una pasión obsesiva". (Ángel Quintana, El cine italiano 1942-1961).

(140’; DCP).

 

Martes 11       

A las 18 horas 

Muerte en Venecia

(Morte a Venezia; Italia/Francia, 1971)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Dirk Bogarde, Silvana Mangano, Björn Andrésen.

(130’; DM).

 

Miércoles 12   

A las 21 horas 

Grupo de familia

(Gruppo di famiglia in un interno; Italia/Francia, 1974)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Burt Lancaster, Helmut Berger, Silvana Mangano.

Un profesor norteamericano jubilado lleva una vida solitaria en su lujoso palacio de Roma. Tiene un enfrentamiento con una vulgar marquesa italiana y sus acompañantes: su amante, su hija y el novio de su hija, y se ve obligado a alquilarles el apartamento del ático del palacio. Su sosegada vida se verá entonces perturbada por las maquinaciones de sus inquilinos.

“Además de ‘melodrama’, se ha adjuntado siempre al lado del nombre de Visconti el calificativo de ‘decadente’. (...) Decadente es correcto, al referirse a Visconti, si se lo toma en su sentido original dentro de la cultura italiana: es decir, un estilo que agota y reflexiona sobre los estilos anteriores. Por otro lado lo decadente implica que se decae de ‘algo’ y creemos que en el caso de Visconti esta decadencia es sobre una idea de Italia; una suerte de imposibilidad de Italia de entrar en el campo de la modernidad, tema que luego será retomado por Pasolini. (...) En Grupo de familia el ‘mundo nuevo’ ya ha tenido lugar. La utopía de la modernidad ya ha tenido lugar y al intelectual clásico no le queda otra esperanza que esperar el fin de la vida encerrado en su gabinete, coleccionando cuadros dieciochescos que muestran ‘grupos de familia en interiores’. Pero del exterior, que la cámara de Visconti jamás muestra a lo largo de todo el film, irrumpe una suerte de familia paródica, invertida, siniestra, que ‘mima’, simiescamente, el ‘presente’ familiar al cual el profesor ha renunciado". (Ángel Faretta, La realidad obstinada: Apuntes sobre el cine italiano).

(121’; DCP).

 

Jueves 13       

A las 20 horas 

La tierra tiembla

(La terra trema; Italia, 1948)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Maria Micale, Sebastiano Valastro, Antonio Arcidiacono.

(160’; DCP).

 

Viernes 14       

A las 16.30 horas 

Obsesión

(Ossessione; Italia, 1943)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Clara Calamai, Massimo Girotti, Juan de Landa.

(140’; DCP).

 

A las 20 horas 

Rocco y sus hermanos

(Rocco e i suoi fratelli; Italia/Francia, 1960)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Alain Delon, Annie Girardot, Renato Salvatori, Claudia Cardinale.

(177’; DCP).

 

Sábado 15     

A las 14 horas 

Obsesión

(Ossessione; Italia, 1943)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Clara Calamai, Massimo Girotti, Juan de Landa.

(140’; DCP).

 

A las 17.30 horas 

La tierra tiembla

(La terra trema; Italia, 1948)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Maria Micale, Sebastiano Valastro, Antonio Arcidiacono.

(160’; DCP).

 

A las 21 horas 

Bellissima

(Italia, 1951)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Anna Magnani, Walter Chiari, Alessandro Blasetti.

(108’; DCP).

 

Domingo 16   

A las 17.30 horas 

Grupo de familia

(Gruppo di famiglia in un interno; Italia/Francia, 1974)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Burt Lancaster, Helmut Berger, Silvana Mangano.

(121’; DCP).

 

A las 20.30 horas 

Muerte en Venecia

(Morte a Venezia; Italia/Francia, 1971)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Dirk Bogarde, Silvana Mangano, Björn Andrésen.

(130’; DM).

 

Jueves 27       

A las 20 horas 

El gatopardo

(Il gattopardo; Italia/Francia, 1963)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Burt Lancaster, Alain Delon, Claudia Cardinale.

(185’; DCP).

 

Sábado 29     

A las 16 horas 

Rocco y sus hermanos

(Rocco e i suoi fratelli; Italia/Francia, 1960)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Alain Delon, Annie Girardot, Renato Salvatori, Claudia Cardinale.

(177’; DCP).

 

A las 20 horas 

El gatopardo

(Il gattopardo; Italia/Francia, 1963)

Dirección: Luchino Visconti.

Con Burt Lancaster, Alain Delon, Claudia Cardinale.

(185’; DCP)

 

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