ENTREVISTA CON HERNÁN GENÉ

El perro y los huesos

Desde Madrid, el creador de El coloquio de las perras, el espectáculo que se estrena en el Cine Teatro El Plata, adelanta algunas de sus características y reflexiona sobre el oficio del artista

Mauro Bigonzetti es uno de los coreógrafos más reconocidos de Europa. Nació en Roma y su experiencia artística comenzó en el Teatro de la Ópera de su propia ciudad, donde estudió y trabajó desde 1972 hasta 1983. Al año siguiente, se incorporó a Aterballetto, compañía en la cual trabajó como bailarín durante diez años, hasta que tomó la decisión de dejarla para centrarse totalmente en la coreografía. En 1997 se le encomendó la Dirección Artística de ese mismo ballet, que condujo hasta 2007. Luego trabajó como coreógrafo autónomo y durante 2016 asumió la dirección del cuerpo de baile del Teatro alla Scala.

Las obras de Bigonzetti han sido representadas por las compañías de danza más importantes del mundo. Es el caso justamente de Cantata, coreografía creada en 2001 para el Ballet Gulbenkian de Lisboa y que recorrió a lo largo de los años muchas ciudades, donde fue interpretada por prestigiosos ballets. Ahora es el turno del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, que la estrenó con dos funciones en el Teatro Coliseo, para luego hacer temporada en la Sala Martín Coronado.  

En entrevista con este gran coreógrafo, minutos antes de su regreso a Italia y luego de las dos primeras funciones de Cantata, reveló cómo fue la experiencia de trabajar con los bailarines de la compañía del San Martín, así como ciertas claves de esta apasionante, sensual y enérgica coreografía, que en las funciones del Coliseo contó con música en vivo de Assurd. Este grupo de mujeres investiga y recupera desde hace casi 30 años las formas musicales tradicionales del sur de Italia.      

 

– ¿Cómo fue la experiencia de montar Cantata con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín?

– Inolvidable. La compañía me recibió como si me conociese de siempre. Fue una fusión de energía y de caracteres muy fuerte, muy emocionante. El Ballet Contemporáneo tiene una carga emotiva y humana que es verdaderamente única, y Cantata ha sido el aglutinante que lo unió a mí y a Roberto Zamorano, el asistente coreográfico. Esta cohesión se debe mucho al trabajo, porque se involucraron mucho y han sido muy generosos en ese sentido, y además a cómo son las personas que conforman la compañía. Me voy feliz por la experiencia desde el punto de vista profesional y humano, y esto es hermoso.

 

– ¿Cómo fue la recepción del público local?

– Fue maravillosa. Se sentía un calor, una atención durante la función, y al final una explosión de alegría, de energía, de ganas de cosas positivas. El espectáculo despierta una sensación de revancha especialmente después de dos años de sufrimiento, de pandemia, de encierro. Cantata es una bocanada de aire fresco para todos. La reacción del público fue fantástica y también inolvidable.

 

– Teniendo en cuenta que esta coreografía fue interpretada por tantas compañías de distintas nacionalidades, ¿qué es lo que distingue al Ballet del San Martín? ¿Incidió el vínculo estrecho que hay entre Italia y Argentina a la hora de encarar la obra?  

– Los chicos de la compañía la entendieron con toda naturalidad. No hubo que explicarles nada ni desarrollar mucho discurso intelectual. Inmediatamente absorbieron el estado de ánimo, el espíritu del espectáculo. Es que en el fondo hay tanta Italia en Argentina, se siente culturalmente en muchas personas, para las que no es complicado entrar en esta temática; lo llevan en la sangre. La cultura de Cantata es la del sur de Italia, donde la pasión es importantísima, y los bailarines lo tomaron como algo propio, como si ya fuesen parte de ese mundo. En Argentina se siente fuertemente el lazo con la cultura italiana, es inevitable.     

 

– ¿Cómo fue la investigación que se hizo respecto de la tradición musical y dancística del sur de Italia para Cantata

– La cultura popular de la música y la danza del sur de Italia se está perdiendo de a poco, y Cantata surge hace 21 años como una recuperación de esa tradición, que es fundamental. Tenemos a los grandes músicos, Puccini, Verdi, Rossini, pero la cultura musical popular también es muy importante en cuanto a su conservación. Desde el punto de vista coreográfico, hice una transposición. No trasladé directamente la danza folklórica, la he elaborado, la he filtrado; hubo un proceso de sedimentación de experiencias coreográficas mías llevadas a un ámbito popular. No es danza folklórica, es danza humana, ligada a su vez a la humanidad de la música. El grupo Assurd propone música popular, muy arcaica y visceral. Coreográficamente quise hacer algo en esa línea; es danza contemporánea, pero ligada a la tradición, con una raíz antigua. Y el resultado de la operación creo que es fructífero; no es un ballet clásico ni un ballet moderno; es tantas cosas a la vez: es danza, teatro, Commedia dell’Arte, tradición. 

 

– Hay una trascendencia antropológica de la coreografía; ese aspecto atávico y fundacional que genera una conexión con danzas de otras culturas… 

– Hay un juego entre la religión y lo profano; lo popular y lo sagrado van juntos. Hay sacralidad en Cantata, no explícita, hay rito, que es fundamental en la cultura popular del sur de Italia, ligada a la Iglesia Católica pero que luego con la danza y la música se convierte en otra cosa, más del orden de lo profano. En esa zona meridional de Italia siempre hay un borderline en el que se mueven lo sagrado y lo profano. La cultura popular es religiosa y profana a la vez; así los exorcismos como el de la tarantolata –un ritual ligado a la picadura de la tarántula, en el que se baila para exorcizar y sacar el veneno, del cual proviene la tarantella. La pizzica (“picadura”), un tipo de tarantella muy divertida y festiva, es uno de los géneros musicales que se cantan y se bailan en Cantata–. Y el juego entre esos dos aspectos existe también en la cultura maya, azteca, vikinga…

 

– Los bailarines cantan y también actúan en el espectáculo, que tiene un fuerte carácter dramático. Las escenas están construidas con mucha teatralidad. ¿Cómo surgió en particular el dúo cómico actuado por las chicas? 

– Nació como un juego. Siempre hacemos chistes con el grupo Assurd y apareció esta escena en los ensayos que fuimos elaborando, que también tiene que ver con el tema de la obra porque se habla de los olores del cuerpo, siempre en relación a la cultura popular. Pero sobre todo es irónica, como la coreografía, que es un poco irónica también. 

 

–¿Hay proyecto de volver a trabajar con el Ballet Contemporáneo próximamente?

– Fue una experiencia muy fuerte y sería un pecado perder la posibilidad de volver a trabajar juntos. No siempre sucede; ésta es una compañía muy especial, de nivel artístico altísimo y con integrantes muy versátiles, de mucha entrega, con ganas de atravesar diversas experiencias; se puede hacer de todo con ellos, no tienen límites. Sería una pena que la labor conjunta se terminara con Cantata, así que estamos pensando próximos proyectos con Andrea Chinetti y Diego Poblete, para un futuro no tan lejano.    

 

Victoria Eandi

 

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